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La rebaja de los derechos de exportación por las autoridades de la Confederación

Para decepción de las autoridades de la Confederación, la guerra de tarifas y los gravámenes a la importación no ejercieron efectos significativos ni en aumentar la renta aduanera de la Confederación, ni en disminuir la de Buenos Aires. Esta última provincia mostraba signos incuestionables de solidez financiera y recaudaba más que la Confederación a través de su aduana. Incluso, la renta aduanera de la Confederación era menor con los derechos diferenciales que sin ellos. Tucumán y Córdoba reclamaban contra los nuevos derechos y contra el contrabando. Gualeguaychú atribuía su ruina a la guerra de las tarifas, pues antes de su sanción prosperaba gracias a los créditos obtenidos en Buenos Aires y Montevideo.
    Ante tantos inconvenientes, surgió un último intento: el de rebajar en 2/3 los derechos a pagar por las mercancías que se exportasen por cabos afuera del Santa María y el San Antonio (límites exteriores del Río de la Plata) en buques de ultramar, desde Rosario, puerto de la Confederación. Esta rebaja, que constituiría la última batalla de la guerra económica contra Buenos Aires, comenzó a regir el 1º de enero de 1859. La respuesta de Buenos Aires no se hizo esperar: ésta fue el decreto de represalias contra los derechos diferenciales del gobernador porteño Valentín Alsina, emitido en febrero de 1859. Buenos Aires, respaldada por su aduana y banco, no mostraba ninguna voluntad de incorporarse a la Confederación. Por el contrario, su solidez económica alimentaba aún más el deseo segregacionista de los porteños. La guerra económica había fracasado. Sólo quedaba a la Confederación probar su suerte en el campo de las armas.

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