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En un primer momento la posición británica frente al conflicto entre el Imperio del Brasil y la Confederación Argentina fue conciliadora. Gran Bretaña deseaba evitar un enfrentamiento que pudiera perjudicar -como lo había hecho el anterior conflicto con Brasil de 1826 a 1828- a los comerciantes británicos residentes en Buenos Aires. Asimismo, Londres se oponía en principio a una expansión brasileña en el territorio oriental, que quebraba la política de equilibrio que había inspirado el Tratado de Paz de 1828 por el cual se creó la República Oriental del Uruguay como Estado tapón entre la Confederación Argentina y el Imperio del Brasil. Así, el ministro Palmerston escribía en forma confidencial al cónsul británico en Río de Janeiro:

Tengo que encargar a usted exprese al ministro brasileño que habiendo aceptado el gobierno argentino los buenos oficios de la Gran Bretaña con la mira de llevar a cabo un ajuste pacífico de las diferencias entre el Brasil y Buenos Aires, el gobierno de Su Majestad espera que este ejemplo sea seguido por el gobierno del Brasil, y que se hallen medios para llegar a una solución satisfactoria sobre los puntos que al presente se disputan, y que se eviten de este modo los serios males que acarrearía un llamamiento a las armas a los estados que se hallasen envueltos en tal conflicto (1).

Pero dadas las necesidades de expansión de la economía británica, en procura de materias primas y mercados, la apertura de los ríos interiores de la Confederación seguía siendo deseable, alternativa a la que Rosas continuaba oponiéndose vigorosamente. Por este motivo, Inglaterra no se opuso a la alianza de Urquiza con el Imperio de Brasil para derrocar a Rosas. Una carta del ministro y secretario de Estado del gobierno oriental, Manuel Herrera y Obes, al general en jefe del ejército de la resistencia montevideana, Eugenio Garzón, del 28 de agosto de 1851, documenta la percepción local de esta actitud británica:

El Consejo después de haber oído a lord Palmerston y tomado conocimiento de todo lo que sucedía, decidió que el Brasil estaba en su perfecto derecho de que cesase el gobierno de Rosas, y que así se comunicase a los agentes ingleses en las dos repúblicas del Plata, para que conservasen la más estricta neutralidad en todos sus procederes (2).

  1. Palmerston al cónsul británico en Río de Janeiro, (confidencial), Foreign Office, noviembre de 1851, citado en "La batalla de Caseros", op. cit., p. 26.

  2. Carta de Manuel Herrera y Obes a Eugenio Garzón, 28 de agosto de 1851, en Vivian Trias, Juan Manuel de Rosas, Buenos Aires, Siglo XXI, 1974, pp. 282-283.

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