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Otros problemas entre las diplomacias rosista y brasileña

Un nuevo síntoma de hostilidad de la corte brasileña hacia Rosas fue el reconocimiento de la independencia del Paraguay por parte del agente diplomático José Antonio Pimenta Bueno, que fue muy bien recibido por las autoridades paraguayas. Como sabemos, el 14 de septiembre de 1844 Pimenta Bueno reconoció la independencia paraguaya. Asimismo, el 7 de octubre este último y el mandatario paraguayo firmaron el tratado de amistad, comercio, navegación, extradición y límites. Este tratado ponía el dedo en otro punto sensible para el gobierno de Rosas: la libre navegación de los ríos interiores, que Paraguay deseaba, Brasil reconocía y Buenos Aires rechazaba.
    La actitud de la diplomacia imperial respecto del gobierno paraguayo irritó a Rosas, quien el 21 de febrero de 1845 presentó una nota de protesta a través de Tomás Guido. Esta nota fue respondida a fines de julio por el ministro de negocios extranjeros del Brasil, Antonio Paulino Limpo de Abreu, quien procuró refutar los argumentos de Rosas y defender la independencia de Paraguay interpretando los principios en cuyo nombre se hizo la revolución emancipadora de 1810. En este alegato el ministro Abreu decía:

La división territorial de los virreinatos y capitanías generales fue disuelta con todos los otros actos que tenían origen en la autoridad soberana de la metrópoli, por el mismo principio que destruyó la soberanía que España ejercía en sus colonias. Cada una de las provincias que estaban sujetas al dominio de la metrópoli, reasumió en consecuencia de esto el ejercicio pleno y absoluto de la soberanía. En este estado de cosas, es fuera de duda que solamente la voluntad libre y espontánea de cada una de las provincias podía regular la formación de las nuevas nacionalidades que se creaban en la América, y surgían de entre las ruinas del régimen colonial. Consultándose cual fue la voluntad libre y espontánea del Paraguay al separarse de la metrópoli, fácil es reconocer que el Paraguay constituyó desde luego una nacionalidad propia y enteramente independiente de la de Buenos Aires.
Esa aserción, á más de otros hechos, se funda en la resolución explícita y terminante de la asamblea general de la Provincia del Paraguay, que se reunió en la ciudad de Asunción el 17 de junio de 1811. Esa asamblea, á más de crear una Junta Gubernativa compuesta de un presidente y cuatro vocales, decretó, entre otras medidas, que la provincia del Paraguay se gobernase por sí misma, separada y sin intervención de la de Buenos Aires.(...)
El gobierno de Buenos Aires, lejos de protestar en tiempo alguno, ó de hacer la menor objeción contra la declaración de la independencia del Paraguay, la reconoció en dos documentos auténticos y oficiales: Uno de esos documentos es el oficio dirijido con data de 28 de Agosto de aquel mismo año por el gobierno de Buenos Aires á la Junta Gubernativa del Paraguay, oficio en el cual declara aquél que si es voluntad decidida de la provincia el gobernarse por sí, y con independencia de él, no se oponía á ello.
El segundo documento consiste en el tratado de 12 de octubre de 1811, cuyo artículo final dice: En consecuencia de la independencia en que queda esta provincia del Paraguay de la de Buenos Aires, conforme á lo que fué convencionado en la citada respuesta oficial de 28 de Agosto último, etc.

Enumerando una serie de hechos históricos justificativos de la independencia del Paraguay, entre los que citaba el reconocimiento de facto de la la independencia paraguaya por parte del Imperio del Brasil al nombrar un cónsul en Asunción desde 1824, Abreu concluía:

El acto de reconocimiento practicado por el Ministro del Brasil en la ciudad de la Asunción el día 14 de Septiembre de 1844, está de perfecto acuerdo con el pensamiento en que se ha fundado la política uniforme del gobierno imperial para con el Paraguay; es la serie de los hechos, la continuación y complemento de los que principiaron á practicarse en 1824; es, en fin, el corolario obvio y necesario de los principios y de las doctrinas que ha adoptado el gobierno imperial (1).

