Visite nuestra página principal

En lo político, las consecuencias más importantes del segundo bloqueo fueron:
    a) la pérdida de prestigio de Francia en los asuntos del Río de la Plata;
    b) la demostración de la ineficacia del bloqueo como instrumento de presión para asegurar los intereses de ambas potencias europeas en esta región, realidad que la diplomacia británica supo ver con antelación a la francesa;
    c) la afirmación de la autoridad de Rosas sobre el territorio de la Confederación Argentina;
    d) la permanencia de una situación inestable en la Banda Oriental caracterizada por la pugna Oribe-Rivera, que se saldaría recién con la caída del rosismo; y
    e) la emergencia, con el fracaso de la misión de Tomás Guido, de una clara amenaza al orden rosista de parte del Imperio de Brasil, una vez que a partir de 1845 éste pudo superar su guerra civil contra los republicanos de Río Grande do Sul. Por cierto, en diciembre de 1849, y apenas se tuvo conocimiento en Río de Janeiro de la firma del tratado Arana-Southern, el barón de Jacuhy invadió con fuerzas brasileñas el territorio uruguayo. Esta invasión se concretó con el acuerdo de los disidentes antirrosistas que defendían Montevideo, subsidiados por Francia. En febrero de 1850 Rosas protestó al Imperio de Brasil por la invasión, y en diciembre de dicho año Buenos Aires rompía relaciones con Río de Janeiro.
    Por su parte, Urquiza supo entrever que el talón de Aquiles del poder de Rosas era Brasil. Como veremos en un capítulo próximo, a través de la alianza con Brasil el otrora caudillo rosista de Entre Ríos pronto finiquitó un orden que por décadas triunfó sobre disidentes int2ernos y externos, demostrando una vez más en qué medida la Argentina distaba aún de ser un Estado consolidado.
    Por cierto, el análisis del tema del bloqueo anglofrancés muestra que la política interna e internacional del gobierno de Rosas fue una compleja yuxtaposición de guerra civil interna e intervenciones extranjeras. En esta conflictiva situación, donde resulta sumamente complicado distinguir -por la ausencia de un Estado nacional argentino- qué cuestiones corresponden a la política interna y cuáles a la política exterior, las facciones en pugna se alimentaban de la guerra. El orden rosista fue un orden sostenido por alianzas de facto con los caudillos provinciales, pero estas alianzas se nutrían con -y tenían su razón de ser en- el conflicto. Estas lealtades personales se presentaban en el discurso político como si se tratara de bandos homogéneos diferenciables e irreconciliables entre sí (la Santa Federación contra los Salvajes Unitarios). Sin embargo, eran todo lo contrario: se trataba de alianzas muy frágiles y cambiantes que respondían a intereses facciosos e incluso personales (1). Esta lucha estaba ocupando el vacío dejado por la desaparición y posterior fragmentación del virreinato del Río de la Plata. Es más: la inestable red de lealtades y enemistades personales que se conformaba -las que unían a Rosas con el uruguayo Oribe; a los emigrados unitarios con el uruguayo Rivera; a Rosas con Urquiza que luego lo abandonaría pactando con las fuerzas del Imperio de Brasil- estaba también ocupando, de manera imperfecta, la ausencia de un Estado nacional.
    En consecuencia, el examen de estas lealtades personales cambiantes revela que las mismas no pueden ser entendidas por el historiador o el lector común si se miran a través de la lente del conflicto de unitarios y federales tan tradicional en los textos escolares. Esta lente oscurece más que ilumina el análisis histórico. ¿Cómo logran comprenderse las disidencias al poder rosista por parte de los caudillos federales del Litoral, como, por ejemplo, Domingo Cullen o Juan Pablo López en Santa Fe? ¿Cómo se logra entender el fracaso de la revolución en Entre Ríos, proyectada por el caudillo oriental Rivera aliado con los emigrados antirrosistas residentes en Montevideo y el caudillo entrerriano López Jordán, fracaso debido a las desinteligencias personales entre Jordán, apoyado por dichos emigrados, y Rivera? ¿No eran acaso Jordán y Rivera antirrosistas (o adherentes a la causa unitaria en la jerga tradicional de los textos escolares)? ¿Cómo se comprende el Pronunciamiento de Urquiza contra Rosas y la alianza del caudillo entrerriano con el Imperio de Brasil para derrocar al hombre fuerte de la Confederación? ¿No son acaso Urquiza y Rosas federales en los términos escolares convencionales?
