Los obstáculos entre Río de Janeiro y
Buenos Aires
Pero como sabemos, la cuestión de los farrapos estuvo lejos de ser la única
fuente de tensiones entre el Brasil de Pedro II y la Confederación rosista. Durante el
segundo mandato de Rosas la irresuelta "cuestión oriental" ejerció un impacto
negativo en las relaciones entre los gobiernos de la Confederación y del Brasil, a tal
punto que éstos se vieron nuevamente enfrentados en una guerra en 1851. Por cuestión
oriental se define la que tenía por ámbito la Banda Oriental y que incluía como actores
interesados al gobierno del Uruguay, al Estado de Rio Grande do Sul, y al Imperio del
Brasil, más las complicaciones de los gobiernos de Juan Manuel de Rosas y Manuel Oribe
con los gobiernos de Francia e Inglaterra, que apoyaban a los elementos antirrosistas
residentes en la ciudad de Montevideo y al caudillo oriental Fructuoso Rivera.
Aunque el Tratado de Paz de 1828 había creado un tercer Estado, la
República Oriental del Uruguay, con el fin de asegurar la paz eliminando la puja entre la
Confederación Argentina y el Imperio del Brasil por el dominio del escenario rioplatense,
dicha creación de un Estado nominalmente independiente no frenó las apetencias
brasileñas ni las de Buenos Aires, que se expresarían en las luchas internas entre los
caudillos orientales Manuel Oribe y Fructuoso Rivera. Además, y lo que es más
importante, no era fácil dictaminar por tratado que las que durante siglos habían sido
provincias de un mismo orden interno (Buenos Aires y la Banda Oriental), con alianzas
políticas que se entecruzaban haciendo caso omiso de las fronteras, pasaran a estar
divididas por un límite inter-"nacional", sin injerencias de la política de
una margen del Plata sobre la política de la otra margen.
Casi al mismo tiempo de llegar Rosas por segunda vez al poder (1835),
se iniciaba en Montevideo el gobierno de Manuel Oribe. Distanciado de su antecesor
Fructuoso Rivera, el nuevo presidente oriental se alió con su compatriota Lavalleja y con
Rosas. Esta circunstancia de la política uruguaya no era irrelevante para el Brasil si se
tiene en cuenta que a su vez Lavalleja tenía vinculaciones muy amistosas con Bento
Gonçalves, líder del movimiento separatista de los farrapos que entre 1835 y 1843
desafió a la corte de Río de Janeiro. Siguiendo la lógica de estas alianzas, el
gobierno brasileño miraría a los amigos de Lavalleja, Oribe y Rosas, como a enemigos.
Pero Oribe no sólo era un enemigo para el Brasil por sus vinculaciones con Lavalleja y
los farrapos de Rio Grande sino también porque el triunfo de Oribe en Uruguay
implicaba un fortalecimiento de Rosas que haría peligrar las pretensiones territoriales
brasileñas sobre las Misiones Orientales y detendría su expansionismo hacia Bolivia.
Otro obstáculo que agravó las tensiones entre el Brasil y la
Confederación fueron los arreos y depredaciones de los riograndenses en la campaña
uruguaya, despojando a hacendados orientales de cabezas de ganado, esclavos y dinero.
Estas expediciones de saqueo, conocidas con el nombre de "californias" en
referencia a las carreras por la conquista del oro producidas en el oeste de los Estados
Unidos, constituían un lucrativo negocio y contaron con la colaboración de elementos
antirrosistas, especialmente correntinos -el caso de los hermanos Madariaga-. Este sistema
de arreos era conducido por el coronel Francisco de Abreu, barón de Jacuhy, popularmente
conocido con los apodos de "Muringue" y "Chico Pedro". Durante 1849
aumentaron los arreos de Jacuhy y se fue incrementando el bandidaje de pandillas de
salteadores riograndenses en territorio oriental. Como era de suponer, estos excesos de
los riograndenses en la campaña oriental contaron con la reprobación del presidente
Oribe y, por supuesto, de su aliado Rosas, quienes hicieron responsable de estos desmanes
a la cancillería de Río de Janeiro.
En síntesis, la Banda Oriental continuaba siendo la manzana de la
discordia entre Buenos Aires y Río de Janeiro y, como se ha visto, esta disputa provenía
de los lejanos tiempos de la colonia. Portugal, y luego el Imperio del Brasil, habían
tenido siempre deseos de expandir su influencia en el área rioplatense a expensas primero
del Virreinato del Río de la Plata y luego de Buenos Aires. La disputa con Buenos Aires
en torno de la Banda Oriental constituyó una constante dentro de esta política
lusitano-brasileña. El Tratado de Paz de 1828 establecía como límites del nuevo Estado
a los de la antigua provincia de Montevideo. Sobre la margen oriental del río Uruguay, al
norte de dicha provincia, se extendían las Misiones Orientales, territorio apetecido por
las autoridades brasileñas.
Otros obstáculos entre la Confederación Argentina y el Imperio fueron
el deseo de éste de internacionalizar el río Paraná y de consolidar la independencia
del Paraguay, con el objeto de destruir una eventual hegemonía rosista en la Cuenca del
Plata. Además, la libre navegación del Paraná constituía un imperativo para el
desarrollo de la economía de los Estados de Mato Grosso y Santa Catarina. Al fomentar la
independencia de Entre Ríos y Corrientes, la diplomacia brasileña intentaba matar dos
pájaros de un tiro: la internacionalización del Paraná y la secesión de dos provincias
litorales vitales para la Confederación rosista tanto desde el punto de vista económico
como militar.
Por su parte, la consolidación de la independencia del Paraguay era un
objetivo de la diplomacia brasileña que apuntaba no sólo a debilitar la presencia de
Rosas en la Cuenca del Plata sino también a suprimir la cuña que, para la visión
geopolítica de la corte del Brasil, hubiera significado la eventual reincorporación del
Paraguay como provincia de la Confederación.
Los obstáculos limítrofes, geográficos y económicos entre el
gobierno de Rosas y el del Brasil estaban alimentados por percepciones geopolíticas.
Durante el período rosista, un objetivo permanente de la corte del Brasil era impedir por
todos los medios posibles la reedición del antiguo Virreinato del Río de la Plata por
parte de Rosas. En este sentido, el sentimiento "americanista" del que hacía
gala Rosas en sus comunicaciones con otros gobiernos de países vecinos resultaba un
peligro para el Brasil.
Otro tipo de percepción, particularmente poderosa dentro de los
sectores conservadores de Brasil, derivaba de la simpatía que el bajo pueblo brasileño
sentía por el populismo rosista, visto en términos de una amenaza "socialista"
que podía disolver el sistema esclavista sobre el que se sostenía el Imperio brasileño.
Movido por estas percepciones el gobierno del Brasil intentó debilitar
la influencia rosista dentro y fuera de la Confederación Argentina, alentando la
disidencia de las provincias de Corrientes y Entre Ríos, la de la República del
Paraguay, e incluso financiando con tropas y dinero a los elementos antirrosistas
residentes en Montevideo.
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