Mientras tanto, en medio de una intensa crisis política que conduciría a
la escisión del partido conservador y al surgimiento de los liberales (1), en Gran
Bretaña la opinión comercial comenzó a girar en contra de la mediación forzada de
Aberdeen. El comercio británico con Buenos Aires había sufrido un colapso catastrófico.
Además, surgió un nuevo tipo de protesta contra la política en el Río de la Plata. Una
delegación de hombres de negocios le presentó un memorial al Foreign Office alegando que
-tal como ya se mencionara- las personas que habían presionado por una intervención no
se encontraban vinculadas con el comercio del Río de la Plata sino con el de Río Grande
do Sul. Frente a estas presiones, la diplomacia británica comenzó a modificar su actitud
respecto del bloqueo. El 4 de marzo de 1846, Aberdeen ordenó el retiro de la escuadra de
Hotham del río Paraná. Por su parte, Guizot también dio la orden de retirada. En mayo
del mismo año, Aberdeen hizo saber a Ouseley que se había excedido en el cumplimiento de
las instrucciones del Foreign Office respecto de asegurar la pacificación en el Río de
la Plata.
En esos momentos aparece la figura de T.S. Hood, quien había sido
cónsul británico en Montevideo y que por sus buenas relaciones con Rosas y Oribe creía
poder lograr un acuerdo. El ministro inglés convenció a su colega francés de encomendar
a Hood la misión en representación de los dos países. Cuando Hood llegó a Montevideo
se encontró con una situación difícil. Había habido algunos roces entre los mediadores
y Rivera, que había vuelto a la ciudad, decidido a prescindir de los primeros y a llegar
a un acuerdo para una acción conjunta con Brasil y las provincias del Litoral. El 26 de
julio de 1846, Hood llegaba a Buenos Aires. El 28 de julio Rosas aceptaba las bases con
algunas modificaciones, el 11 de agosto daba su aprobación Oribe, también con
modificaciones, y el 27 del mismo mes aceptaba el gobierno de Montevideo. Hood debía
pasar las bases a los mediadores para que éstos redactaran el tratado. Pero entonces
surgió el problema pues el barón Deffaudis no aceptó la fecha fijada para levantar el
bloqueo ni la aprobación por el supuesto ministro del gobierno de Oribe. En realidad la
misión fracasó por la falta de aclaración en las instrucciones de Hood acerca de quién
debía ser reconocido como gobierno de la República Oriental. Rosas culpó a los
mediadores por no haber ordenado el levantamiento del bloqueo y pidió a Aberdeen el
relevo de Ouseley. El 11 de septiembre Hood comunicaba a Arana el rechazo de las bases por
los mediadores. Rosas respondió que era necesario que Inglaterra y Francia se pusieran de
acuerdo en las instrucciones a sus representantes (2).
Por su parte, la actitud de Aberdeen siguió evolucionando, y este
cambio se consolidó cuando Palmerston regresó al Foreign Office en julio de 1846 (3).
Este estaba convencido de que la política británica en el Río de la Plata había sido
un gran error de principio a fin. Los británicos y franceses ordenaron el regreso de sus
ministros Ouseley y Deffaudis. El almirante británico en el Río de la Plata también fue
reemplazado, y se ordenó neutralidad frente al conflicto uruguayo. Pero Palmerston
quería rescatar el tratado de 1825 y, si era posible, abrir los ríos a la libre
navegación y al comercio. Ordenó que las tropas británicas dejaran inmediatamente
Montevideo, pero no ordenó el levantamiento completo del bloqueo naval. Le dio
instrucciones a su enviado, lord Howden, ministro en el Brasil, de cooperar con el nuevo
enviado francés, conde Walewski, en la negociación con Rosas de un acuerdo que asegurara
la independencia del Uruguay. También los jefes navales fueron reemplazados: Le Prédour
reemplazó a Lainé y Herbert, amigo personal de Rosas, a Inglefield.
Ya a mediados de 1846 habían comenzado las tentativas de paz. No
obstante, el bloqueo de Buenos Aires se arrastró hasta 1848, pero bloqueados porteños,
bloqueadores europeos y sitiados montevideanos hallaron un ingenioso modus vivendi
que satisfizo a todos: pese al bloqueo, barcos ultramarinos podían llegar a Buenos Aires
previo paso y pago de derechos por Montevideo (4).