    La respuesta es que estas disidencias pueden comprenderse si se logra captar el carácter faccioso e incluso individualista que explica este proceso de rápida improvisación de alianzas que fácilmente se rompen. Alianzas frágiles y cambiantes que no se pueden entender si tomamos las categorías de unitario y federal como si fueran homogéneas. Además de este nivel de lucha facciosa o personal (definida en nuestro primer capítulo como "caudillo-céntrica"), existían diferencias regionales que deben tenerse en cuenta entre Buenos Aires, el Litoral y el Interior. En otras palabras: ser federal en Buenos Aires no implicaba lo mismo que serlo en el Interior o el Litoral. Federalismo en el Interior era sinónimo de proteccionismo. Federalismo en el Litoral implicaba librecambismo con libre navegación de los ríos interiores y ganancias de la Aduana compartidas entre las provincias litoraleñas y Buenos Aires. Por último, federalismo en Buenos Aires significaba como en el Litoral librecambismo, pero con la navegación de los ríos interiores y las divisas de la Aduana bajo control de la capital porteña.
    Estas diferencias regionales explican el respaldo inicial de las provincias litoraleñas a la intervención anglofrancesa contra el gobierno de Rosas. Pero Rosas logró poner de su lado a los caudillos provinciales federales disidentes, invocando pragmáticamente un vago pero no obstante vigente sentimiento de nacionalismo, resabio del pasado común de pertenencia de las provincias del Litoral, Interior y Buenos Aires al ex Virreinato del Río de la Plata y a una para-nacionalidad panhispanoamericana.
    Por último, y como prueba contundente de lo imprecisos y relativos que pueden llegar a ser los términos unitario y federal aplicados a esta etapa temprana de la historia argentina, vale citar las cartas que intercambiaron el caudillo de La Rioja Facundo Quiroga con Juan Manuel de Rosas. El 12 de enero de 1832, desde Tucumán Quiroga le dijo a Rosas: "Usted sabe, porque se lo he dicho varias veces, que yo no soy federal, soy unitario por convencimiento". Rosas contestó el 28 de febrero del mismo año que: "aun (...) siendo federal por último convencimiento me subordinaría a ser unitario, si el voto de los pueblos fuese por la unidad" (2). Claro testimonio del pragmatismo de dos personajes que vivieron en una época marcada por la intolerancia y las lealtades personales.
    Finalmente, el período estudiado se presta para reflexionar sobre la irrelevancia relativa de este no-Estado y esta no-nación que era la Confederación Argentina (y la región platense en general), para los intereses más vitales de una gran potencia como Gran Bretaña. Este hecho se refleja inmejorablemente en la cantidad extraordinaria de errores británicos acumulados en la política británica hacia Rosas. Hablamos, por supuesto, de errores en términos de los medios que los británicos eligieron para conseguir sus propios objetivos declarados. Sería gracioso contar la cantidad de errores que documenta Ferns. Este fenómeno probablemente no emerja tan sólo de la ineficiencia y de las limitaciones de aquellos tiempos en términos de las comunicaciones y el transporte, sino también del hecho de que en el Río de La Plata los intereses británicos eran de un valor lo suficientemente marginal como para reducir el costo de errar a casi nada. Semejante acumulación de errores probablemente no se hubiese cometido en la política británica hacia un país que se considerara relevante para los intereses británicos desde el punto de vista económico y estratégico.
    Esta cuestión conceptual queda clara cuando pensamos en lo que Harry Ferns nos dice en la página 278 de su obra:

