Por su parte, los orientales antirrosistas que ocupaban Montevideo
estaban en una delicada situación. Las fuerzas de Oribe los sitiaban por tierra. La
escuadra de la Confederación, al mando del almirante Guillermo Brown, los hostigaba por
mar. La ayuda material de Inglaterra y Francia al gobierno de Montevideo había cesado por
la firma de la paz entre estas potencias y Rosas en los años 1849 y 1850. El Brasil
quedaba como única tabla de salvación, aunque esta alternativa no fuera gratuita, ya que
implicaba la cesión de territorio al gobierno brasileño a cambio de su ayuda material.
Ante el dramático curso de los acontecimientos, Andrés Lamas, ministro plenipotenciario
y enviado extraordinario del gobierno oriental ante Brasil, fue autorizado a firmar una
serie de tratados en Río de Janeiro que cedían al Brasil parte del territorio oriental,
lo cual tuvo lugar el 12 de octubre de 1851.
Por el tratado de límites se reconocía como principio el utis
possidetis, invalidando cualquier reclamo uruguayo en virtud del tratado de San
Ildefonso. La frontera rectificada corría por el río Cuareim, el Yaguarón y la laguna
Merín, para terminar en el Chuy, con dichos cursos de agua, de orilla a orilla, en poder
exclusivo del Brasil, que conservaba además la posesión exclusiva de la navegación de
la laguna Merín y el río Yaguarón. También el Imperio podría levantar fortalezas en
la desembocadura de los ríos Tacuarí y Cebollatí, en pleno territorio oriental (1).
Por el tratado de alianza, se acordó convertir en "alianza
perpetua" la realizada por la convención secreta del 29 de mayo, a fin de sostener
"la independencia de los dos Estados contra cualquier dominación extranjera".
Para garantizar la "nacionalidad oriental", el Brasil se comprometía a prestar
"eficaz apoyo" al primer gobierno que se eligiese, sosteniéndolo ante cualquier
"movimiento armado contra su existencia o autoridad". En retribución si
"se levantara alguna sublevación contra S.M. el emperador en las provincias
limítrofes (Rio Grande) la República Oriental se obligaba a prestar a las autoridades y
fuerzas legales de Brasil toda la protección que estuviera a su alcance". Se
invitaba además a Paraguay "y los Estados argentinos que accedieran" a
garantizar en la misma forma "su orden interno y sus respectivas
independencias".
Por el tratado de subsidios, Brasil entregaba una suma de 138.000
patacones por una sola vez y luego 60.000 patacones mensuales por el tiempo que creyera
necesario, lo que se sumaría a los más de 211.791 patacones otorgados en diversas
oportunidades con sus intereses del 6%. Uruguay entregaba como garantía los derechos
aduaneros y las rentas del Estado. Para asegurarse del cumplimiento de lo pactado, el
conde de Caxias acampó a fines de octubre a tiro de cañón de Montevideo. Urquiza no fue
informado oficialmente sobre estos tratados y más adelante denunció, a raíz de dicha
falta de información, que no estaba obligado a aceptarlos. Pero luego, en la necesidad de
devolver al Brasil el apoyo prestado, obligó a los orientales a ratificarlos.
Por el tratado de comercio y navegación se aceptaba la navegación
común del río Uruguay y sus afluentes (aunque no atravesaran territorio brasileño),
invitando a los demás Estados ribereños a declarar "la libre navegación del río
Paraná y Paraguay". La isla de Martín García "quedaría neutralizada".
Además, el gobierno oriental renunciaba por diez años a cobrar derechos de tránsito a
las haciendas propiedad de brasileños y suprimía el derecho de exportación del ganado
en pie. En reciprocidad el Brasil mantendría en la frontera de Río Grande de San Pedro
la exención en vigencia de derechos de consumo sobre la carne salada y otros productos
ganaderos importados.
Por el tratado de extradición ambas partes se devolverían los
criminales, desertores y esclavos fugados de ambos territorios (no existía la esclavitud
en el territorio oriental), sin otro requisito para reclamar al esclavo fugado que la
"petición del señor a la autoridad". Incluso si los brasileños propietarios
de estancias en el Uruguay llevaran esclavos a ellas desde el Brasil, éstos mantendrían
su condición servil.
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