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Como se dijo, luego de la captura de la escuadra de la Confederación por la flota anglofrancesa, ésta declaró el 18 de septiembre de 1845 un nuevo bloqueo a Buenos Aires. Los hechos que llevaron a esta decisión se desarrollaron de la siguiente manera: el 17 de junio Ouseley y Deffaudis enviaron una nota a Rosas exigiendo la suspensión de las hostilidades en la Banda Oriental. El 24 de junio renovaron su demanda, sin obtener respuesta, y el 8 de julio cada uno de los comisionados presentó otra nota exigiendo la evacuación del territorio oriental por las tropas argentinas y el retiro de la flota argentina del puerto de Montevideo. Rosas respondió entonces que previamente debía ser reconocido el bloqueo a Montevideo y aceptarse la mediación del representante norteamericano Brent. El 21 de julio Ouseley manifiestó que la insistencia de Arana en dichas exigencias, que habían sido consideradas inaceptables, mostraba el poco deseo de conciliación de Rosas. Decididos ya a la intervención, los comisionados otorgaron a Rosas un plazo de diez días para retirar sus fuerzas del ejército sitiador de Montevideo, solicitando sus pasaportes en caso de no cumplimiento de la medida. Estos les fueron entregados el 30. Una vez en Montevideo, los comisionados dirigieron una nota al gobierno porteño el 4 de agosto expresando que su misión tenía por objetivo resguardar la independencia de la República del Uruguay. Por otro lado, el mismo día de la presentación del ultimátum -21 de julio- se inició la captura de la escuadra de Brown, la que se terminó de realizar los primeros días de agosto. Como Rosas no respondió al ultimátum, los mediadores comunicaron el 18 de septiembre la declaración del bloqueo fluvial, extendido a los puertos ocupados por Oribe en el Uruguay. La toma de la escuadra fue considerada por el gobierno de Buenos Aires como la iniciación de hostilidades sin que mediara una previa declaración de guerra (1).
    A su vez, aprovechando la ausencia de la flota argentina, apoyado por las autoridades de Montevideo y previamente a la declaración del bloqueo por la diplomacia anglofrancesa, Garibaldi preparó una expedición de unos treinta barcos para dirigirse a Corrientes a fin de otorgar ayuda militar al general Paz y entablar contactos comerciales. Bombardeó y tomó Colonia (30 de agosto), ocupó la isla de Martín García (5 de septiembre), saqueó Gualeguaychú (19 de septiembre), y continuando hacia el norte por el río Uruguay atacó Fray Bentos, Bopicuá y Paysandú, donde encontró resistencia. Luego pasó a Concordia, donde fue rechazado, y por último atacó la ciudad de Salto.
    Al declarar el bloqueo, los representantes diplomáticos de Francia e Inglaterra invocaban los perjuicios que ocasionaba la guerra civil rioplatense en el comercio internacional, así como las pérdidas sufridas por los súbditos de sus respectivas nacionalidades residentes en el Río de la Plata. También objetaban la supuesta obligación de los residentes franceses de revistar en los ejércitos de la Confederación Argentina, y la presencia de las tropas rosistas en el ejército sitiador de Montevideo, comandado por el oriental Oribe. Finalmente, los enviados diplomáticos Ouseley y Deffaudis hicieron graves cargos al gobierno de Rosas sobre la falta de seguridad personal debida a la acción de la Mazorca. Pretendían además dar carácter de Estados nacionales soberanos a las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe (2).
    Esto último se halla confirmado en un memorándum de julio de 1845, en que Ouseley comunicaba a su gobierno las posibilidades que permitirían las medidas coercitivas: podía abrirse la navegación de los ríos hasta el Paraguay, posiblemente también hasta Bolivia, prestar ayuda al general Paz y fomentar la secesión de Corrientes y Entre Ríos de la Confederación (3). Luego los comisionados también convinieron en reconocer la independencia del Paraguay (4). Esta pretensión de dar carácter de Estados nacionales soberanos a las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, más allá de que se trata de una nueva manifestación del leit motiv de nuestro estudio, esto es, que la Argentina no era propiamente un Estado en el período tratado, constituía por parte de los diplomáticos británicos y franceses un desafío directo al poder rosista.
    Cabe señalar que no obstante la aprensión que Ouseley y Deffaudis sentían por el gobierno de Rosas, este sentimiento no era compartido por el resto del cuerpo diplomático extranjero residente en Buenos Aires -es decir, los representantes de Estados Unidos, Cerdeña, Brasil, Bolivia y Portugal. Estos representantes desmintieron a través de declaraciones públicas los graves cargos efectuados por Sir William Ouseley y el barón Deffaudis, señalando que sus respectivos súbditos eran respetados en sus personas y bienes, sin verse obligados a incorporarse a las tropas regulares ni a las milicias. Así, William Brent, representante de los Estados Unidos, desconoció el bloqueo anglofrancés, y el barón de Mareuil, encargado de negocios de Francia en la capital de la Confederación Argentina, intentó un arreglo pacífico entre los gobiernos de Buenos Aires y Montevideo, aceptado con variantes por las autoridades porteñas pero rechazado por las de Montevideo (5).
    Por su parte, los graves cargos efectuados por Ouseley y Deffaudis contra el gobierno de Rosas fueron considerados por la Sala de Representantes de la Provincia de Buenos Aires. Los debates sobre esta cuestión resultan sumamente ilustrativos respecto de la inequívoca adhesión de la Sala a la actitud adoptada por Rosas frente al bloqueo anglofrancés (6).
    También los residentes británicos y franceses en el Río de la Plata aportaron su grano de arena a la hora de oponerse al bloqueo: la abrumadora mayoría de ellos firmaron un memorial donde se pedía el cese del mismo (7).
    Por otra parte, a mediados de octubre una flotilla dirigida por el capitán inglés Charles Hotham estaba preparada para zarpar y navegar el río Paraná a los efectos de proteger una optimista caravana de más de 100 barcos mercantes que planeaban comerciar en Entre Ríos, Corrientes y Paraguay. La expedición zarpó el 17 de noviembre de 1845. Rosas ordenó al general Lucio Mansilla fortificar un recodo del Paraná y establecer allí varias baterías. En este lugar, denominado la Vuelta de Obligado, tuvo lugar el 20 de ese mes un combate en el que finalmente las fuerzas británicas y francesas se abrieron camino por la fuerza, luego de encontrar una decidida resistencia en una fila de barcos encadenados que intentó detener su paso. En este combate la comunidad británica de Buenos Aires peleó del lado de Rosas, contra los británicos y los franceses. Aunque las fuerzas anglofrancesas siguieron adelante, la operación fue un fracaso político y comercial; las ventas británicas fueron muy escasas y algunos barcos volvieron con su carga completa. Luego de alcanzar el Paraguay, la expedición inició el regreso, llegando a Montevideo el 14 de julio de 1846.

