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Capítulo 23: La articulación de la alianza contra Rosas

Como ya se ha mencionado, la prohibición de extraer oro hacia las provincias y de la salida de pólvora con destino a las explotaciones entrerrianas de cal así como el reconocimiento del régimen de navegación de los ríos como interior a la Confederación en los tratados de paz con Gran Bretaña y Francia eran medidas que perjudicaban especialmente a la provincia de Entre Ríos. Dicha situación no tenía viso de revertirse pues las protestas del gobernador Urquiza frente a las dos primeras no eran atendidas por el gobernador de Buenos Aires. De esta manera, los intereses de los habitantes del Litoral con los de Buenos Aires se fueron distanciando cada vez más y Urquiza tomó la decisión de iniciar la ya madurada empresa de derrocar a Rosas. Tenía a su favor además el hecho de que era visto como la única persona capaz de realizarla (1).
    Urquiza comenzó por conferenciar con el gobernador de Corrientes Benjamín Virasoro, con quien compartía los problemas con Buenos Aires. El 23 de septiembre de 1850 Urquiza y Virasoro se entrevistaron en la localidad entrerriana de Concordia, con el poco creíble pretexto de asistir juntos a una carrera de caballos. No se informó nada a Rosas de lo conversado. Uno de los testigos de esta conferencia de Concordia, Nicanor Molinas, secretario de Urquiza, hizo una serie de afirmaciones en un libro aparecido en 1894 titulado Apuntes que señalaban que la reunión había sido a iniciativa del gobernador entrerriano y que Virasoro fue empujado a una actitud que no deseaba.Molinas decía en su libro: "las carreras eran un pretexto para desorientar a la opinión pública sobre el objeto de aquella reunión. Allí se arregló la alianza con la provincia de Corrientes, con su gobierno o contra su gobierno, si éste se oponía al pronunciamiento". Agregaba Molinas que la razón de la decisión de Urquiza había sido la prohibición por Rosas del comercio de oro con Entre Ríos (2).
    Dos cartas de Urquiza a Virasoro atestiguan el expreso propósito de ambos de derrocar a Rosas. La primera, del 11 de abril de 1851, decía:

El grito contra Rosas no será esta vez el eco de insurrección contra un sistema, sino el imponente alarido de toda una nación ofendida que se levanta para castigar al opresor de sus libertades. (...) A los ejércitos combinados de Entre Ríos y Corrientes tocará, mi querido amigo, esa gloria envidiable de sofocar al monstruo de las dos heroicas provincias que presidimos, (...).

En la segunda carta, del 17 de abril, Urquiza reiteraba a Virasoro sus propósitos con estas palabras:

El momento solemne va a llegar, mi querido amigo. Todas las medidas están tomadas. El tirano bambolea, y su soñado trono se desploma sobre la frente de sus odiosos cómplices. Anticipo a usted mis ardientes puras congratulaciones con la plena confianza que deben inspirarnos dos provincias morigeradas y valientes, la justicia de la causa que representamos, y el odio santo que abriga el corazón del pueblo argentino contra el bárbaro opresor de sus prerrogativas naturales (3).