(...) En Enero Louis Lucas entregó (al Foreign Office) en nombre de una delegación de hombres de negocios (británicos) una convincente refutación de todas las quejas anteriores. En el documento, Lucas alegaba que la gente que urgía a la intervención no estaba relacionada con el comercio del Río de la Plata. Cierto Sr. Holland, que había estado muy activo para obtener que, en interés de la paz Buenos Aires y Montevideo fueran bloqueadas, era, según Lucas, un hombre de negocios de Rio Grande do Sul y por lo tanto tenía mucho interés personal en ver cerrado el Río de la Plata.

Sería prácticamente imposible que un comerciante aventurero que representaba intereses marginales y periféricos fuera capaz de engañar al gobierno británico, induciéndolo a realizar una acción violenta y contraproducente para sus intereses dominantes, contra un Estado que fuera realmente relevante para sus intereses centrales. Es incluso improbable que -en el caso de la política hacia un Estado relevante- una operación de esta índole pudiera ser efectuada con éxito por intereses privados británicos mucho más importantes que los que representaba el señor Holland. Aunque la política es con frecuencia la expresión de intereses privados, intereses tan marginales como los representados por Holland raramente logran dictar la política de una gran potencia. Pero el caso de que se trata era en sí mismo tan marginal (en el contexto de la política exterior de alcance planetario del Imperio Británico de mediados del siglo XIX); el Río de la Plata era tan remoto y la política hacia el mismo tan poco relevante para los intereses vitales de ese Imperio, que pudo darse el caso de que intereses menores y marginales como los de los comerciantes británicos vinculados a Rio Grande do Sul generasen percepciones equívocas que dieran cabida a una política que en realidad era contraproducente para los intereses británicos en su conjunto. Pero el costo de errar para Gran Bretaña frente al Río de la Plata era muy bajo, y ésta es precisamente la razón por la que, temporariamente, intereses marginales fueron capaces de ejercitar su influencia sin control (3).
    Más allá de estas reflexiones, es importante destacar que con el fin del bloqueo las relaciones económicas entre Gran Bretaña y la embrionaria Argentina se intensificaron. En 1849 las exportaciones británicas a la Confederación alcanzaron un pico. La inmigración comenzó a fluir; y Rosas comenzó a hablar de progreso económico, lo que marcaba un cambio en su estado de ánimo e incluso quizás en la cultura popular. Pero como lo expresa Ferns, su misión ya había sido consumada. Las provincias argentinas se preparaban para una nueva era.

  1. Por "facción" designaremos a un grupo pequeño en términos de número, con un proyecto propio. En la situación de lucha facciosa, cada grupo o facción tiene capacidad para bloquear la iniciativa de los otros grupos o facciones, pero posee asimismo una incapacidad crónica de imponer su proyecto a través del consenso con estos otros grupos. Como resultado, se da una situación de equilibrio inestable, donde el grupo o facción que logra imponerse en un determinado momento es consciente de que esta dominación es precaria y está sujeta a una permanente disputa por parte de los otros grupos o facciones.

  2. Ibid., p. 94.

  3. Este fenómeno, que llamamos el "síndrome de la irrelevancia de la racionalidad en los procesos decisorios de las grandes potencias", aparecerá de nuevo en nuestras interpretaciones en capítulos posteriores de la historia de las relaciones exteriores de la Argentina. En el futuro, sin embargo, el país propenso a cometer muchos errores debido al bajo costo de equivocarse en su política hacia la Argentina no fue Gran Bretaña sino los Estados Unidos. En efecto, sólo unas pocas décadas después de los episodios aquí descriptos, la Argentina se convertiría en una país acaso demasiado relevante para los intereses británicos.

Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "Búsqueda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.

Ir a página anterior Home Ir a página siguiente

© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.