    

  1. R. O. Fraboschi, op. cit., pp. 190-191; Andrés M. Carretero, La Santa Federación, 1840-1850, Buenos Aires, La Bastilla, 1975, pp. 70-72. Hay errores de fechas en el texto de Carretero. La nota de los comisionados pidiendo sus pasaportes era de 21 de julio de 1845 y ese mismo día comenzó la captura de la escuadra de Brown, que se llevó a cabo entre el 21 de julio y los primeros días de agosto. El almirante Brown explicó el hecho en un informe del 9 de agosto. Los ataques de Garibaldi se produjeron a partir del 30 de agosto. El bloqueo anglofrancés al puerto de Buenos Aires y a los puertos bajo jurisdicción de Oribe fue declarado el 18 de septiembre de 1845.

  2. A. Carretero, op. cit., p. 72.

  3. J.F. Cady, op. cit., p. 168.

  4. Ibid., p. 171.

  5. A. Carretero, op. cit., p. 73; correspondencia con los Ministros de Inglaterra y Francia, Archivo Americano, Buenos Aires, 1846, en J.F. Cady, op. cit., p. 171. La gestión Mareuil en ibid., pp. 170-172.

  6. A. Carretero, op. cit., p. 73; V.D. Sierra, op. cit., t. IX, pp. 222-225.

  7. J.F. Cady, op. cit., p. 170. Por su parte, Reber señala que las protestas de los comerciantes británicos residentes en Buenos Aires respecto del bloqueo probablemente influyeron en el ánimo del jefe naval británico de retirar sus barcos de guerra el 15 de julio de 1847, contra las expresas instrucciones oficiales de Londres. Ver Vera Blinn Reber, op. cit., p. 211.

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