Pocos meses después, el 5 de enero de 1851 en el periódico La Regeneración de Concepción del Uruguay aparecía un artículo con el título: "El año 1851", que entre otras cosas sostenía que ese año sería llamado en esta parte de América el de la "organización", anunciando así la revolución. En el mismo mes, Urquiza enviaba a Montevideo a Antonio Cuyás y Sampere (4). Ex corsario enriquecido por sus actividades durante la guerra contra el Imperio del Brasil y propietario de campos en Gualeguay, Cuyás y Sampere se convirtió en amigo personal y agente confidencial de Urquiza ante los gobiernos de Montevideo y Río de Janeiro. Sus actividades comerciales y negocios de corretaje en la capital oriental le permitían un permanente contacto tanto con ministros y diplomáticos uruguayos como con antirrosistas emigrados de la Confederación Argentina, a quienes reveló los propósitos de Urquiza en contra de Rosas. Entre los interlocutores de Cuyás y Sampere estaban el ministro oriental Manuel Herrera y Obes y el emigrado porteño residente en Montevideo, Valentín Alsina, director de El Comercio del Plata y acérrimo enemigo de Rosas. Asimismo, Urquiza contaba con dos contactos adicionales en la misma ciudad de Montevideo para estar al tanto de los acontecimientos que ocurrían en la capital oriental, Francisco Echenique y Francisco Muñoz.
    Cuyás y Sampere se entrevistó el 24 de enero de 1851 con el encargado de negocios del Brasil en Montevideo Rodrigo da Souza Silva Pontes. Urquiza proponía a través de su interlocutor la mediación entre el Brasil y Rosas para lograr que éste retirara las tropas argentinas del Estado Oriental. A primera vista, esta propuesta de neutralidad podía parecer atractiva si se toma en cuenta el peso de la caballería entrerriana en las fuerzas rosistas. Sin embargo, el gobierno del Brasil rechazó la propuesta de mediación de Urquiza. En las instrucciones enviadas a Silva Pontes, decía el canciller brasileño Soares de Souza:

¿Por mediación, buenos oficios? ¿Ante Rosas? ¡Esta no la esperaba yo! Rosas resiste a Francia y a Inglaterra y a tantos negociadores, ¿y ha de ceder a Urquiza? Lo declararía traidor y rompería abiertamente. Luego ad perditio haec. ¿Puede el emperador airosamente aceptar la mediación de Urquiza? ¿Puede un general argentino, considerándose todavía como tal, ser mediador entre un gobierno extranjero y el suyo?
Eso no tiene ningún sentido. Urquiza promete mediación, influencias, etc., que ha de empeñar en cierto tiempo y dadas ciertas condiciones. Esto traería demoras, nos ataría, y nada ofrece de positivo y seguro (5).

Los planes del Imperio consistían en romper con Oribe por los supuestos agravios que de él tenían, apoyar y promover la candidatura de Eugenio Garzón y, auxiliados por Urquiza - si éste se resolvía a apoyar la empresa- y por el Paraguay, expulsar del territorio oriental a las tropas argentinas que sostenían a Oribe. En caso de que esto se consiguiera y Garzón fuera electo presidente, Rosas no podría luchar contra el Estado Oriental, Urquiza, el Paraguay y el Brasil y reponer a Oribe como presidente uruguayo. Pero el canciller brasileño insistía en que si Urquiza deseaba colaborar con los planes del Imperio era

(...) preciso, empero, primero que todo que Urquiza se declare y rompa con Rosas de una manera clara, positiva y pública. Que se comprometa a concurrir para la expulsión de Oribe y las tropas argentinas del Estado Oriental, y para la presidencia de Garzón. El gobierno Imperial hará entrar tropas en el Estado Oriental, de acuerdo con el gobierno de Montevideo, para expulsar a Oribe (6).

