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Entretelones de la oposición de Corrientes al orden rosista durante la década de 1830    

Entre las provincias del Litoral, Corrientes demostró una continua reticencia a aceptar el control de la Aduana y los ríos interiores por parte de Buenos Aires. La sordera de los gobiernos porteños a los reclamos económicos de los correntinos llevó a éstos a buscar como aliados a otros actores perjudicados por la política económica de Buenos Aires: Entre Ríos, el Estado Oriental y Paraguay. Como señala Beatriz Bosch, Corrientes,

celosa de su autonomía y decidida en época temprana por el federalismo encabezaba, sin embargo, todos los pronunciamientos de la época. En realidad, no lo eran contra la persona del Dictador, sino contra la política de absorción económica por él representada. Desde los ya lejanos días de la firma del Pacto Federal preocupaban a sus gobernantes los problemas de orden económico. Una exposición rigurosa de ellos hecha por don Pedro Ferré en 1832 había provocado fuertes diatribas en Buenos Aires. Proteccionismo o librecambismo eran los términos de la disputa. Más tarde el acento se traslada sobre la libre navegación de los ríos interiores, al establecerse el bloqueo del Río de la Plata por las fuerzas anglofrancesas. Asunto de vida o muerte para la provincia oprimida entre sus ríos paralizados, le allegaría aliados naturales en su protesta en regiones con análogos intereses: el Paraguay y Entre Ríos, cuyos puertos permanecían cerrados al comercio exterior (1).

La oposición de los intereses de Buenos Aires y Corrientes quedó claramente planteada en las discusiones previas a la firma del Pacto Federal. La primera reunión, realizada en Santa Fe el 20 de julio de 1830, contó con la presencia de los diputados Domingo Cullen por Santa Fe, Diego Miranda por Entre Ríos, Pedro Ferré por Corrientes y José María Roxas y Patrón por Buenos Aires. En ella se convino en confiar a Roxas y Patrón y a Ferré la redacción de un proyecto de tratado. Ferré planteó tres puntos:

1º- Que debía permanecer la representación de las provincias ligadas, hasta tanto se organizase la nación, con atribuciones determinadas;
2º- Que esa misma representación debía hacer lo imposible para conseguir la organización general del país;
3º- Que la misma representación arreglase el comercio extranjero y la navegación de los ríos Paraná y Uruguay (2).