Los británicos tenían motivos ulteriores para no interrumpir el
bloqueo unilateralmente. Palmerston temía que los franceses aprovecharan la oportunidad
de establecer una colonia o una base en la región, así que aprobó las instrucciones de
Howden que autorizaban al comandante en el Río de la Plata a tomar Colonia en caso de que
los franceses ocuparan Montevideo. La continuación del bloqueo de Buenos Aires no era
solamente para alentar el libre comercio, sino también para contener a los franceses y
hacerles aceptar el acuerdo sobre la base del status quo anterior.
Por su parte, el conde Walewski y lord Howden llegaron a Buenos Aires
con un día de diferencia a mediados de mayo de 1847. El 14 presentaron a Rosas un
proyecto de convención general al que Arana hizo una serie observaciones en su
contrapropuesta. Los comisionados señalaron diversos problemas con ésta pero Arana en su
respuesta del 13 de junio insistió en todos los puntos, lo que fue interpretado como
síntoma de la predisposición de Rosas a obstaculizar todo acuerdo. El 29 de junio lord
Howden anunciaba la paralización de las negociaciones. La dificultad mayor era la
referida a la navegación de los ríos. Rosas argumentaba que la independencia del Uruguay
no era una cuestión europea, que el río Paraná se encontraba en territorio argentino, y
que aunque el río Uruguay era compartido por Uruguay y la Confederación Argentina, de
ninguna manera era una cuestión de europeos. Howden no aceptó estos argumentos pero su
comportamiento posterior fue equivalente a una aceptación. Una vez fracasadas también
sus tentativas con el gobierno de Montevideo, y pese a los deseos de Walewski, Howden dio
instrucciones a Herbert (15 de julio de 1847) para el levantamiento del bloqueo sobre la
base de que el mismo era dañino para el comercio y que en realidad no había nada que
valiese la pena defender en Montevieo. Luego de esto, ambos comisionados dispusieron su
regreso. Los franceses aún tentados por Montevideo continuaron manteniendo una pequeña
fuerza y apoyando a los políticos colorados (5).
Al conocerse en Francia la decisión de Howden, Guizot pidió
explicaciones. Palmerston respondió que el bloqueo había dejado de ser una medida de
coerción para transformarse en un medio de obtener recursos para el gobierno de
Montevideo, por lo que aconsejaba a su colega levantarlo. Guizot a pesar de sus
discrepancias expresó su deseo de ponerse de acuerdo sobre el tema, lo cual fue tomado
por Palmerston como base para un nuevo entendimiento. De éste resultó la siguiente
misión representada por Robert Gore y el barón Gros, que provocaría problemas al
ministerio de Guizot, por el abandono en que dejaba a los súbditos franceses en
Montevideo, y que puede considerarse como una de las causas de la caída de aquel (6).
En marzo de 1848 llegaban ambos representantes a Montevideo que se
encontraba en situación crítica. Las rentas de la Aduana se habían agotado, los
habitantes estaban cansados de la lucha, Florencio Varela había sido recientemente
asesinado y Garibaldi estaba a punto de embarcarse. El gobierno de Montevideo aceptó
inmediatamente las bases que se le propusieron pero en cambio Oribe demoró su respuesta
ante su obligación de consultar con Rosas. Este le ordenó romper toda negociación y
retirar toda propuesta de paz. La razón última era que Rosas no estaba dispuesto a dejar
el papel de árbitro de la situación, pero además las noticias sobre la revolución de
1848 en Europa le permitían pensar que los diplomáticos necesitarían nuevas
instrucciones. Gore también aprovechó la situación de falta de instrucciones de su
colega para dar por terminada la intervención inglesa (lo mismo que había hecho Howden)
y dejar a los franceses librados a sus propios medios. El barón Gros entonces otorgó al
gobierno de Montevideo un tratado de subsidios y pocos días después (16 de junio de
1848) ordenó el cese del bloqueo a Buenos Aires, dejando para la escuadra francesa la
misión de impedir las comunicaciones entre Oribe y la Confederación (7).
