Visite nuestra página principal

Las negociaciones de Urquiza con Buenos Aires y las tentativas del gobierno porteño de hacer fracasar el Congreso Constituyente

Cuando se enteró de los sucesos de septiembre, Urquiza se encontraba en Santa Fe, en la tarea de organizar el Congreso Constituyente. Inicialmente pensó en la alternativa de reprimir la sedición porteña, pero luego, al enterarse del amplio apoyo de la ciudad y la campaña de Buenos Aires al levantamiento y de la defección de sus jefes, optó por la negociación con el gobernador porteño elegido, general Manuel Pinto, enviando al coronel Federico Báez en calidad de comisionado. Pinto aceptó un acuerdo por el cual se reconocía a Buenos Aires como desligada de la autoridad del director provisorio. Logrado este acuerdo, Urquiza volvió a su tarea de organizar la Constitución, confiado quizás en que Buenos Aires la aceptaría una vez sancionada. Pero las expectativas de Urquiza nuevamente debieron desvanecerse. Los hombres porteños se hicieron votar por la Legislatura una carta blanca o autorización ilimitada para costear emisarios, que enviaron a las provincias, con el propósito de hacer fracasar la Asamblea Constituyente, instándolas a que retirasen sus diputados de la misma como lo había hecho Buenos Aires. Pero las provincias no aceptaron la propuesta porteña. Vale citar la posición de Corrientes, extractada por Victorica de la nota que dirigió esta provincia a Buenos Aires contestando la invitación. La misma decía:

Establecido, señor ministro, el precedente de que la provincia de Buenos Aires, puede por sí y ante sí, destruir los poderes creados por el resto de las demás, resultaría el inconcebible absurdo de que éstas reconozcan en la de Buenos Aires, la facultad legal de rechazar y desconocer la autoridad de un gobierno que ellas habían constituido y al que debían sujetarse; resultaría negar a las pobres provincias, hasta la facultad de convocarse y reunirse en congreso, si no es cuando Buenos Aires o su gobierno quiera que así sea, y en la forma y tiempo que le parezca: resultaría concederle a Buenos Aires el derecho de impedirles que establezcan un centro de acción, único medio de contrabalancear el inmenso poder, influencia y riquezas, con que Buenos Aires las ha sofocado durante sus administraciones buenas y malas; resultaría, en fin, que las trece provincias no saldrían jamás del vergonzoso pupilaje en que hay interés en conservarlas, so pretexto de estados independientes soberanos.
Y el señor ministro concebirá fácilmente, lo funesto que han sido, son y serán los resultados de un sistema semejante: concebirá que, si a Buenos Aires, como a cualquier otra provincia compete, aun contra el voto expreso de la mayoría, la declaración de la conveniencia y oportunidad de la justicia y el derecho de constituirnos en cuerpo de nación, nunca jamás nos constituiremos (1).

Nuevamente Buenos Aires recibía el rechazo de las provincias a su intento de centralización.
    No obstante, el fracaso de los comisionados a las provincias no amedrentó a los hombres del gobierno porteño. El gobernador Valentín Alsina -electo como gobernador de Buenos Aires el 31 de octubre de 1852- y su ministro de gobierno y relaciones exteriores, el coronel Bartolomé Mitre, prepararon para el día que debía reunirse en Santa Fe el Congreso General Constituyente una invasión armada contra Entre Ríos a las órdenes del general Juan Madariaga y del general Manuel Hornos. El gobierno de Alsina esperaba contar con el apoyo de Corrientes a través de su gobernador Juan Pujol, y dentro de San Juan, Mendoza, Córdoba y Santiago del Estero, con el auxilio de grupos que provocarían conmociones internas en las respectivas provincias. Había que entorpecer de cualquier modo la reunión del Congreso Constituyente en Santa Fe, que sin duda dificultaría la posición de la provincia rebelde al legitimar la autoridad del director provisorio. Además de la proyectada acción de Madariaga y Hornos, el general José María Paz debía invadir Santa Fe y Córdoba, y una reacción en las provincias del norte sería encabezada por Antonino Taboada, hermano del gobernador de Santiago del Estero (2).
    Madariaga atacó la ciudad de Concepción del Uruguay el 21 de noviembre de 1852, pero su intento fracasó ante la resistencia de las fuerzas conducidas por el mayor Ricardo López Jordán, comandante militar de la plaza. Este revés provocó la disolución de las tropas que el general Paz organizaba en San Nicolás de los Arroyos para operar sobre territorio santafesino. A su vez, la invasión a Entre Ríos que preparó el general Mitre fracasó debido a la defección de su aliado más valioso, el gobernador correntino Pujol. Asimismo, las posibilidades porteñas se complicaron con el levantamiento en armas del comandante general del centro de la provincia de Buenos Aires, coronel Hilario Lagos, que inició una revuelta interna contra la política del gobernador Valentín Alsina. De esta manera, aunque el general Urquiza no pudo instalar en persona el Congreso Constituyente, lo hizo en su nombre el gobernador de Santa Fe, Domingo Crespo. La intentona de los hombres del gobierno de Buenos Aires había fracasado. El Congreso General Constituyente, que iba a dar forma a lo pactado en San Nicolás, se reunió sin la asistencia de los representantes de Buenos Aires en noviembre de 1852.

  1. J. Victorica, op. cit., p. 50.

  2. H. Gorostegui de Torres, op. cit., p. 29.

Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "squeda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.

Ir a página anterior Home Ir a página siguiente

© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.