Roxas y Patrón se opuso, alegando carecer de poder para tratar esas cuestiones. Ferré le respondió que eran puntos esenciales que no podían ser soslayados. El 24 de julio el diputado por Buenos Aires presentó su proyecto de tratado. En un memorándum explicativo Roxas y Patrón admitía que los consumidores de las provincias pagaban en la aduana de Buenos Aires el valor de lo que consumían y los derechos de exportación de frutos del país, pero señalaba que también era un hecho que Buenos Aires pagaba la deuda nacional, mantenía la seguridad en las costas y vigilancia del río, agentes y cónsules en países extranjeros, atendía las relaciones exteriores, y respondía a los perjuicios causados en la guerra a los neutrales por los corsarios de la República. Pedró Ferré contestó con otro memorándum, señalando que el comercio de la República estaba cimentado sobre dos puntos: la libre concurrencia a toda industria y la exclusividad del puerto de Buenos Aires para el comercio de importación y exportación. Consideraba a la libre concurrencia una fatalidad. Proponía prohibir la importación de algunos artículos que producía el país y habilitar otro u otros puertos además del de Buenos Aires. En su proyecto Ferré postulaba que la comisión de diputados de todas las provincias que Roxas y Patrón había incluido en su proyecto tuviera entre sus atribuciones hacer la paz y declarar la guerra, levantar ejércitos, determinar los fondos para sostener a éstos e invitar a todas las provincias a un congreso general que las organizara y constituyera. Mientras no llegara ese momento, la comisión arreglaría el comercio exterior, establecería la navegación de los ríos Paraná y Uruguay y promovería el desarrollo industrial. Roxas y Patrón permaneció inflexible y Ferré optó por retirarse de las negociaciones (3).
    Nuevas instrucciones enviadas por Rosas a Roxas y Patrón, aceptando la constitución de una comisión compuesta por un diputado por cada una de las provincias litorales, llevó al gobernador Estanislao López a comunicar a sus colegas de Entre Ríos y Corrientes que destacaran sus representantes para continuar la labor. Finalmente los representantes de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos lograron ponerse de acuerdo y firmaron el 4 de enero de 1831 el Pacto Federal. Corrientes adhirió al tratado más tarde, incorporando su diputado el 19 de agosto de 1831 a la Comisión Representativa de los gobiernos de las provincias litorales creada por el Pacto y establecida en Santa Fe.
    El choque de opiniones entre Corrientes y Buenos Aires se reinició en el seno de la Comisión Representativa con la propuesta del diputado por Santa Fe Manuel Leiva, convocando a los diputados provinciales a la reunión del Congreso General Federativo establecido en el inciso 5º, artículo 16º del Pacto. Reflejando directivas de Ferré, Leiva presentó esta moción, que generó un debate aprovechado por el representante de Buenos Aires, Roxas y Patrón, para modificar la idea anterior de reunión de un Congreso General y reemplazarla por la exigencia de adhesión de las provincias al Pacto Federal. En respuesta a la actitud del representante de Buenos Aires, Ferré comunicó a Leiva que debía presentar a la Comisión un proyecto de declaración por el cual se consideraba que Buenos Aires había roto el Pacto Federal. Siguiendo las directivas del gobernador correntino, Leiva envió notas a las provincias donde solicitaba la reunión del Congreso para discutir la futura organización del país.
    Estas cartas enviadas por Leiva hicieron estallar el encono latente entre el gobierno de Buenos Aires y el de Corrientes, y tuvieron mucho que ver con la disolución de la reunión convocada en Santa Fe. El contenido de las mismas, respaldado por el gobernador Ferré y el diputado cordobés Juan Marín, fue denunciado por el gobernador de La Rioja y en ese momento aliado de Rosas, Juan Facundo Quiroga, quien consideraba las cartas enviadas por Leiva como ofensivas al gobierno de Buenos Aires, a quien se hacía aparecer como absorbiendo las rentas de la Confederación como si fuesen de su exclusivo patrimonio. No obstante, Leiva envió el 13 de abril de 1832 una circular a los gobiernos de las provincias del Interior acusando nuevamente a Buenos Aires de "provincia arbitraria del tesoro nacional".
    Rosas, enterado de las cartas enviadas por Leiva gracias a la denuncia pública de su aliado Quiroga, pidió justicia por los agravios cometidos por el representante correntino. A su vez, Ferré le contestó al jefe de la Confederación Argentina que no consideraba agraviante el contenido de las cartas. Finalmente, Rosas retiró a su diputado definitivamente de la Comisión Representativa de Santa Fe, la que fue disuelta el 13 de julio de 1832.
    Además de los ejemplos anteriores de resistencia del gobierno correntino hacia el poder rosista, vale citar otros dos que tuvieron lugar durante 1838: el levantamiento del gobernador Genaro Berón de Astrada y la firma de un Tratado de alianza ofensiva y defensiva contra Rosas entre los gobiernos de Corrientes y Uruguay.
    Berón de Astrada había asumido como gobernador interino de la provincia de Corrientes el 12 de diciembre de 1837 y si bien no mostró al principio de su gestión síntomas de hostilidad hacia Buenos Aires, Rosas no confiaba en él. Movido por este sentimiento de desconfianza, el encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina dispuso sobre Corrientes una estricta vigilancia militar por parte de las fuerzas del gobernador de Entre Ríos, el santafesino Pascual Echagüe. A la vez, Rosas delegó en Echagüe la misión de preparar y apoyar con las armas un cambio político en esta conflictiva provincia.
    Esta vigilancia de Echagüe sobre el territorio correntino alarmó tanto al gobierno de Berón de Astrada como al del santafesino Domingo Cullen, recelosos de su autonomía frente a Buenos Aires. Cullen, quien había asumido como gobernador de Santa Fe a la muerte de Estanislao López, planeaba una acción conjunta con las provincias de Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y Córdoba para presionar a Rosas a cambiar su política económica o resistirla. Y para llevar a cabo sus propósitos, el gobernador santafesino buscó la alianza del correntino enviando como contacto a Manuel Leiva con el fin de resistir eventuales ataques de las fuerzas de Rosas o Echagüe.