Aunque el tratado con Paraguay no llegó a ser ratificado por el emperador, resultaba evidente el perfil hostil de la política brasileña hacia la Confederación rosista. Brasil no ratificó este tratado con Asunción pues esperaba el resultado de las gestiones diplomáticas de Abrantes en Europa, las que finalmente fracasaron. Este traspié y la decisión británica de que el enviado Ouseley se encargase de resolver la cuestión oriental y Brasil fuese excluido de las negociaciones, colocaron a Río de Janeiro en una posición difícil.
    Ante la intervención anglofrancesa en el Río de la Plata, el 16 de abril de 1846 Guido reclamó al Brasil el cumplimiento del artículo 3º de la Convención del 27 de agosto de 1828, que decía: "Ambas Altas Partes contratantes se obligan a defender la independencia e integridad de la Provincia de Montevideo, por el tiempo y el modo que se ajustare en el tratado definitivo de paz" (2). Además el enviado de la Confederación Argentina protestó por las gestiones de Abrantes ante Francia e Inglaterra, y el apoyo del imperio brasileño a elementos antirrosistas, entre ellos los orientales Rivera y Silva. Los representantes brasileños respondieron con evasivas a estas acusaciones.
    A partir de la resolución de la crisis riograndense, en 1845 las autoridades del Brasil estuvieron en condiciones de poner mayor empeño en su política de debilitar a Rosas y a su aliado oriental Oribe. O Tempo y otros medios de difusión insistían en que el jefe de la Confederación Argentina esperaba concluir el bloqueo anglofrancés para atacar al Imperio del Brasil, y que éste debía estar preparado para esa eventualidad. La propaganda de la prensa brasileña encontraba un poderoso auxiliar en El Comercio del Plata, que redactaba en Montevideo el emigrado Florencio Varela. Al comentar la correspondencia intercambiada entre los cancilleres del Brasil y de la Confederación Argentina, El Comercio del Plata se constituyó en un acérrimo defensor del punto de vista imperial, sosteniendo la necesidad y conveniencia de que Brasil se armara contra Rosas, quien según el diario soñaba con la reconstrucción del antiguo Virreinato del Río de la Plata (3).
    Por otra parte, y como ya se afirmó, en su objetivo de debilitar la influencia de Rosas las autoridades brasileñas no sólo estimularon las ambiciones del presidente paraguayo López, sino que también alimentaron los apetitos autonomistas de las provincias de Corrientes y Entre Ríos respecto de la Confederación. Entre muchas pruebas explícitas del apoyo brasileño a la independencia de la mesopotamia argentina, cabe transcribir un párrafo de la nota reservada que el 6 de febrero de 1845 transmitía el vizconde de Abrantes al gobierno de Río desde París:

La conversión de Corrientes y Entre Ríos en estados independientes, á pesar del ejemplo del Uruguay que tantas incomodidades nos causa, juzgo con todo que no nos traerá ningún inconveniente mayor: este nuevo Estado será un obstáculo más á la realización del plan de Rosas (que tal vez pueda pasar como legado á sus sucesores) de unir por los lazos federativos todas las provincias que formaron ántes el Virreinato: plan que si se llevara á efecto, nos daría un vecino asáz poderoso que mucho nos inquietaría (4).

  1. Oficio del ministro de negocios extranjeros del Imperio Antonio Paulino Limpo de Abreu, El Paraguayo Independiente, Asunción, Nº 28, citado en Cecilo Báez, Resumen de la Historia del Paraguay desde la época de la conquista hasta el año 1880, Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus, 1910, pp. 74-75. De esta nota además se desprende que Brasil pretendía reconocer como personalidad nacional a cada una de las provincias que habían formado los virreinatos y las capitanías coloniales españoles, porque ello convenía a su interés de impedir la formación de unidades estatales fuertes a su alrededor. Por otro lado, los bolivianos invocaban la jurisdicción de las Audiencias, lo que les daba derecho a reclamar el Chaco paraguayo. A su vez, Rosas pretendía mantener la autoridad de los virreinatos. Ibid., pp. 75-76.

  2. Artículo 3º de la Convención de Paz del 27 de agosto de 1828 entre el Imperio de Brasil y el gobierno de Las Provincias Unidas del Río de la Plata, en Alfredo Castellanos, Historia uruguaya, tomo 3: 1820-1838, Montevideo, Ed. de la Banda Oriental, 1977, capítulo II, p. 88.

  3. El Comercio del Plata, 13 de junio de 1847, citado en A. Saldías, Historia de la Confederación Argentina, Buenos Aires, Hyspamérica, 1987, tomo III, p. 139.

  4. Nota citada en C. Báez, op. cit., p. 69.

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