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La situación de la Banda Oriental entre 1830 y 1850

Como se afirmó anteriormente, la guerra civil que tuvo lugar en la Banda Oriental no lograba resolverse a favor de ninguno de los bandos en pugna, aun a pesar de contar con la participación de potencias externas y caudillos de la Confederación Argentina -por ejemplo el caso de Lavalle, quien ayudó a Fructuoso Rivera en su sublevación contra el gobierno de Manuel Oribe en julio de 1836-. Finalmente, Oribe se vio obligado a resignar la presidencia el 24 de octubre de 1838, a consecuencia del pacto forjado en su contra entre su rival el caudillo Rivera y los agentes franceses en Montevideo.
    Este pacto entre Rivera y los agentes consulares franceses fue denunciado por Oribe en su mensaje de renuncia al poder legislativo uruguayo:

El presidente constitucional de la República, al descender del puesto al que lo elevó el voto de sus conciudadanos, declara ante los representantes del pueblo, y para conocimiento de todas las naciones que, en este acto, solo cede a la violencia de una facción armada, cuyos esfuerzos hubieran sido impotentes si no hubiera encontrado su principal apoyo y la más decidida cooperación en la marina militar francesa, que no ha desdeñado aliarse a la anarquía para destruir el orden legal de esta república que ninguna ofensa ha inferido a Francia (...). Protesta (...) ante el gobierno francés contra la conducta del almirante de la fuerza naval francesa de esta estación, y la de los agentes consulares de Francia actualmente en Montevideo, los cuales han abusado indigna y vergonzosamente de su fuerza y de su posición para hostilizar y derrocar el gobierno legal de un pueblo amigo e independiente (1).

El protagónico papel jugado por los agentes franceses residentes en Montevideo en las luchas facciosas en el Río de la Plata quedó evidenciado en la firma de un protocolo el 22 de junio de 1840 en la ciudad de Montevideo entre el cónsul francés Henri Buchet-Martigny y los doctores Julián Segundo de Agüero, Juan José Cernadas, Gregorio Gómez, Valentín Alsina y Florencio Varela, miembros de la llamada Comisión Argentina. Este protocolo aclaraba el alcance de la alianza, que estaba dirigida sólo contra Rosas: "El bloqueo establecido en el litoral de Buenos Aires y los actos hostiles que le han acompañado jamás han sido dirigidos contra los ciudadanos de la República Argentina ...". Asimismo, el comandante francés Leblanc, y Martigny y Baradère, del consulado, acompañaron al general Juan Lavalle y su expedición que partió de Montevideo el 2 de julio de 1839. A su vez, ellos tramaron el conocido complot para asesinar a Rosas de fines de junio, cuyo brazo ejecutor fue el coronel Ramón Maza, descubierto y fusilado el 27 de junio de 1839.
    El capitán de la marina francesa Lalande de Calan, y la escuadrilla francesa del Uruguay, transportaron al general Lavalle y la Legión Libertadora de la isla de Martín García a la costa de Entre Ríos, en los buques franceses "Bordelaise", "Expeditive", "Vigilant", "Ana" y en algunas balandras con bandera oriental. A su vez, las embarcaciones francesas Ariadna y Camille servían de transporte de los mensajes entre la Comisión Argentina aliada con Lavalle y Buenos Aires, cuyos intermediarios fueron los jóvenes antirrosistas Félix Frías y Avelino Balcarce.
    Pero el involucramiento de los agentes consulares, por cierto estimulado por la falta de estabilidad política reinante en ambas orillas del Plata, tenía sus limitaciones. En particular, la llamada cuestión de Oriente, que amenazaba con una guerra europea que comprometía al virrey de Egipto, protegido de Francia, obligaba a la diplomacia gala a liquidar su compromiso en la región rioplatense para concentrarlo en el Medio Oriente. Con ese objetivo el gobierno francés envió al almirante barón de Mackau para que firmara la paz con Rosas, concretada como sabemos el 29 de octubre de 1840, recibiendo el enérgico repudio de los emigrados antirrosistas y sus aliados en Montevideo.
    La internacionalización de la llamada Guerra Grande (1839-1851), es decir la guerra civil que en el territorio de la Banda Oriental se desató entre los partidarios de Rivera y los de Oribe, se reflejó en el hecho de que Montevideo, la capital del Estado oriental, fue durante el período rosista uno de los centros de oposición más importantes a la autoridad del encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina. Fue particularmente sede de la llamada Comisión Argentina, que albergaba a todos los emigrados opuestos a la política de Rosas. La Comisión estuvo presidida por el general Martín Rodríguez, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires durante el período conocido como "la feliz experiencia" (1820-1824), y tuvo como secretario a Florencio Varela. Formada aproximadamente a fines de noviembre de 1838 con el objetivo de coordinar las luchas contra Rosas desde Montevideo, contó con el apoyo más verbal que material del presidente Rivera y el respaldo del oriental Andrés Lamas en las tareas organizativas. A principios de 1839 la Comisión Argentina encargó a Varela la misión de entrevistarse con el general Juan Lavalle para pedirle que se pusiera al frente de la campaña contra Rosas. No obstante el sí de Lavalle, su acción militar se vio entorpecida por la falta de compromiso del presidente oriental. Una percepción recurrente, compartida por los emigrados antirrosistas residentes en Montevideo y la diplomacia brasileña, era que la proclamada "política americana" o "política americanista" de Rosas abrigaba el deseo del dictador de reconstruir el Virreinato del Río de la Plata. Salvador María del Carril, que operaba en Rio Grande como agente del gobierno de la defensa de Montevideo, escribió a Florencio Varela, que era director de El Comercio del Plata, denunciando que Rosas tenía por objeto la reconstrucción del virreinato de Buenos Aires o la "inauguración del imperio argentino". Florencio Varela se hizo eco de esta percepción desde las columnas de su diario.
    Resulta valioso aclarar las características de la política del presidente Rivera frente a las presiones de los miembros de la Comisión Argentina, de los agentes franceses y de los miembros de la elite intelectual montevideana que apoyaban las ideas liberales y románticas de los emigrados antirrosistas. Más allá de promesas y pactos con agentes franceses, miembros de la Comisión Argentina y caudillos rebeldes a Rosas, Rivera deseaba ante todo liberar a la República del Uruguay de compromisos externos, posición que compartían los caudillos de la campaña y algunos montevideanos.
    Para lograr su objetivo, Rivera no desdeñó pactar con otros actores pero a la vez no se comprometió seriamente con ninguno de sus eventuales aliados. Como el príncipe que según Maquiavelo basa su política en la fortuna o en el azar, Rivera estaba expectante a los cambiantes acontecimientos y redefinía continuamente sus alianzas. Tan expectante a los cambios de fortuna estuvo Rivera que, a pesar de declarar la guerra a Rosas y pactar con los agentes franceses, no apoyó materialmente ninguna de las campañas militares emprendidas contra Rosas. Rivera ni siquiera desdeñó un acercamiento con Rosas o con su rival Oribe. Así, mientras los emigrados y sus aliados orientales empujaban a Rivera a procurar recursos para la expedición de Lavalle, el presidente uruguayo decía a su esposa en una carta fechada el 18 de abril de 1839:

