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La caída de Rivera y el cambio de política del gobierno de Montevideo

El gobierno de Montevideo se dispuso a resistir el sitio establecido por Oribe y Brown. El 12 de diciembre de 1842 el gobierno montevideano había creado el ejército de la defensa y puesto a su frente a José María Paz. No obstante, la situación de Montevideo era complicada pues dentro de la ciudad se encontraba un núcleo importante del partido blanco de Oribe, y al principiar el sitio mucha gente se pasó a ese bando (1).
    La compleja situación oriental hizo que los miembros "extranjerizantes" del gobierno montevideano y los integrantes de la Comisión Argentina buscaran aliados en el exterior. Justamente el secretario de dicha Comisión, Florencio Varela, encabezó una misión a Londres en agosto de 1843 en representación del gobierno de Montevideo. Varela tenía tres objetivos primordiales: a) alentar la intervención armada británica o anglofrancesa en el Río de la Plata en contra del gobierno de Rosas; b) establecer la libre navegación del sistema fluvial del Plata; y c) garantizar la paz definitiva en el ámbito rioplatense con la intervención permanente de Gran Bretaña (2). Varela tuvo cuatro desalentadoras entrevistas con el ministro de asuntos exteriores británico lord Aberdeen, quien señaló que en ese momento Gran Bretaña no deseaba apartarse de la neutralidad que había observado en el transcurso de la guerra desatada entre Montevideo y Buenos Aires.
    Por otra parte, y como sabemos, la política de Rivera con su proyecto de conformar un "Uruguay Mayor" se hizo añicos con la derrota que sufrió en Arroyo Grande a manos de las fuerzas rosistas comandadas por Oribe en diciembre de 1842. Esta derrota dio ánimo a los elementos extranjerizantes de Montevideo que deseaban eliminar a Rivera. A fines de marzo de 1845 la nueva derrota de Rivera en India Muerta por parte de las fuerzas rosistas obligó al oriental a buscar refugio temporario en Río de Janeiro. Con este desenlace llegaba la oportunidad tan esperada por los antirriveristas. El 4 de agosto de 1845, el gobierno de la defensa suprimió a Rivera en el cargo de director de la guerra y se encargó al Ministerio de Guerra la dirección de las operaciones militares contra las fuerzas de Oribe y Brown. Andrés Lamas y Melchor Pacheco y Obes, jefe político y ministro de guerra respectivamente y fervientes antirriveristas, obligaron al pueblo montevideano a soportar fuertes contribuciones para mantener la resistencia de la plaza.
    El 11 de febrero de 1846 los antirriveristas fundaron la "Sociedad Nacional", una especie de símil oriental de la Comisión Argentina, integrada por componentes del gobierno montevideano marcadamente opositores a Rivera, entre ellos Santiago Vázquez (presidente), Andrés Lamas, Melchor Pacheco y Obes, y Manuel Herrera y Obes. Aun otro integrante de esta Sociedad Nacional uruguaya era su secretario, el emigrado Bartolomé Mitre.
    Sin embargo, en abril de 1846 una revolución devolvió el poder a Rivera y a los orientales "puros". Este lo conservaría hasta octubre de 1847, lapso que sería considerado como de búsqueda de soluciones dentro del ámbito nacional (3). Durante este último tramo del gobierno de Rivera se produjeron contactos con el general Urquiza, con vistas a lograr su intervención para conseguir una solución al conflicto oriental. Cuando el prestigio del gobernador entrerriano se acrecentó ante las autoridades montevideanas y los antirrosistas, debido a la firma de los polémicos acuerdos de Alcaraz, el emigrado Esteban Echeverría le remitió en septiembre de 1846 un ejemplar del Dogma Socialista, ofreciendo a Urquiza la jefatura de un "partido nacional" que, equidistante de unitarios y federales, blancos y colorados, supuestamente lograría la paz en el Río de la Plata.
    Asimismo, el 18 de noviembre de 1846 Francisco Magariños, ministro de relaciones exteriores del gobierno de Montevideo, escribió una carta a Urquiza, solicitándole la mediación en la guerra oriental. Magariños decía que su gobierno:

