La posición económica de ambos contendientes
El gobierno confederado estaba declarando una guerra para la que
carecía por completo de recursos. La política de derechos diferenciales no había dado
resultados positivos y no había posibilidades de enfrentar una brusca expansión del
crédito. En abril, el primer mes de movilización activa, los giros contra la aduana de
Rosario habían excedido en 400.000 pesos fuertes las entradas. Nuevamente hicieron su
aparición José de Buschenthal y el barón de Mauá para ofrecer crédito a un precio que
revelaba la falta de confianza en la situación de la Confederación (1). La transacción
finalmente realizada con Buschenthal contaba con el triunfo del gobierno de Paraná y el
paso de la aduana porteña a manos de éste. Buschenthal también obtuvo la provisión de
carne, yerba mate, tabaco, papel y jabón al ejército (2).
Ante la necesidad de proveer a los gastos inmediatos de la
movilización, el Congreso autorizó a fines de mayo un crédito nacional de 2.000.000 de
pesos fuertes. A mediados de julio, la tesorería comenzó la emisión de bonos con un
interés del 2% mensual y rescatables en seis meses. Los recursos de la Confederación se
agotaban rápidamente. Las rentas de la aduana de Rosario, la mayor de la Confederación,
debieron reservarse -a instancias de Buschenthal- para la amortización de los bonos
emitidos como consecuencia del contrato del 10 de mayo. Dos semanas después esta medida
debió dejarse sin efecto por las reclamaciones de otros deudores. El gobierno decidió
entonces aumentar la tasa de los aranceles en un 8%. Pero la presión de Buschenthal
finalmente consiguió que se le entregara la administración de las aduanas santafesinas
por dos años. Debía pagar como contrapartida una suma mensual de 90.000 pesos fuertes
por el control de la de Rosario y una parte proporcional de las entradas de las de Santa
Fe y Coronda. Buschenthal se quedaba con el aumento del 8% en los aranceles como garantía
de un adelanto de 12.000 pesos fuertes por mes que estaba en vigencia desde septiembre.
Las finanzas de la Confederación quedaban hipotecadas a favor del banquero oriental (3).
Como había ocurrido en ocasiones anteriores, la estructura financiera
de Buenos Aires respondía comparativamente mucho mejor a los gastos de la movilización.
A comienzos de mayo, la Legislatura porteña autorizó al banco de la provincia la
emisión de 20.000.000 de pesos papel; a éstos siguieron otros 30 millones más en julio
y otro tanto a comienzos de octubre. El respaldo para ello lo constituyeron las entradas
de la aduana, un impuesto del 2% sobre los bienes raíces y las ganancias por la venta de
propiedades en la provincia. El empréstito forzoso impuesto al público porteño y que
totalizaba 4.000.000 de pesos fuertes provocó solamente una pequeña inflación (4).
El 10 de mayo José de Buschenthal convino en adelantar 1.125.000 pesos fuertes en seis cuotas de 150.000 pesos cada una y dejar un balance de 225.000 inmediatamente en Río de Janeiro; el precio, 1.500.000 pesos fuertes en bonos de aduana al 1 ½ por ciento de interés mensual, sería recibido con el pago de la tercera parte de los derechos de las aduanas argentinas, incluso la de Buenos Aires. Además la Confederación convino en no emitir bonos similares hasta la completa liquidación de éstos. J.R. Scobie, op. cit., p. 237.
Ibid.
Ibid., pp. 237-239.
Ibid., p. 239.
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