De acuerdo con el tratado de San Nicolás, se establecía una
representación igualitaria para todos los miembros de la Confederación, debiendo enviar
cada provincia dos diputados. Este fue uno de los motivos que se adujeron en la
Legislatura de Buenos Aires para no aceptar el acuerdo. De aplicarse el criterio
contrario, es decir la representación proporcional a la población, Buenos Aires habría
tenido como mínimo 18 diputados constituyentes y habría obtenido con sólo el apoyo de
dos provincias más la mayoría absoluta en la asamblea. Este problema reflejaba dos
realidades: por un lado una provincia con elevada población en relación a las demás que
no encontraba justo una representación de dos diputados, y por el otro, otras
jurisdicciones provinciales que exigían ser oídas en igualdad de condiciones con sus
pares más poblados. Los gobernadores reunidos en San Nicolás habían optado por la
última solución, lo que produjo junto con otros motivos, como ya vimos, el rechazo del
acuerdo por parte de Buenos Aires.
Consecuentemente la provincia de Buenos Aires estuvo ausente de las
deliberaciones de la Convención Constituyente. Los dos diputados que habían sido
elegidos al efecto durante el breve gobierno personal de Urquiza en Buenos Aires, Salvador
María del Carril y Eduardo Lahitte, fueron retirados por una decisión de la Legislatura
porteña inmediatamente de producida la revolución septembrina.
Los hombres que participaron del Congreso eran de distinto origen.
Algunos diputados venían de la vieja generación de Mayo, otros pertenecían a la primera
generación de unitarios y otros a la generación del 37; algunos habían vivido en el
país, en tanto otros se habían exiliado y habían regresado después del triunfo de
Urquiza. Entre ellos había hombres de letras, juristas y militares; sacerdotes y civiles.
Si bien muchos divergían en sus ideas económicas, religiosas y políticas, se logró una
amplia tolerancia que permitió el surgimiento de la anhelada constitución.
El 20 de noviembre se realizó la reunión oficial de la Convención
Constituyente. Domingo Crespo, gobernador de Santa Fe, llevó a cabo la instalación
oficial en nombre del director provisorio, quien se hallaba ausente debido a la invasión
que había sufrido Entre Ríos. Facundo de Zuviría, representante de Salta, fue nombrado
presidente. Este, en el primer discurso que pronunció llegó a proponer la suspensión de
las deliberaciones en razón de la situación por la que atravesaban las provincias,
algunas de las cuales habían sufrido la invasión de las fuerzas porteñas. Mencionó
además como un obstáculo importante la falta de antecedentes constitucionales y la
necesidad de reunir material y preparar hombres para la elaboración de la constitución.
Su discurso produjo gran efecto y algunas dudas, pero éstos fueron rápidamente aventados
por el discurso siguiente de Manuel Leiva, quien intentó demostrar que las condiciones
para redactar una constitución estaban dadas.
Pocos días después de iniciadas las deliberaciones se eligió la
comisión que debía redactar el proyecto preliminar. Esta estuvo integrada originalmente
por Manuel Leiva, Juan María Gutiérrez, José Benjamín Gorostiaga, Pedro Díaz
Colodrero y Pedro Ferré. El 25 de febrero de 1853 se agregaron Santiago Derqui y Martín
Zapata. Salustiano Zavalía ocupó el lugar de Ferré cuando éste debió ausentarse por
las negociaciones con Buenos Aires en marzo, y más tarde Juan del Campillo reemplazó a
Derqui.
La constitución que resultaría de esta Convención Constituyente tuvo
como modelos a las constituciones de Estados Unidos (1787), de la monarquía española
(1812), de Suiza (1832), de Chile (1833), y de Francia (1783 y 1848). Además se tuvo muy
en cuenta el libro Bases de Juan Bautista Alberdi. Alberdi residía en Chile, y no
regresó a su país inmediatamente después de Caseros como hicieron la mayoría de los
exiliados, aunque quedó vinculado epistolarmente con algunos de éstos. Bastó que Juan
María Gutiérrez le pidiera colaboración para que Alberdi contestara con su libro. La
primera edición apareció en mayo de 1852 y tuvo una gran difusión. Pero ante el pedido
de sus amigos de que agregara a aquélla un proyecto de constitución, Alberdi entregó en
julio para su publicación una segunda edición con lo solicitado. Tanto su libro como el
proyecto tuvieron influencia decisiva en el documento que elaboraron los constituyentes de
Santa Fe.