aprovecha con satisfacción la de hacer llegar esta comunicacion a conocimiento de V.E. tan pronto como ha sabido que es debido á la mas noble conciliasion el termino de la guerra fraticida con la provincia de Corrientes y ha reconocido por el hecho la inteligencia y el anhelo de V.E. por la paz general. Apreciando el gobierno de la República del Uruguay esos antecedentes como prueba del carácter de V.E. y del crédito que deben hacerle gozar cerca del gobierno de Buenos Aires, no trepida en dirigirle sus mas ardientes votos a fin de que contribuya al termino de los horrores de la guerra, y confia que por esa noble mediacion podrá acelerarse esa paz, que despues de mucho tiempo, es el objeto de sus deseos, y que contribuyendo V.E. para obtenerla no podrá dejar de estrechar las relaciones de interes y amistad que la naturaleza ha querido crear entre pueblos y vecinos separados tan solo por el rio que debe hacerles florecientes y opulentos (4).

El 3 de diciembre, Urquiza aceptó la invitación del gobierno de Montevideo e incluso propuso tanto a dicho gobierno como a Oribe, una suspensión de hostilidades. Ese mismo día dio cuenta a Rosas de la decisión tomada. Este último, como en los días de los acuerdos de Alcaraz, se disgustó y en carta a Pacheco, del 17 de diciembre de 1846, comentaba:

El mas feroz delos enemigos de la República apenas podía exigir del general Vrquiza actos mas vergonzosos y funestos q.e los que este se ha avanzado a practicar... Este nuevo paso del general Vrquiza es mas ignominioso e irritante, que el del humillante y descabellado inmundo convenio de Alcaraz (5).

El gobierno de Rivera también envió el 7 de diciembre de 1846 una nota al encargado de negocios de Brasil en Montevideo, Rodrigo da Souza Silva Pontes, expresándole el deseo del gobierno montevideano de terminar con la Guerra Grande y su rechazo a la negativa actitud de Rosas respecto de la propuesta negociadora de la misión Hood para resolver el conflicto oriental. La nota del ministro Magariños además procuraba sondear la actitud del Imperio en los siguientes casos: a) si la misión de Hood tuviera el resultado esperado por Rosas, es decir, la admisión de Oribe como una de las partes en conflicto; b) si los gobiernos de Francia e Inglaterra enviaran auxilios o refuerzos militares y/o económicos para terminar la cuestión oriental pendiente; c) si los gobiernos de Francia e Inglaterra no aceptasen las bases propuestas por Rosas y Oribe ni enviasen auxilios o refuerzos y resolviesen buscar el apoyo brasileño para asociarlo a la intervención y así terminar el conflicto oriental, y d) si los gobiernos de Francia e Inglaterra resolviesen retirar la intervención en el Río de la Plata (6).
    Como sugestiva respuesta a la nota enviada por Magariños, el 16 de marzo de 1847 Silva Pontes comunicó que su gobierno había considerado las preguntas efectuadas por el canciller oriental, pero que para emitir su opinión necesitaba conocer previamente la actitud del gobierno de Montevideo en cualquiera de las alternativas que había planteado.
    Pero los orientales "extranjerizantes", "unitarizados" o "aporteñados", al enterarse de un intento de Rivera de negociar un acercamiento con Oribe para llegar al término de la Guerra Grande en septiembre de 1847, decretaron el destierro del caudillo el 3 de octubre. Rivera se refugió en Río de Janeiro, donde entregó a lord Howden un memorial, que decía:

Que Montevideo está sometido exclusivamente a la influencia francesa, y a la voluntad de Garibaldi; que esa influencia y esa voluntad conspiran hace tiempo, y han conseguido en gran parte aniquilar toda influencia y todo elemento oriental; que no existe, por consiguiente, en Montevideo, autoridad alguna que revista carácter ni represente intereses nacionales (7).