    Paralelamente, el presidente oriental Rivera y los agentes consulares franceses residentes en Montevideo, una vez obtenida la alianza con el gobernador Berón de Astrada, decidieron aprovechar la caótica situación del Interior de la Confederación Argentina luego del asesinato del gobernador rosista de Tucumán Alejandro Heredia. El anuncio del envío de efectivos militares por parte de Rivera fue realizado a través del agente confidencial francés Juan Pablo Duboué y tuvo eco favorable en los gobernadores de Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja, Juan Felipe Ibarra, José Cubas y Tomás Brizuela, respectivamente. Estos mandatarios, disconformes con la política económica de Buenos Aires, se convencieron de la inminencia de la caída de Rosas y aceptaron las promesas de Rivera.
    Pero Rosas y Echagüe se enteraron del plan de Cullen al interceptar la correspondencia entre éste y Berón de Astrada, y decidieron revertir el juego de fuerzas en el Litoral apoyando una revolución en Santa Fe, encabezada por Juan Pablo López, hombre leal en ese momento al bando rosista. Con este cambio en la política santafesina parecía que por lo menos una de las provincias litoraleñas dejaría de ser causa de dolores de cabeza para Rosas. Pero con el tiempo Juan Pablo López también abrazaría la causa antirrosista.
    Sin el apoyo santafesino y decidido a resistir los designios de Buenos Aires, a mediados de 1838 el gobierno de Berón de Astrada preparó con recursos de la provincia un ejército de 5.000 hombres, llamado el "primer Ejército Libertador contra la tiranía" de Rosas. Pero el gobernador correntino era consciente de la necesidad de apoyo material y miró hacia el otro lado del Río de la Plata. Los contactos entre el jefe de las tropas correntinas, coronel Manuel Olazábal, y la Comisión Argentina de Montevideo -formada justamente a fines de noviembre de ese año con elementos antirrosistas provenientes de la Confederación Argentina-, tuvieron como fruto el Tratado de alianza ofensiva y defensiva entre el gobierno de Corrientes y el de la República del Uruguay, cuya finalidad expresa era "remover del mando de la Provincia de Buenos Aires y de todos los negocios políticos de la Confederación Argentina, la persona de don Juan Manuel de Rosas". Cabe agregar que en la gestación de este tratado también participó el cónsul francés en Montevideo, Buchet de Martigny. Este tratado correntino-uruguayo contra Rosas fue finalmente firmado el 31 de diciembre de 1838 por los representantes de ambos gobiernos, el citado coronel Manuel Olazábal y el ministro del gobierno de Rivera, Santiago Vázquez.
    En el artículo 1º de esta alianza se establecía que la misma era específicamente "contra Don Juan Manuel de Rosas"; en su artículo 2º se aclaraba que dicha alianza no estaba dirigida "contra la Confederación Argentina, ni contra ninguna de sus provincias" y se agregaba que "las partes contratantes promoverán por cuantos medios estén a su alcance, el traer a las demás provincias a formar parte de esta alianza y solicitarán la cooperación y ayuda de todos los argentinos". El artículo 5º mostraba claramente el tinte antirrosista de la alianza: "Siendo el objeto de esta alianza, el que antes fue expresado, las partes contratantes convienen expresa y solemnemente en no disolverla ni hacer la paz con don Juan Manuel de Rosas por motivo ni pretexto alguno, bien sea reunidas o cada una de por sí, hasta haber logrado en un todo el descenso del mando de aquel, y su completa desaparición de los negocios políticos (...)". Finalmente el artículo 7º instaba a los representantes correntinos de la alianza a "negociar con S.M. el Rey de los Franceses, la cesación del bloqueo para la provincia de Corrientes y el libre paso de su bandera cuando no toque en otros puertos bloqueados" (4).
    Semejante acuerdo no podía formalizarse sin el comienzo de las hostilidades entre Rosas y Corrientes. En efecto, ante la inminente invasión de las fuerzas entrerrianas comandadas por el gobernador rosista Pascual Echagüe y la declaración de guerra del gobierno de Rivera a Rosas del 24 de febrero de 1839 -influida por la presión del grupo de exiliados antirrosistas de la Comisión Argentina-, el gobernador correntino Genaro Berón de Astrada declaró por primera vez la guerra a Rosas a través de un manifiesto oficial que salió a la luz dos días después del proclamado por Rivera.
    No obstante la confianza inicial de Berón de Astrada en el apoyo material de Rivera, ni éste ni la Comisión Argentina en Montevideo asistieron al gobernador correntino, quien quedó solo frente a los ejércitos rosistas. El 31 de marzo de 1839 las fuerzas entrerrianas al mando de Pascual Echagüe, Justo José de Urquiza y el oriental Servando Gómez obtuvieron la victoria de Pago Largo, que terminó con la vida de Berón de Astrada. Entonado por su victoria sobre las fuerzas correntinas, Echagüe invadió territorio oriental con el propósito de derrocar al presidente Rivera, pero sus propósitos fueron abortados por las fuerzas riveristas en la batalla de Cagancha (29 de diciembre de 1839). Ante esta derrota, las fuerzas entrerrianas se retiraron a su provincia.

  1. Ver Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Publicaciones del Instituto de Investigaciones Históricas, Número C, Beatriz Bosch, Los tratados de Alcaraz, Buenos Aires, Imprenta de la Universidad, 1955, p. 6.

  2. Vicente D. Sierra, Historia de la Argentina, tomo VIII, Buenos Aires, Ed. Científica Argentina, 1974, p. 169.

  3. Ibid., pp. 169-171.

  4. Texto del Tratado con la República del Uruguay de alianza ofensiva y defensiva contra Don Juan Manuel de Rosas y su gobierno, y para hacer cesar el bloqueo francés respecto de la provincia de Corrientes, citado en Hernán F. Gómez, Historia de la provincia de Corrientes. Desde el Tratado del Cuadrilátero a Pago Largo, Corrientes, Imprenta del Estado, 1929, pp. 298-299.

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