Por su parte, Rosas parecía empecinado en empeorar las relaciones.
Como respuesta a la misión encargada a la flota francesa, el gobernador prohibió la
comunicación entre los buques franceses e ingleses con los puertos de la costa argentina.
Se negó además en julio de 1848 a reconocer al cónsul británico y en septiembre
expulsó al representante de Cerdeña que había quedado a cargo de los asuntos
británicos y franceses. En Montevideo la situación era también muy seria pues al
retirar Le Prédour las fuerzas de Martín García, Colonia cayó en poder de Oribe y se
resintió la defensa de la capital. Por este motivo se produjo una emigración de
franceses hacia Buenos Aires. Un ministro del gobierno de Montevideo llegó a proponer un
protectorado anglofrancés por tiempo indeterminado. Palmerston respondió que la idea no
era viable y que no era conveniente que continuaran recibiendo subsidios de los franceses.
El gobierno de Montevideo buscaría entonces la alianza con las provincias del Litoral,
Paraguay y Brasil (8).
Inglaterra decidió el envío de una nueva misión en la persona de
Henry Southern. Este no recibió instrucciones puntuales, debiendo concentrarse en tratar
de obtener la remoción de las trabas al comercio y el arreglo de las cuestiones por
daños a los súbditos británicos, sin referirse al asunto de Montevideo. Llegó en
octubre de 1848 y fue bien recibido por Rosas porque había sido recomendado por
Mandeville. No obstante, Rosas no accedió a reconocerlo en su carácter de
plenipotenciario, pero el enviado hábilmente pasó por alto esto y algunas expresiones de
Rosas a la Sala. A través de la amistad con Manuelita y aprovechando el mal concepto que
Buenos Aires tenía de los franceses, Southern consiguió llegar a un principio de arreglo
con Arana a principios de 1849, cuyas bases eran similares a las rechazadas por la misión
Howden-Walewski. Luego que Oribe aprobara los artículos que le correspondían, Arana le
comunicó a Southern que podía enviar el tratado a Inglaterra para su ratificación (24
de abril). No obstante, la aprobación de éste se demoró porque Inglaterra quería que
la finalización de la intervención se hiciera simultáneamente con Francia (9).
Southern aceptó la mayoría de las posiciones de Rosas. Inglaterra se
desentendía de la responsabilidad de terminar con los problemas de Montevideo. Se
reconocía la soberanía argentina sobre los ríos. Rosas aceptó el retiro de sus fuerzas
del Uruguay sólo después que los franceses hubieran desarmado a los extranjeros,
evacuado el territorio y firmado un tratado de paz (10). El objetivo era impedir que los
franceses ganaran posiciones importantes en Uruguay, y evitar una guerra a través de su
combinación con Brasil, con Paraguay y con soldados uruguayos desplazados. Rosas fue
reconocido como un hombre no liberal que a pesar de todo garantizaba mejor el orden que
sus enemigos, y que en última instancia estaba mejor predispuesto que ellos a defender
los derechos de los extranjeros.
Mientras tanto, el gobierno de Buenos Aires ordenaba al ministro en
Londres, Manuel Moreno, llevar a cabo una reclamación por ciertos actos de Gran Bretaña
en la Patagonia y Magallanes. Pero además se instruyó al ministro para que ofreciera, a
los señores Baring y accionistas del empréstito, la posibilidad de comprar al gobierno
argentino el derecho exclusivo por 15 años sobre el guano de todas las islas
patagónicas, el salitre, yeso, metal y pesca de anfibios. La cantidad abonada iba a ser
colocada a cuenta del empréstito de 1824. También se ordenó
reiniciar los pagos mensuales de éste, suspendidos a raíz de la intervención (11).
Las medidas mencionadas provocaron muy buena impresión en Londres y a
fines de agosto fue aprobada la convención. Consecuentemente el 24 de noviembre de 1849
se firmaba en Buenos Aires el tratado Arana-Southern. Este fue ratificado inmediatamente
por la reina Victoria y por Rosas recién en mayo de 1850. En febrero de 1850, Gran
Bretaña evacuó la isla de Martín García, devolvió los buques de guerra porteños que
había tomado, restaurándolos a su condición original, y le rindió tributo a la bandera
de la Confederación Argentina en el río. En privado, Rosas acordó retirar sus fuerzas
del Uruguay tan pronto como los franceses desarmaran a los extranjeros que habían estado
luchando junto a las fuerzas coloradas.