Con el alejamiento de Rivera comenzó una etapa caracterizada por la decisión de continuar la guerra hasta lograr la eliminación de Oribe, para lo cual se buscó la ayuda externa regional en reemplazo de la intervención anglo-francesa. El artífice de esta nueva etapa fue el ministro de relaciones exteriores Manuel Herrera y Obes. En noviembre de 1847 éste enviaba a Andrés Lamas para negociar con el Imperio y a Benito Chaín para pactar con Urquiza. Fruto de estas negociaciones sería el tratado por el cual el gobierno de Montevideo acordó con los gobiernos de Entre Ríos, Corrientes y el Brasil el derrocamiento de Oribe y Rosas en mayo de 1851, y el tratado con el Imperio brasileño de octubre del mismo año, por el cual a cambio de la protección imperial y de la destrucción de Oribe, el gobierno montevideano permitía la intervención del Imperio en sus cuestiones internas y perdía territorio de la campaña oriental.
    Tras la expulsión de Rivera y la instalación de un nuevo gobierno en Montevideo, en donde los elementos extranjerizantes hicieron sentir su influencia, llegó la respuesta pendiente para el Imperio. Una resolución del 25 de noviembre de 1847 establecía claramente los nuevos criterios rectores de la política exterior del gobierno montevideano: a) eliminación de la intervención extranjera como opción para la resolución de la Guerra Grande; b) alianza con los Estados limítrofes que tuviesen interés real e inmediato en el triunfo de la defensa de Montevideo, y c) reanudación de las negociaciones con la provincia de Entre Ríos interrumpidas en 1846 (8).
    El nuevo rumbo adoptado por el gobierno de Montevideo en su política exterior quedó manifestado con la decisión del canciller Manuel Herrera y Obes de enviar a Andrés Lamas como vocero frente a Río de Janeiro. Tanto Lamas como Herrera y Obes, representantes del grupo "extranjerizante", eran firmes partidarios de establecer una alianza con el Brasil aun a costa de ceder en cuestiones limítrofes pendientes con el Imperio desde el tratado de San Ildefonso de 1777. Esta nueva actitud del gobierno montevideano representaba un giro respecto de la observada por Rivera. En palabras del propio Herrera y Obes, la política de Rivera había sido de terribles resultados, "le había quitado a la República sus mejores aliados"; había hostilizado a Lavalle y Paz y "alejado las simpatías de Francia", contribuyendo al tratado Arana-Mackau, visto por los orientales extranjerizantes y por la Comisión Argentina como una catástrofe (9).
    El gobierno de Montevideo tuvo a su vez respuesta por parte de las autoridades imperiales. Si bien éstas no deseaban entregar subsidios directamente a los sitiados, pronto encontraron una forma práctica de auxiliarlos manteniendo las apariencias de neutralidad. Evangelino Ireneo de Souza, más conocido como barón de Mauá, hombre de empresa vinculado a las finanzas británicas y aliado del emperador, sostuvo con su dinero la defensa del gobierno de Montevideo, que veía disminuir en 1850 los aportes del gobierno francés. Para ello Mauá se puso en contacto con Lamas, y las negociaciones concluyeron el 7 de septiembre con un contrato por el cual el primero se comprometía a:

1) abrir un crédito de 1.220.000 francos en Londres para Melchor Pacheco y Obes, con el objeto de reclutar mercenarios;
2) entregar a Montevideo piezas de artillería, municiones, fusiles, pólvora, etc., por valor de 2 millones de francos;
3) pagar deudas del gobierno de Montevideo, que alcanzaban un monto de poco más de 600.000 francos; y
4) entregar a Melchor Pacheco 36.000 francos para gastos de viaje (10).

