El tratado entre los gobiernos del Paraguay y Brasil
Las aspiraciones independentistas del presidente López fueron
fuertemente respaldadas por la diplomacia brasileña, que entre otros factores entreveía
en ellas la oportunidad propicia para predisponer al gobierno paraguayo en contra del de
la Confederación. A fin de concretar ese respaldo, el gobierno brasileño envió a José
Antonio Pimenta Bueno, quien, además de reconocer la independencia paraguaya el 14 de
septiembre de 1844, firmó con López un tratado el 7 de octubre.
El contenido de este tratado era sumamente favorable a los intereses
paraguayos, ya que por el artículo 2º:
Su Magestad el Emperador del Brasil, que tiene ya reconocida la independencia y soberanía de la República del Paraguay, interpondrá sus efectivos y buenos oficios para que las demás potencias reconozcan igualmente y cuanto antes la misma soberanía e independencia de la República.
Por su parte, el artículo 3º sostenía que:
En caso de que la República del Paraguay sea amenazada de un ataque hostil, Su Magestad el Emperador del Brasil empleará todos los esfuerzos no solo para prevenir las hostilidades sino también para que la República obtenga justa y completa satisfacción de las ofensas recibidas.
Finalmente, en el artículo 12º quedaba garantida para las dos
potencias y sus súbditos la navegación de los ríos Paraná y Paraguay en toda la
extensión de los Estados y dominios. Además por el artículo 23º las partes
contratantes se comprometían a trabajar de común acuerdo a fin de afirmar para sus
súbditos la libertad de navegación del río Paraná hasta el Río de la Plata (1).
En opinión del historiador paraguayo Cecilio Báez, el mencionado
tratado no tenía ningún objeto para el Paraguay, ya que este país nunca había sido
hostilizado por Rosas, quien no le había cerrado sus puertos sino cuando López se había
aliado a los unitarios y firmado convenciones diplomáticas con la provincia de
Corrientes. En cambio, el acuerdo le convenía al Brasil porque hacía de Paraguay un
aliado para una eventual guerra contra Rosas (2).
Con el objetivo de seducir al presidente paraguayo, y deseoso de
consolidar un Estado tapón que evitara una posible reedición del Virreinato del Río de
la Plata por parte de Rosas, el gobierno brasileño movió todos los resortes de su
diplomacia para que otros países reconocieran la independencia paraguaya. Por ejemplo, en
un memorial que escribió en Berlín el 27 de enero de 1846, el vizconde de Abrantes,
representante diplomático brasileño, defendía enfáticamente la decisión de su
gobierno de reconocer la independencia paraguaya:
por lo que toca al Brasil, si la independencia del Estado de Montevideo, establecida por la Convención del 27 de Agosto de 1828, fue una condición o garantía necesaria para el equilibrio entre el Brasil y la Confederación Argentina; también la independencia de la República del Paraguay es evidentemente necesaria para complementar dicho equilibrio. La anexión del Paraguay á la Confederación daría a ésta, además del orgullo de conquistadora, un aumento del territorio y de fuerzas tales que aquel equilibrio dejaría de existir, y todos los sacrificios hechos por el Brasil, cuando se adhirió á la independencia de Montevideo, quedarían enteramente estériles (3).
Respondieron a la convocatoria brasileña en pro del reconocimiento
paraguayo Bolivia, Venezuela y Austria; por su parte, Estados Unidos, Inglaterra, Francia
y Cerdeña se negaron a hacerlo, y recién mandaron sus diplomáticos al Paraguay cuando
el general Urquiza pasó a ser presidente de la Confederación Argentina y finiquitó el
conflicto pendiente con el Brasil.
Por otra parte, para poner a López en contra de Rosas las autoridades
brasileñas hacían aparecer al jefe de la Confederación como una amenaza a la
independencia paraguaya. Inclusive, y por sugerencia de Pimenta Bueno, el gobierno de
Asunción editó el periódico El Paraguayo Independiente, que apareció en abril
de 1845 con el expreso fin de defender los derechos territoriales y la independencia del
Paraguay. El mismo Pimenta Bueno narró en una memoria publicada en la Revista
Brazileira (Río de Janeiro, 1895), que el Imperio de Brasil ayudó también al
presidente López a formar un ejército regular bajo la dirección de militares
brasileños; a procurarle armas y municiones, y a levantar las fortificaciones de
Humaitá. En síntesis, el Imperio buscaba preparar a Paraguay para una guerra contra
Rosas, ocasión que se presentó en diciembre de 1845 (4). No obstante, el emperador no
ratificó el tratado de octubre de 1844, prueba evidente para el historiador Báez de que
aquél no abrigaba el propósito de cumplir las cláusulas estipuladas en el mismo, sino
que sólo procuraba poner a López del lado del Imperio y en contra de Rosas.
Tratado del 7 de octubre de 1844, firmado entre el representante imperial Pimenta Bueno y el presidente del Paraguay Carlos Antonio López, citado en C. Báez, op. cit., p. 76.
C.Báez, op. cit., p. 77.
Declaraciones del vizconde de Abrantes citadas en C. Báez, op. cit., pp. 69-70.
C. Báez, op. cit., p. 77.
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