A su vez, las autoridades brasileñas, resueltas a enfrentar a Rosas, prefirieron olvidar las diferencias pendientes con Paraguay y se decidieron a firmar el tratado que ese país reclamaba en vano desde 1844. Este fue firmado en Asunción el 25 de diciembre de 1850 por Benito Varela, ministro de relaciones exteriores del Paraguay, y por Pedro de Alcántara Bellegarde, encargado de negocios del Brasil. Vale citar algunos de sus artículos. Por el artículo 1º: "El Gobierno Imperial continuará á interponer sus efectivos y buenos oficios para promover el reconocimiento de la Independencia y Soberanía de la República del Paraguay por parte de las potencias que aún no la han reconocido". Por el 2º ambos países se obligaban a prestarse una mutua asistencia en caso de ser atacados por Rosas o por Oribe. Por el 3º el Imperio y Paraguay se comprometían "á auxiliarse recíprocamente, á fin de que la navegación del Río Paraná hasta el Río de la Plata, quede libre para los súbditos de ambas naciones". Por el 7º: "Si el territorio y fronteras de la provincia de Río Grande del Sur fuesen atacados o estuviesen en inminente peligro de serlo, el gobierno del Paraguay hará luego ocupar el territorio contencioso de Misiones, entre los ríos Paraná y Uruguay, arriba del Aguapey, de modo que se mantenga fácil y segura la comunicación entre la república del Paraguay y la provincia de Río Grande del Sur". El artículo 10º establecía que la ocupación de dicho territorio también tendría lugar "si la Confederación Argentina hiciere marchar tropas suficientes para ocuparlo, con el fin de atacar por ese lado al Paraguay o al Brasil, o de interrumpir la comunicación entre ambos. En este caso la ocupación será hecha por tropas brasileñas y paraguayas..." Por el 14º "El Presidente de la República del Paraguay se obliga á tanto cuanto le permitiesen la posición y circunstancias de la misma República, coadyubar á S. M. el Emperador de Brasil en el empeño de mantener la independencia de la Banda Oriental del Uruguay y acordándose las altas partes contratantes, oportunamente, sobre los medios de hacer efectivas esta coadyubación" (7).
    Por su parte, Urquiza no tardó en comenzar a dar el paso que se le exigía. El 5 de abril dirigió una circular a las demás provincias (anticipada el día 3 al gobierno de Montevideo), en la que se declaraba resuelto a:

ponerse a la cabeza del gran movimiento de libertad con que las Provincias del Plata deben sostener sus creencias, sus principios políticos, sus pactos federativos (...) Ha llegado el momento de poner coto a las temerarias aspiraciones del gobernador de Buenos Aires, (...) quien no satisfecho con las inmensas dificultades que ha creado a la República por su caprichosa política, pretende ahora prolongar indefinidamente su dictadura odiosa, reproduciendo las farisaicas renuncias a fin de que los gobiernos confederados, por temor o por interés, mal entendidos, encabecen el suspirado pronunciamiento, que lo coloque de hecho y sin responsabilidad alguna en la silla de la presidencia argentina (8).

Rosas estaba enterado de los planes contra su persona maquinados entre el general entrerriano y el gobierno brasileño. Pero como Urquiza comandaba el mejor ejército de la Confederación, el gobernador porteño obró con cautela. El 15 de abril de 1851 decidió cerrar las comunicaciones con Entre Ríos, tal vez esperando que Urquiza diese un paso atrás.

  1. José María Sarobe, "Campaña de Caseros. Antecedentes con referencia a la política interna y externa", en Academia Nacional de la Historia, Ricardo Levene (comp.), Historia de la Nación Argentina (desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862), vol. VII, 2ª secc., Buenos Aires, El Ateneo, 1951, pp. 524-525.

  2. Vicente D. Sierra, Historia de la Argentina, tomo IX, Buenos Aires, Ed. Científica Argentina, 1978, p. 526.

  3. Carta de Justo J. de Urquiza al gobernador de Corrientes Benjamín Virasoro, San José, 11 de abril de 1851 y nueva carta de Urquiza a Virasoro, San José, 17 de abril de 1851, citadas en Beatriz Bosch, Presencia de Urquiza, Buenos Aires, Raigal, 1953, selección documental, pp. 70-71.

  4. Para más datos sobre Antonio Cuyás y Sampere ver nota 1 del capítulo anterior.

  5. Instrucciones a Silva Pontes, en V.D.Sierra, op. cit., pp. 538-540.

  6. Ibid.

  7. Artículos del Tratado entre Paraguay y Brasil del 25 de diciembre de 1850 en Enrique M. Barba, "Las relaciones exteriores con los países americanos", en Academia Nacional de la Historia, Ricardo Levene (comp.), op. cit., p. 263 y en V.D. Sierra, op. cit., pp. 507-508.

  8. Ver declaraciones de Urquiza en Enrique M. Barba, "Las reacciones contra Rosas", en Academia Nacional de la Historia, Ricardo Levene (comp.), op. cit., p. 515, y en J.M. Sarobe, op. cit., p. 525.

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