En definitiva, producida la batalla de Caseros y la
derrota rosista, Urquiza enfrentó el desafío de llevar adelante su proclamado proyecto
de organización nacional. El general entrerriano logró la reunión de un Congreso
Constituyente y la sanción de la Constitución pero al precio de la secesión de la
provincia de Buenos Aires del resto del país. La provincia de Buenos Aires, acostumbrada
a ejercer su hegemonía sobre las demás durante la época de Rosas y a usufructuar para
sí misma los beneficios de la recaudación de su aduana, se resistió a plegarse al
proyecto urquicista consciente de que su situación político-económica habría de ser
modificada. Se constituyó entonces en un Estado independiente y pretendió nacionalizar
su proyecto, pero no lo consiguió pues las demás provincias decidieron mantenerse unidas
a la Confederación. Conservó sin embargo una posición autárquica cómoda pues la
fuerza de su economía conducía naturalmente hacia su territorio los capitales y las
inversiones.
Muy diferente fue la situación de la Confederación. A pesar de haber
conseguido su organización constitucional y establecido su gobierno en Paraná, la unión
interprovincial lograda era muy precaria y basada como en la época rosista en lealtades
personales. Además, sus autoridades debieron librar una batalla para conseguir la
supervivencia económica. Al fracasar la tentativa de establecer un banco y una moneda
sana, se debió recurrir a un endeudamiento cada vez más gravoso que llevó por último a
decidir una "guerra de tarifas" contra el Estado de Buenos Aires, que finalmente
se perdió como había ocurrido en el caso de la moneda. Resultado de ello fue la
existencia de una entidad políticamente organizada pero inviable desde el punto de vista
económico-financiero. La lucha de la Confederación por debilitar a la provincia rebelde
incluyó el apoyo a invasiones armadas de los opositores del grupo gobernante porteño y a
incursiones indígenas por el sur.
Por otro lado, los dos Estados competirían por el reconocimiento de
los países extranjeros. En este caso como se verá en un próximo capítulo también el
poder económico del Estado de Buenos Aires le proveería de algunos logros.
De este modo, la necesidad de la Confederación de lograr la solución
de su situación económica por medio de la nacionalización de la aduana de Buenos Aires
y, a su vez, la persistencia de la elite dirigente de Buenos Aires en regir los destinos
del país unido bajo su propio proyecto provocarían en el corto plazo el enfrentamiento
armado entre ambas partes.
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