El asunto se versa por medio de los ajentes ingleses. Todo esto es de suma reserva; mas te lo comunico confiado en que no lo harás trascendental a nadie. No está distante el que hagamos la paz con Rosas. Ese es el asunto importante; y a más el hacer público el tratado con los Republicanos (2).

Siguiendo instrucciones de Rivera, su ministro de hacienda, Francisco Joaquín Muñoz, fue enviado a Buenos Aires para negociar con Rosas. Pero esta negociación fracasó pues Rosas sólo reconocía como presidente legal del Uruguay a Manuel Oribe. El público conocimiento de estos contactos causó revuelo en la capital uruguaya. El 2 de julio de 1839 y a pesar de la oposición de Rivera, el inspector general de policía y ardiente antirrosista Luis Lamas protegió el desembarco de Lavalle desde Montevideo.
    Según Pivel Devoto, la historia del Uruguay no se limita a la lucha entre los "colorados" partidarios de Rivera y los "blancos" de Oribe. A esta dimensión hay que agregar la división entre los "orientales puros" y los "orientales extranjerizantes o unitarizados", reflejada en las continuas pugnas y cambios de miembros del gabinete que caracterizaron la política uruguaya en este conflictivo período. Los "orientales puros" estaban integrados por aquellos que deseaban liberar al Uruguay de toda injerencia externa y se oponían a la internacionalización de la guerra entre blancos y colorados. Dentro de esta categoría figuraban nombres como el ministro de hacienda Francisco Joaquín Muñoz y el caudillo Venancio Flores. Por su parte, los "orientales extranjerizantes" o "unitarizados" buscaban solucionar la guerra civil oriental apelando a aliados externos en su lucha contra Oribe y su aliado Rosas. Dentro de este grupo estaban Luis Lamas (inspector general de policía); Andrés Lamas (que era columnista de El Nacional de Montevideo y fue el artífice del tratado tripartito de mayo de 1851 entre el gobierno de Uruguay, el Imperio del Brasil y los gobiernos de Entre Ríos y Corrientes); Manuel Herrera y Obes (que ocupó el ministerio de relaciones exteriores) y Santiago Vázquez (presidente de la "Sociedad Nacional" antirriverista).
    Por su parte, si bien Rivera fluctuaba entre "orientales puros" y "orientales extranjerizantes", su política de pactos en el fondo buscó proteger la integridad del territorio uruguayo sin comprometer demasiado al gobierno oriental con ningún aliado externo. Esta actitud de Rivera lo acercaba mucho más a los "orientales puros". Aunque inicialmente habían depositado esperanzas en la colaboración de Rivera con los franceses y con los emigrados y jefes militares antirrosistas en su guerra contra Rosas y Oribe, a partir de los frustrados contactos de Rivera con Rosas y más tarde con Oribe, el grupo de orientales "extranjerizantes" comprendió que había límites a la pasión antirrosista de Rivera. Estos "unitarizados" comprendieron que Rivera no quería pagar el precio de internacionalizar la guerra civil entre blancos y colorados, y por ello llegaron a desear la eliminación del presidente oriental y el aplastamiento de Oribe y Rosas con similar intensidad.

  1. La Gazeta Mercantil, 10 de noviembre de 1838, citada en A. Saldías, op. cit., tomo II, pp. 60-61.

  2. Carta de Rivera a su esposa, 18 de abril de 1839, citada en Angel J. Carranza, La revolución del 39 en el Sud de Buenos Aires, Buenos Aires, Miguel Macías, 1880, pp. 42-44, y en Juan E. Pivel Devoto, Historia de los partidos políticos en el Uruguay (Años 1811 a 1865), tomo I, Montevideo, Claudio García, 1942, capítulo III, p. 134.

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