A su vez, en enero de 1849 habían comenzado también las gestiones de
pacificación del jefe naval Le Prédour (12). A principios de abril éste llegó a un
acuerdo con Arana y Rosas que prometió someter a la consideración de su gobierno y que
era un éxito para la diplomacia de Rosas. El almirante se dispuso entonces a negociar una
convención similar con Oribe. Logrado esto, ambos proyectos fueron remitidos a Francia.
Mientras tanto, a fines de mayo de 1849 se acordaba en Montevideo un armisticio por 6
meses.
En Francia la consideración del tratado se demoró debido a la cerrada
oposición del sector belicista de la Cámara gala, apoyado por Thiers. Este sostenía que
no debía abandonarse Montevideo al poder de Rosas, e inclusive llegaba a solicitar la
adopción de acciones enérgicas contra el gobierno de Buenos Aires, argumentando que
Inglaterra había intentado deliberadamente destruir los intereses de Francia en el Río
de la Plata y que Rosas se había burlado de los franceses (13). Pero los partidarios de
la paz contaban con los informes enviados por Le Prédour que ponían énfasis en la
prosperidad que en esa época tenía Buenos Aires. Se suspendió entonces el tratamiento
de los tratados y se decidió mandar a Le Prédour un emisario con nuevas instrucciones.
Al mismo tiempo era reforzada la escuadra en previsión de acciones bélicas, lo que
provocó algunas dificultades al almirante (14).
No obstante las negociaciones se llevaron a cabo y superadas las
diferencias, y previa aprobación de Oribe, el 31 de agosto de 1850, se firmó en Buenos
Aires el tratado Arana-Le Prédour. A su vez, el 13 de septiembre se acordaba una
convención similar con Oribe. El tratado contenía una relativa moderación respecto de
las anteriores posiciones de Rosas. Se levantaba el bloqueo de los puertos orientales, se
devolvían recíprocamente los barcos tomados y la isla de Martín García; Francia
saludaría al pabellón argentino, se reconocía la navegación del río Paraná como
interior de la Confederación y la del río Uruguay como interior y a la vez común con el
Estado oriental. En la convención con Oribe se establecían iguales condiciones con las
diferencias propias de ese Estado. Los tratados fueron enviados a París pero nuevamente
su ratificación sufrió postergación, y ésta luego se hizo innecesaria al conocerse la
evolución de los acontecimientos en el Río de la Plata (15).
La división del partido conservador británico fue consecuencia del triunfo de la llamada "escuela de Manchester" integrada por industriales textiles en torno a la figura de Richard Cobden, uno de los exponentes más importantes del liberalismo económico. Esta escuela de Manchester difundió las ideas liberales de Adam Smith y David Ricardo y atacó las normas proteccionistas, vigentes por las Corn Laws y favorables a los terratenientes. Estas normas y aranceles proteccionistas habían sido defendidas hasta ese momento por el gabinete conservador que en política exterior había procurado la alianza con los sectores de Francia proclives al bloqueo contra el gobierno de Rosas.