Para salvar las apariencias y no despertar las sospechas de Rosas u Oribe, el contrato fue firmado por José Buschental, en representación de Mauá, y por Castro, cónsul de Montevideo en Río de Janeiro, en representación de Lamas, en un tono que lo hacía aparecer como una operación privada. Cabe agregar que el barón de Mauá también fue un actor clave en el acercamiento de Urquiza con el Imperio de Brasil en 1851 y en el financiamiento del Ejército Aliado que triunfó sobre Rosas en 1852 en la batalla de Caseros.

  1. Carta de Luis L. Domínguez a Félix Frías, en E.M. Barba, "Las relaciones exteriores con los países americanos", op. cit., p. 264.

  2. Es materia de discusión historigráfica si entre los objetivos de Florencio Varela figuraba el de instar a la constitución de un nuevo Estado formado por el Uruguay y las provincias de Entre Ríos y Corrientes, bajo la protección de Londres. Barba sostiene que, después de los trabajos de Magariños y de Gianello, la acusación de que Varela secundaba planes de desmembración del territorio argentino debe ser calificada de infundada.(E. M. Barba, "Las relaciones...", op. cit., p. 265). A su vez Sierra dice que si Varela planteó o no la cuestión de la segregación de Entre Ríos y Corrientes no ha podido ser establecido. (V.D. Sierra, op. cit., pp. 140-141.) No obstante, es muy significativo el testimonio dejado por el general Paz en sus Memorias:

    Cuando el señor don Florencio Varela partió de Montevideo a desempeñar una misión confidencial cerca del gobierno inglés, el año de 1843, tuvo conmigo una conferencia, en que me preguntó si aprobaba el pensamiento de separación de las provincias de Entre Ríos y Corrientes, para que formasen un Estado independiente; mi contestación fue terminante y negativa. El señor Varela no expresó opinión alguna, lo que me hizo sospechar que fuese algo más que una idea pasajera, y que su misión tuviese relación con el pensamiento que acababa de insinuarme.(...) El señor Varela desempeño su misión, a la que se ha dado gran valor y, por lo que después hemos visto, (...) me persuado de que hizo uso de la idea de establecer un Estado independiente entre los ríos Paraná y Uruguay, lo que se creía halagaría mucho a los gobiernos europeos, particularmente al inglés. Puede ser que después me ocupe de las razones en que me apoyé para combatirlo, y que creo fueron más eficaces en la consideración de esos mismos gobiernos que las que aducían los partidarios del proyecto.(Ibid., p. 155.)

    Por otra parte, a Varela le era indiferente que dicha segregación se produjera, lo cual fue explicitado en su famoso artículo del 20 de junio de 1846 que decía:

    Nada importa que (Entre Ríos y Corrientes) sean provincias argentinas, o un Estado independiente... Quisiéramos... que la cuestión que empieza a ocupar los espíritus de si convendría o no la separación de las dos provincias entrerrianas no produjese embarazos ni tropiezos; nosotros ni apoyamos ni combatimos la idea; si hubiese uniformidad de pareceres, nada tendríamos que oponer.(Ibid.)

  3. J.E. Pivel Devoto, op. cit., tomo I, p. 169, citado en E. Barba, "Las relaciones exteriores con los países americanos", op. cit., p. 268.

  4. Archivo General de la Nación, Archivo de Guido, Legajo 11, citado en E.M. Barba, "Las reacciones contra Rosas", op. cit., p. 508. Por su parte, Vicente Sierra sostiene que la carta de Magariños fue la respuesta a un ofrecimiento mediador anterior de Urquiza. V.D. Sierra, op. cit., p. 372.

  5. E.M. Barba, "Las reacciones contra Rosas", op. cit., p. 508.

  6. V.D. Sierra, op. cit., p. 411.

  7. Ibid., p. 414.

  8. Ibid., p. 412.

  9. Ibid., pp. 413-414.

  10. Ibid., p. 500.

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