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Disipados los temores de la diplomacia brasileña tras el público pronunciamiento de Urquiza contra Rosas, el 29 de mayo de 1851 se formalizó en la ciudad de Montevideo una alianza entre el Imperio del Brasil, el gobierno de Montevideo y el gobierno de la provincia de Entre Ríos, a través de sus representantes el encargado de negocios brasileño Rodrigo da Souza Silva Pontes, el ministro de gobierno y relaciones exteriores del gobierno de Montevideo Manuel Herrera y Obes, y el agente del gobierno de Entre Ríos Antonio Cuyás y Sampere.
    Por el artículo 1º de este acuerdo, las partes firmantes se comprometían a acabar con la guerra civil en el territorio oriental, uniéndose

en alianza ofensiva y defensiva para el fin de mantener la independencia y pacificar el territorio de la misma República (Oriental del Uruguay), haciendo salir del territorio de ésta al general don Manuel Oribe y las fuerzas argentinas que manda, y cooperando para que, restituidas las cosas a su estado normal, se proceda a la elección libre del presidente de la República, según la constitución del Estado Oriental.

A su vez, el artículo 15º ampliaba el alcance de los objetivos de la alianza tripartita al declarar el común compromiso de las partes firmantes a defenderse de eventuales ataques del gobierno de Buenos Aires dirigidos ya sea a todos o cada uno de los miembros de esta alianza:

Aun cuando esta alianza tenga como único fin la independencia real y efectiva de la República Oriental del Uruguay, si por causa de esa misma alianza el gobierno de Buenos Aires declarase la guerra a los aliados individual o colectivamente, la alianza común contra el dicho gobierno, aun cuando sus actuales objetos se hayan llenado, y desde ese momento la paz y la guerra tomarán el mismo aspecto. Pero si el gobierno de Buenos Aires se limita a hostilidades parciales contra cualquiera de los Estados aliados, los otros cooperarán con todos sus medios a su alcance para repeler y acabar con tales hostilidades.

Otras disposiciones del tratado tripartito eran la libre navegación del río Paraná y los demás afluentes del Plata y la invitación a Paraguay a entrar en la alianza gestada contra Rosas. El primer tema, vital tanto para los intereses de la provincia de Entre Ríos como del Imperio de Brasil, estaba contemplado en el artículo 18º del tratado, que decía:

Los gobiernos de Entre Ríos y Corrientes (si éste consintiese en el presente convenio) consentirán a las embarcaciones de los estados aliados la libre navegación del Paraná en la parte que aquellos gobiernos son ribereños, y sin perjuicio de los derechos y estipulaciones provenientes de la convención preliminar de paz del 27 de agosto de 1828, o de cualquier otro derecho proveniente de cualquier otro principio.

La invitación a Paraguay como miembro de la alianza antirrosista estaba explicitada en el artículo 23º del tratado:

El gobierno de Paraguay será invitado a entrar en la alianza, enviándole un ejemplar del presente convenio; y si así lo hiciere, conviniendo en las disposiciones aquí insertas, tomará la parte que le corresponda en la cooperación, a fin de que pueda gozar también de las ventajas mutuamente concedidas a los gobiernos aliados (1).

Cuando el tratado llegó a Río de Janeiro para ser ratificado por Pedro II, el emperador no ocultó su rechazo a estampar su firma junto a la de un general disidente. Pero finalmente el monarca dejó de lado su objeción y ratificó el tratado. El conde de Caxias fue puesto al mando de las fuerzas imperiales.
    A partir de esta alianza tripartita, el emperador brasileño otorgaba al gobernador entrerriano infantería, caballería, artillería y suplementos de armas. Asimismo, Brasil prestó a los ejércitos correntinos y entrerrianos la suma mensual de 100.000 patacones por el término de cuatro meses. Dicho empréstito debía ser pagado con un interés anual de 6%. Como garantía de pago al préstamo brasileño, los gobernadores de Entre Ríos y Corrientes ofrecieron las rentas y terrenos de propiedad pública de sus respectivas provincias.
    El canciller brasileño justificaba el convenio del 29 de mayo como un acuerdo contra Oribe y no contra Rosas con las siguientes palabras:

Habiendo esas provincias (Entre Ríos y Corrientes) reasumido así el completo ejercicio de su soberanía, y admitido la renuncia que todos los años hacía y acababa de hacer el general Rosas de su poder, celebró con ellas el gobierno imperial el convenio de 29 de mayo de 1851. Fiel al sistema de moderación que se había prescrito el gobierno imperial, no se alió a aquellos dos Estados y a la República Oriental contra el gobernador de Buenos Aires, sino contra el general Oribe, a quien nunca reconoció como presidente de la República Oriental, que consideraba como un simple general, ocupando una parte del territorio de esa república, y que había cometido extorsiones y violencias contra súbditos del Imperio, y no las quería hacer cesar. En el caso en que, por causa de esa alianza, el gobernador de Buenos Aires declarase la guerra a los aliados, individual o colectivamente, sería ella convertida en alianza común contra el dicho gobernador (...) (2).

Quedaba claro que este era un simple juego de palabras, arte que la cancillería brasileña manejaba con particular habilidad. Declarar la guerra a Oribe era prácticamente un sinónimo de declarársela a Rosas.

  1. Artículos 1º, 15º, 18º y 23º de la alianza ofensiva y defensiva entre el Imperio de Brasil, Entre Ríos y la República Oriental del Uruguay, citados en "La batalla de Caseros", op. cit., pp. 13-17.

  2. Declaración citada en V.D. Sierra, op. cit., p. 556.

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