R. O. Fraboschi, op. cit., pp. 194-196.
Muchas voces se expresaron contra el bloqueo y seguramente pesaron en el ánimo de la diplomacia británica de levantar la medida. Entre ellas se contaban los comerciantes ingleses residentes en el Río de la Plata, quienes se preguntaban qué papel jugaba Inglaterra adoptando una medida extrema que afectaba adversamente su comercio en el ámbito rioplatense. Ante los perjuicios causados por el bloqueo, estos sectores pedían la paz. Varios casos particulares ejemplifican esta tendencia. Thomas Duguid, uno de los hombres de negocios británicos más prominentes de Buenos Aires y con una experiencia de treinta años en el comercio del Río de la Plata, le comunicó personalmente a Aberdeen que "un bloqueo de la provincia de Buenos Aires no ejercerá efecto alguno en el poder de Rosas durante años". Pocos días después Aberdeen recibió una carta de un corresponsal de negocios llamado Dickson, quien a su vez había pedido consejo al general San Martín respecto del bloqueo anglofrancés. San Martín expresó al británico Dickson: "Según mi íntima convicción, desde ahora diré a usted, no lo conseguirán (Gran Bretaña y Francia); por el contrario, la marcha seguida hasta el día no hará otra cosa que prolongar por un tiempo indefinido los males que se tratan de evitar". Estos consejos en contra del bloqueo fueron fortalecidos por la difusión pública en Londres entre fines de 1845 y 1846 de un libro titulado Rosas y sus calumniadores y de un folleto que llevaba por título "An Appeal on behalf of the British subjects residing in and connected with the River Plate"; en este último se alegaba que los legítimos intereses de los comerciantes del Río de la Plata se estaban sacrificando escandalosamente para satisfacer la codicia de unos pocos especuladores que habían adquirido el derecho de recaudar los impuestos de aduana en Montevideo. Ver H.S. Ferns, op. cit., pp. 278-279; y J.L. Busaniche, op. cit., p. 81.
T. Halperín Donghi, Historia argentina..., op.cit., p. 384.
R. O. Fraboschi, op. cit., pp. 196-200.
Ibid., p. 200.
Ibid., pp. 200-203.
Ibid., p. 203; J.F. Cady, op. cit., pp. 256-257.
R.O. Fraboschi, op. cit., pp. 203-205.
J.F. Cady, op. cit., p. 260.
R.O. Fraboschi, op. cit., pp. 204-205. La deuda con la casa Baring Brothers permanecía atrasada desde 1828, razón por la cual aquélla había enviado un comisionado a Buenos Aires en 1842. Rosas ofreció a éste la cesión de las Malvinas a Inglaterra a cambio del empréstito y deudas vencidas, y ordenó la gestión del asunto a M. Moreno pero ésta no prosperó. (V. J. Lavalle Cobo, El nacionalismo de Rosas, Anuario de la Sociedad de Historia Argentina, vol. 2, 1940, pp. 628 y sigs., Buenos Aires, 1941.) La influencia que estos intereses tenían en las relaciones de Rosas con Inglaterra era considerable; de acuerdo a un informe del barón Deffaudis de julio de 1846, tres casas con intereses en el Plata estaban vinculadas con la causa de Rosas: Baring, Dickson y Nicolson-Grien (sic). Los últimos eran los banqueros particulares de Rosas y uno de los Dickson era cónsul de Buenos Aires en Londres. (Cit. por Jacques Duprey, Un fils de Napoléon 1er dans le Pays de la Plata, sous la dictadure de Juan Manuel de Rosas, Montevideo, 1937, p. 146.). Ambos autores citados en F.O. Fraboschi, op. cit., p. 205, nota 85.
En Montevideo causó alarma el viaje de Le Prédour a Buenos Aires y la indignación fue general cuando aquél regresó a tratar con Oribe. Por otra parte, Gelly señaló la duplicidad del gobierno francés, pues al mismo tiempo que se mandaban a Le Prédour sus instrucciones, en Francia se daban seguridades a Ellauri de que se iba a proceder con fuerza, y en Montevideo, el encargado de negocios decía que el almirante no tenía representación diplomática. Cartas de Gelly a su hijo y al presidente del Paraguay, Revista de la Biblioteca Nacional, nº 30; de Valentín Alsina a Félix Frías, ibid., nº 25; de Manuel Herrera a Andrés Lamas, Correspondencia del doctor Manuel Herrera y Obes, Buenos Aires, 1913, t. II, pp. 82-90, en R.O. Fraboschi, op. cit., p. 206.
J.F. Cady, op. cit., p. 268.
R.O. Fraboschi, op. cit., pp. 207-208. En efecto estos refuerzos llegaron al Río de la Plata en abril de 1850, en el momento que acababa de evitarse la ruptura con el Paraguay y Brasil. La Sala de Representantes había puesto a disposición de Rosas todos los recursos para reintegrar el Paraguay a la Confederación. J.F. Cady, op. cit., p. 273.
R.O. Fraboschi, op. cit., pp. 208-209.
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