La crisis en San Juan: el asesinato de Nazario Benavides
La crisis en San Juan se inició con un enfrentamiento entre el
gobernador Manuel José Gómez y su ministro Saturnino Laspiur, ambos de tendencia liberal
y partidarios de la candidatura de del Carril por un lado, y el comandante militar de la
zona, general Nazario Benavides, por el otro, que culminó con el encarcelamiento del
último en septiembre de 1858 bajo la acusación de conspirar contra el gobierno. Del
Carril intentó sacar a Benavides de San Juan bajo la protección del gobierno de la
Confederación. Pero los comisionados confederados llegaron tarde y junto con el asesinato
de Benavides se desvaneció también la candidatura de del Carril, al aparecer ante
Urquiza como sospechoso de complicidad con el núcleo liberal sanjuanino (1).
De acuerdo con Julio Victorica, el partido opositor a Benavides
-financiado por los hombres de Buenos Aires- había logrado desplazarlo del gobierno
sanjuanino. El nuevo gobernador Gómez y su ministro Laspiur respondían a la influencia
porteña, como así la prensa sanjuanina. Victorica intenta demostrar la implicación de
algunos políticos porteños en el episodio, señalando que desde Buenos Aires periódicos
como La Tribuna redactado por Juan Carlos Gómez y El Nacional por Domingo
Faustino Sarmiento pedían la eliminación de Benavides por cualquier medio. Además, la
evaluación que estos hombres hicieron del crimen quedó registrada en L'Union
Etrangère, único periódico francés que entonces aparecía en Buenos Aires, que
publicó las siguientes citas extraídas del diario La Tribuna:
¡El pueblo de San Juan ha sido el primer pueblo argentino que ha
tenido el coraje de quebrar a un caudillo! (...)
Un pueblo ha dado ya el ejemplo de quitar la vida a su tirano (...)
El pueblo acude a la cárcel y hace justicia por sí mismo, fusilando a Benavídez y
arrojando su cadáver después a la plaza pública, para ejemplo y escarnio de los
tiranos.
San Juan ha dado el primer puntapié al edificio de cartón.
¡Adelante! que el porvenir es de los libres.
La provincia de San Juan y su gobierno se han elevado a una gran altura con el
desenlace de la tentativa de Benavídez.
Esperamos que pronto nos llegue la noticia de que igual suerte ha tenido el degollador de
Vences, el verdugo de millares de porteños.(...)
La época de los caudillos ha desaparecido en las márgenes del Plata y pronto no
soportará en su suelo a ninguno de ellos ¡Con Benavídez han empezado los pueblos de
ahora; con Urquiza, concluirán los pueblos de hoy!
¡Muy Bien!
Acabemos, y que sean públicos los sentimientos de cada uno (2).
Incluso fue ofrecido un álbum por parte del partido que dominaba en
Buenos Aires a los autores o solidarios del asesinato del general Benavides. Entre las
firmas que contenía, figuraba la del general Mitre. Todo el episodio sirvió para avivar
aún más las hostilidades, pues además de la apología del crimen, los notables
porteños llegaron al extremo de indicar la conveniencia de que a Urquiza le sucediera lo
mismo.
La crisis de San Juan se cerró con la intervención a la provincia por
parte del ministro del interior Derqui y el general Pedernera, quienes impusieron como
nuevo gobernador a José Antonio Virasoro, oficial del ejército correntino. Aunque el
orden parecía haber sido restablecido en San Juan, su desenlace traería consecuencias
negativas. Derqui había salido fortalecido del incidente y con él también los grupos
favorables al uso de la fuerza contra Buenos Aires.
H. Gorostegui de Torres, op. cit., p. 62.
Apología del Asesinato, L'Union Etrangère, citado en Julio Victorica, Urquiza y Mitre, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, p. 122.
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