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Las misiones de Tomás Guido y del vizconde de Abrantes    

Como se ha dicho, la situación de tirantez que caracterizó a las relaciones entre Buenos Aires y Río de Janeiro fue in crescendo hasta llegar al enfrentamiento bélico. No obstante, existió un intento de acercamiento que el propio Rosas desbarató: la misión de Tomás Guido en Brasil, ya mencionada en un capítulo anterior. Por cierto, el 27 de junio de 1841 Guido fue nombrado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario para representar a la Confederación Argentina en la coronación de Pedro II como emperador de Brasil (1).
    El enviado de Rosas llegó a Río de Janeiro el 12 de julio de 1841. Pero su misión no se limitó a una cuestión protocolar, sino que Guido intentó buscar una salida a la crítica cuestión oriental, agravada por la caída de Oribe y su reemplazo en el gobierno de Montevideo por Rivera gracias a la ayuda de los franceses. Para evitar roces con la diplomacia brasileña, Guido no tomó partido a favor o en contra de los farrapos y volcó todo el esfuerzo de su gestión en separar al Brasil de Rivera. El resultado más importante de las negociaciones del enviado de Rosas fue la firma de un tratado el 24 de marzo de 1843 que establecía una alianza defensiva y ofensiva entre el emperador y Rosas, contra Rivera y los republicanos de Rio Grande. El Imperio se comprometía, con el auxilio de las fuerzas de Buenos Aires, a mantener el bloqueo sobre Montevideo y otros puertos orientales que estuviesen dominados por Rivera. El encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina debía aportar los víveres, armas y fondos necesarios para mantener el bloqueo; los brasileños pagarían estos fondos. En contrapartida, Rosas suministraría los caballos que fuesen necesarios al ejército imperial que operaría en Rio Grande.
    Como se ha dicho, las gestiones de Guido fueron desautorizadas por el propio Rosas, quien alegó que ningún tratado de este tipo podía ser aprobado sin el consentimiento de Manuel Oribe, que era para Rosas el legítimo presidente de los orientales aunque hubiese sido desplazado de la presidencia por Rivera a partir de 1839. Paradójicamente, ocho años después, en 1851, un tratado parecido al gestionado por Guido se firmaría entre las autoridades brasileñas y el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, pero en contra de Rosas.
    Tras el fracaso de las gestiones de Guido, las relaciones entre el Brasil y la Confederación Argentina fueron empeorando progresivamente. El primero comenzó por declararse neutral en la guerra entre Rosas-Oribe y el gobierno de Rivera. Luego, en septiembre de 1843, el ministro brasileño en Montevideo, Cansançao de Sinimbú, dio órdenes al jefe de la escuadra brasileña para que no reconociese el bloqueo decretado por Rosas a Montevideo y Maldonado, que perjudicaba al Brasil como país oferente de víveres a la capital oriental. A su vez, el ministro brasileño en Buenos Aires, Duarte da Ponte Ribeiro, desaprobó la conducta de Sinimbú, actitud que llevó al ministro de relaciones exteriores de la Confederación, Felipe Arana, a creer equivocadamente que Duarte se constituía en intérprete ante su gobierno de las protestas de la Confederación y censuró a Sinimbú ante la Legación del Brasil en Buenos Aires. No obstante las expectativas de Arana, finalmente Duarte apoyó a Sinimbú y cuestionó en su nota del 25 de septiembre los derechos del gobierno de Rosas para declarar el bloqueo de Montevideo (2).
    Claro síntoma del empeoramiento de las relaciones entre Buenos Aires y Río de Janeiro fueron los numerosos ejemplos de complicidad de las autoridades brasileñas con elementos antirrosistas. Así, por ejemplo, el 16 de enero de 1844, el ministro Guido solicitó informes acerca de las razones por las cuales no se había desarmado una columna dependiente de las fuerzas de Rivera, liderada por Fortunato Silva, que se había refugiado en la provincia de Rio Grande do San Pedro. El ministro de relaciones exteriores brasileño contestó el 25 de dicho mes y año que no tenía conocimientos del suceso. El 7 de marzo Guido volvió a la carga denunciando la cooperación que le habían prestado a Silva en Rio Grande, y que Juan Pablo López, otro antirrosista, había residido en Rio Grande y conseguido allí pasaporte para Corrientes, adonde se había trasladado. Guido no obtuvo respuesta de las autoridades brasileñas.
    Otro ejemplo cabal de la hostil actitud brasileña hacia el gobierno de la Confederación Argentina fue la misión del vizconde de Abrantes ante los gobiernos francés y británico, reforzando las gestiones del emigrado antirrosista y enviado del gobierno de Montevideo, Florencio Varela, que tenía instrucciones de pedir la intervención anglofrancesa en la guerra oriental.
    Miguel Calmón du Pin de Almeida, vizconde de Abrantes, partió de Río de Janeiro rumbo a Europa en agosto de 1844 con el objetivo aparente de resolver cuestiones comerciales pendientes con Inglaterra, pero con el fin esencial de asegurarse la ayuda del gobierno británico en la política brasileña contra Rosas. Abrantes sugirió a lord Aberdeen la posibilidad de una intervención conjunta del Imperio y Gran Bretaña en contra del jefe de la Confederación, idea bien acogida inicialmente en Londres. No obstante, la misión Abrantes fracasó pues el gobierno de Inglaterra estaba más interesado en solucionar la renovación de los tratados de comercio y antiesclavista con Brasil. Por lo tanto, Londres prefirió la opción de llegar a un entendimiento directo con Rosas, excluyendo al Brasil de esas tratativas.
    Desalentado por la posición de Aberdeen, el vizconde de Abrantes pasó a París y se entrevistó con el primer ministro Guizot en diciembre de 1844. Pero en París Abrantes chocó con la resistencia del ministro de guerra, barón de Mackau, y otros miembros de la diplomacia francesa, que le hicieron saber al representante brasileño que el gobierno francés no intervendría en Buenos Aires. En definitiva, si bien como sabemos los gobiernos de Francia e Inglaterra intervinieron en los asuntos rioplatenses a partir de 1845, no lo hicieron ni en los términos deseados por Florencio Varela (que buscaba el derrocamiento de Rosas) ni en los buscados por Abrantes (que servía a los intereses económicos y políticos de Brasil).

  1. Enrique M. Barba, "Las relaciones exteriores con los países americanos", Academia Nacional de la Historia, Ricardo Levene (comp.), Historia de la Nación Argentina (desde los orígenes hasta su organización definitiva en 1862), vol. VII, 2ª secc., Buenos Aires, El Ateneo, 1951, pp. 250-256.

  2. Ibid., p. 254.

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