Dos cuestiones fueron las más discutidas en el seno de la convención:
la cuestión de la capital y la cuestión religiosa. En cuanto a la primera, hubo dos
posiciones: los intransigentes o capitalizadores y los negociadores. Los primeros, que
eran el grueso de los convencionales y especialmente Gutiérrez y Gorostiaga, eran
partidarios de una política enérgica contra Buenos Aires. Para ellos la representación
de la voluntad nacional se hallaba en los convencionales y no debía negociarse nada.
Sostenían que Buenos Aires debía ser impuesta como capital por la Convención
Constituyente y no mediante una ley al respecto. A su vez, los negociadores, encabezados
por Facundo de Zuviría y Roque Gondra, impulsaban una política de conciliación con
Buenos Aires y en consecuencia se oponían a que ésta fuera declarada capital porque ello
produciría la ruptura. Finalmente el artículo 3º quedó redactado de la siguiente
manera: "Las autoridades que ejercen el Gobierno federal residen en la ciudad de
Buenos Aires, que se declara Capital de la Confederación por ley especial". La
mencionada ley fue presentada el 18 de abril en las deliberaciones del Congreso como ley
complementaria a la Constitución proyectada. Esta ley se adoptó inmediatamente después
de la sanción de la Constitución, pero también estipulaba la designación de una
capital temporaria para el caso de que los porteños se resistieran a unirse a la
Confederación, que fue lo que finalmente ocurrió.
El segundo enfrentamiento de los convencionales tuvo que ver con el
problema religioso y especialmente con el artículo que establecería la libertad de
culto. También aquí se dieron dos posiciones. Los que defendían la tolerancia religiosa
y una amplia libertad se denominaron el "círculo" y respondían a la influencia
de Salvador María del Carril. A él pertenecían Zavalía, Derqui, Delgado, Gorostiaga y
Gutiérrez, entre otros. Sus ideas serían las sancionadas finalmente en la constitución.
Este grupo bautizó a la oposición con el nombre de "montoneros". Este era un
grupo reducido formado por el padre Centeno, fray Manuel Pérez, el correntino Díaz
Colodrero, el santafesino Leiva, y el presidente salteño Zuviría. Estos eran
conservadores y querían una constitución inscripta en el catolicismo tradicional, como
habían sido todos los anteriores estatutos y ensayos constitucionales.
La redacción de la Constitución finalizó en los últimos días del
mes de abril de 1853 y el proyecto fue aprobado el 1º de mayo. El 24 de mayo se
constituyó una comisión -integrada por del Carril, Gorostiaga y Zapata- para visitar a
Urquiza en su residencia de San José y entregarle el primer original de la Constitución.
Pero Urquiza no estaba allí pues había debido viajar a Buenos Aires para observar la
situación del coronel Lagos y las tropas que sitiaban esa ciudad. Hasta allí se dirigió
la mencionada comisión para cumplir con su misión, encontrando a Urquiza en el pueblo de
San José de Flores en las afueras de Buenos Aires. Urquiza promulgó aquí la
Constitución el 25 de mayo, e inmediatamente se enviaron chasques a las provincias para
que pudiera ser jurada el 9 de julio. Con excepción de Buenos Aires, todas las provincias
juraron esta Constitución. La Convención Constituyente continuó en funciones un tiempo
más ejerciendo una labor legislativa y sancionó las leyes de aduana, de libertad de los
ríos, electoral y de capitalización de Paraná. Una vez electas las nuevas autoridades,
la Convención se disolvió.
© 2000. Todos los
derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de copyright y
propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines estrictamente
académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier otro uso deberá
contar con la autorización por escrito de los autores.