Visite nuestra página principal

Capítulo 25: De Cepeda a Pavón

La derogación de los tratados que garantizaban el statu quo en marzo de 1856 restableció las desavenencias entre la Confederación y el Estado de Buenos Aires. Las autoridades de Paraná adujeron, al pronunciarse por la mencionada derogación, que los tratados habían fortalecido la separación del país en dos campos antagónicos. En realidad, este argumento escondía la percepción de que Buenos Aires podía volverse paulatinamente más sólido. Por ello el gobierno de la Confederación se decidió por una política agresiva a fin de unir a la nación antes de que la brecha se extendiese aún más.
    Además del instrumento económico de las tarifas diferenciales, el mencionado gobierno decidió lograr el control del escenario porteño con el apoyo de elementos disidentes, proceso que culminó con resultado adverso en las elecciones de la provincia de Buenos Aires de 1857. Asimismo intentó una vigorosa acción de política exterior en busca de aliados extranjeros, lo que será tratado en el capítulo siguiente (1).
    El hecho de que existieran grupos opositores en la provincia de Buenos Aires llevó a pensar a las autoridades de Paraná que podían trabajar con esos elementos para incorporar la provincia rebelde a la Confederación. A pesar de que el sitio de Lagos y las posteriores invasiones de los emigrados no habían favorecido las perspectivas de unión, el gobierno de Paraná intentó encontrar alguna fórmula más eficiente de intervención en la política porteña. Las elecciones en la Legislatura para designar al sucesor del gobernador Pastor Obligado habían sido fijadas para mayo de 1857. La persona en quien recayera el nombramiento era relevante para las relaciones entre ambas partes y el gobierno confederal deseaba un gobernador partidario de la unificación en base a la Constitución de 1853, objetivo para lo cual comenzó a trabajar (2).
    Pero si bien el grupo político porteño que había subido al poder a raíz de la revolución septembrina estaba dividido en dos sectores -los que apoyaban el statu quo y los que preferían un programa más agresivo hacia la Confederación-, la actividad de los opositores y su fuerza en la zona rural de la provincia, sumada a la actividad de Urquiza tratando de apoyar la candidatura de Tomás Guido, sirvió para estrechar filas en el partido gubernamental porteño. Este conquistó una sorprendente victoria en las elecciones para conformar la Legislatura en marzo de 1857 y pudo imponer su candidato a gobernador dos meses después. Así, resultó electo Valentín Alsina, el más conspicuo representante de los debates de junio y de la revolución septembrina, hecho que ilustraba un nuevo fracaso de Urquiza en su intento unificador y significaba una ruptura entre los contendientes (3).
    Hubo con todo un intento conciliador. El 9 de septiembre de 1857 el ministro del interior del gobierno de la Confederación Argentina, Santiago Derqui, formuló una invitación a las autoridades de Buenos Aires para que el pueblo porteño estudiase la Constitución de 1853, vigente en el resto de las provincias confederadas. La tentativa fracasó en medio de reproches mutuos. No obstante este traspié, a comienzos de 1858 aquélla se repitió, aunque con el mismo resultado adverso, reiterándose desde el círculo oficial porteño la acusación, emitida a través de una serie de notas del ministerio de relaciones exteriores bonaerense, de que Urquiza alentaba los ataques indios a estancias y pueblos del Estado de Buenos Aires, lo que fue enérgicamente desmentido desde Paraná.
    La hostilidad entre Buenos Aires y la Confederación era permanentemente alimentada desde el periodismo de ambos estados. Buenos Aires defendía su tesis de que al menos hasta 1863 (fecha fijada para una eventual reforma constitucional) debía conservarse el statu quo. Pero el presidente Urquiza no estaba dispuesto a trasladar a su sucesor el problema de la integración nacional.
    A su vez, la cuestión de la sucesión presidencial de Urquiza, que finalizaba su período en marzo de 1860, también repercutiría en las relaciones entre la Confederación y Buenos Aires. La campaña electoral no se planteó en discusiones racionales sino que fue una lucha desarrollada "detrás del escenario" por los dos principales candidatos, el vicepresidente Salvador María del Carril y el ministro del interior Santiago Derqui. Ambos lucharon por obtener el apoyo de Urquiza, para que éste hiciera sentir su influencia en el Congreso, en los gobiernos provinciales y sobre los jefes militares (4). La magnitud de la competencia provocó una compleja situación que llevó a Urquiza a amenazar con su renuncia en septiembre de 1858 y que quedó reflejada en un informe del representante británico al Foreign Office:

La causa inmediata de la furiosa renuncia del General Urquiza, luego revocada, parece deberse al empeño de los amigos del Vicepresidente para obtener de él una declaración en favor del Vicepresidente designándolo como candidato a la próxima Presidencia, mientras que este partido al mismo tiempo se oponía en las Cámaras a varias medidas que el General Urquiza deseaba ver aprobadas (convenciones con las potencias europeas y tratados de límites y extradición con Brasil). La crisis terminó con un arreglo provisorio (...) (5)

Las maniobras mencionadas que se llevaban a cabo en Paraná tenían también su eco en todas las provincias, que debían proceder a elegir los electores para la elección presidencial. Ambos competidores dedicarían entonces esfuerzos para obtener apoyo en los gobiernos provinciales. Un ejemplo de esto sería el caso de San Juan, provincia natal de del Carril, donde durante 1858 fue desarrollándose una situación muy conflictiva (6).

  1. James R. Scobie, La lucha por la consolidación de la nacionalidad argentina, 1852-1862, Buenos Aires, Hachette, 1964, pp. 164-165.

  2. Ibid., p. 181.

  3. Ibid., pp. 181-186 y 197.

  4. Ibid., pp. 223-224.

  5. Christie a Malmesbury, 17 de octubre de 1858, FO 6, vol. 208, Nº 105, en ibid., p. 224.

  6. Ibid., p. 225; Haydée Gorostegui de Torres, La organización nacional, Colección Historia Argentina, vol. 4, Buenos Aires, Paidós, 1987, p. 62.

Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "squeda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.

Ir a página anterior Home Ir a página siguiente

© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.