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La actitud del Paraguay frente al conflicto

En junio de 1859 el gobierno de la Confederación Argentina envió una misión especial al Paraguay, confiada al ministro de relaciones exteriores, Luis José de la Peña, con el encargo de aceptar el ofrecimiento que había hecho el presidente Carlos Antonio López de respaldar con sus fuerzas a Urquiza para el caso de que éste decidiese emplear la fuerza como medio de obtener la reincorporación de Buenos Aires al territorio confederado. Desde el primer momento, López manifestó que estaba dispuesto a prestar la ayuda ofrecida, pero limitándola a cuatro vapores de guerra y dos transportes a vela. Aclaraba el mandatario paraguayo:

Si necesitan más no puedo darlo sino en cambio de alguna otra cosa. Los vapores los entrego como testimonio del agradecimiento del Paraguay al servicio prestado por el general Urquiza evitándole la guerra con los Estados Unidos, y así quiero que conste en el arreglo (1).

El ministro de la Peña aceptó las condiciones puestas por el presidente López y ofreció traer redactado el convenio. Este proyecto, bajo la forma de un protocolo, fue firmado por ambos el 5 de mayo de 1859. El texto del convenio decía lo siguiente:

1º El Excelentísimo señor presidente de la República del Paraguay consiente en poner a disposición del Excelentísimo señor presidente de la Confederación Argentina, cuatro vapores para el pasaje y transporte de tropas y armamentos necesarios en las operaciones sobre la provincia de Buenos Aires.
2º Todos estos buques, tripulados y provistos convenientemente, obrarán bajo las órdenes inmediatas de sus respectivos jefes, pero en conformidad a las que fuesen comunicadas a éstos por el Excelentísimo señor presidente de la Confederación Argentina.
3º S. E. el señor presidente de la Confederación Argentina comunicará al Excelentísimo señor presidente de la República del Paraguay, la época y el lugar en que deban concurrir los vapores que se mencionana en el artículo 1º.
4º Desde que la escuadra de la República del Paraguay entre en el territorio argentino, la carne necesaria para sus víveres será de cuenta del gobierno de la Confederación y suministrada, según los pedidos de los jefes de la misma escuadra (2).

Sin embargo, ante el cambio de la situación de Urquiza, encerrado en su propia provincia por la presencia frente al Paraná de los vapores de guerra porteños Pinto y Buenos Aires, al mando del almirante José Murature, el presidente López decidió romper verbalmente el convenio con la Confederación, con las siguientes palabras:

Urquiza está perdido. Se ha dejado sitiar en su propia capital y es imposible que reaccione. Encerrado en su casa, no recibe ni habla a nadie. Todos sus planes han fracasado. Yo no he tratado con semejante gobierno. Los vapores que había ofrecido son ya inútiles; no los entrego (3).

No obstante, un inesperado acontecimiento cambió la relación de fuerzas, hasta ese momento favorable a Buenos Aires. Parte de la guarnición del vapor Pinto, en la mañana del 7 de julio de 1859, aprovechó un momento de distracción del almirante José Murature, de sus oficiales y de su hijo Alejandro, comandante del Buenos Aires, y se sublevó, logrando apoderarse del buque y entregándolo en el puerto a las autoridades de tierra. El pequeño vapor Buenos Aires, por su parte, al observar los movimientos del Pinto, huyó río abajo sin detenerse a averiguar lo sucedido.

  1. J. Victorica, op. cit., p. 127. Vale apuntar que Julio Victorica desempeñó en esta misión a Paraguay la función de secretario y testigo ocular de las conferencias entre el ministro de la Peña y las autoridades paraguayas.

  2. Ibid., pp. 133-134.

  3. Ibid., p. 129.

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