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La mediación norteamericana

A principios de julio de 1859, el ministro plenipotenciario del gobierno de Estados Unidos, Benjamin Yancey, ofreció su mediación para evitar la guerra entre la Confederación y Buenos Aires. El gobernador de Buenos Aires, Valentín Alsina, presentó por medio de su ministro Dalmacio Vélez Sársfield las siguientes bases generales para negociar:

Bases generales cuyas explanaciones y consecuencias serán consignadas en su caso en el consiguiente tratado
1º Cada una de las partes contratantes reconoce la integridad nacional como principal objeto de todo arreglo, esto es, la unión definitiva de las catorce provincias argentinas bajo un gobierno común.
2º Para facilitar y aproximar la consecución de ese objeto, el actual presidente de la Confederación hará, apenas sean firmadas las presentes bases, el patriótico sacrificio de retirarse totalmente y por el espacio, al menos de seis años, de la vida pública; continuando en lo demás así en Buenos Aires como en la Confederación el respectivo orden actual, pero siendo entendido que queda restablecido en todas sus partes el statu quo creado por los tratados de 1854 y 1855.
3º La presente Constitución de la Confederación será revisada y modificada después del plazo que ella establece, es decir, después del 1º de mayo de 1863; e instalado que sea el sistema u orden de cosas que se establezcan entonces, cesará el statu quo de que habla la base 2a.
4º A esa revisación de la Constitución actual concurrirán diputados de Buenos Aires haciéndolo de la forma y lugar que ambas partes acordarán por medio de un convenio ad hoc el cual deberá ser ajustado seis meses antes del 1º de mayo de 1863.
5º El citado statu quo de 1854 y 55 será garantido por el gobierno de los Estados Unidos, al menos en su parte relativa a franquicias y libertades (1).

Como el ministro Yancey se negó a discutir las bases del gobierno porteño, pues la renuncia de Urquiza era inaceptable para el gobierno de la Confederación, el gobierno de Alsina presentó nuevas bases.
    Desde Paraná, la capital de la Confederación Argentina, ya fracasada la mediación, Benjamin Yancey relató el 30 de agosto de 1859 en un informe dirigido al general Urquiza los detalles de la negociación con el gobierno porteño:

En la entrevista del 10 del corriente, que fue la última, los negociadores de Buenos Aires propusieron una sola estipulación en sustitución de sus bases originales y a las mías; la cual trascribo aquí por su brevedad:
"Tan pronto como el general Urquiza se retire de la vida política, el estado de Buenos Aires concurrirá a una convención nacional, a revisar la Constitución de la Confederación argentina de 1º de mayo de 1853 con el fin de reunirse inmediatamente a las demás provincias argentinas bajo una ley común".
Ya puede concebirse la sorpresa que me causó semejante proposición. Los antecedentes de la última conferencia no justificaban ni aun la más remota sospecha de tal procedimiento. Si se consideraba la persona de V.E. como un obstáculo insuperable a cualquier arreglo ¿por qué continuó el gobernador Alsina sus conferencias conmigo (...)? (...) la proposición debió haber sido designada por el gobierno de Buenos Aires para cerrar la puerta a la negociación y cortar toda esperanza de paz.
Para hacer justicia a los negociadores, es preciso indicar los argumentos que daban para una base semejante: Buenos Aires había estudiado y trataba de imitar el ejemplo de Estados Unidos de América: había iniciado la supremacía de la autoridad civil sobre la autoridad militar y desconocía el reino de los caudillos. Que V.E. había gobernado este país más o menos bajo una tiranía de veinte años. Que V.E. había demostrado mala fe al sitiar Buenos Aires en 1852, después de haber declarado a su gobierno el 19 de septiembre de 1852, que como director provisorio de la Confederación, dejaba a la provincia de Buenos Aires la completa libertad de disponer de su propio destino. Que también V.E. había violado y anulado los tratados de diciembre y enero de 1854 y 1855. Por consiguiente, Buenos Aires no podía confiar a V.E. o hacer arreglo alguno para incorporarse a la Confederación, mientras V.E. ocupase un puesto en el poder civil o militar.
Opuse a estos argumentos que: el mismo doctor Sársfield, con el gobernador Alsina, en Palermo, después de la batalla de Caseros, en 1852, que derribó el poder del general Rosas, ofreció hacer a V.E. el primer presidente del nuevo gobierno. De manera que por su propia boca, deducía 13 de los 20 años de su argumento. Pero aún podía traer a Buenos Aires a una época más reciente. Hizo tratados con V.E. en 1854 y 1855. Tres años más de deducir. Siendo 16 de los 20: aún más. Ahora dos años el honorable señor Christie, ministro plenipotenciario de S.M.B. cerca del gobierno de la Confederación, emprendió una mediación igual a la mía.
El gobierno de Buenos Aires, como ahora, presentó sus bases. No contenían esa demanda relativa a la persona de V.E. y pedían menos que las bases que yo ofrecía a Buenos Aires. De los 20 años quedaban pues refutados 18. Pero aún más; el señor ministro de gobierno tuvo a bien facilitarme el día antes, las bases de un arreglo que en 4 de octubre último había presentado al honorable senado de la Confederación, el señor don Benjamín Villafañe. Contenían seis artículos. (...) no contenían demanda alguna sobre el retiro de V.E. de la vida pública. Esto tuvo lugar ahora diez meses. De modo que, el mismo ministro, refutaba su argumento y lo reducía al tiempo presente. Yo me ocupé luego en considerar las cosas en que se imputaba mala fe a V.E.
Expuse que V.E. no mandó el ejército de la Confederación a Buenos Aires en 1853, sino después que Buenos Aires había enviado en los buques del gobierno, una partida de filibusteros a la provincia de Entre Ríos, que hizo estragos en la ciudad de la "Concepción del Uruguay". El primer síntoma de mala fe aparecía, pues, por parte de Buenos Aires. Sobre este punto, el doctor Sársfield, pidió permiso para interrumpirme con el fin de hacerme una rectificación cronológica, y sostuvo que el suceso al cual yo aludía ocurrió después del sitio de 1853, durante el cual V.E. había desvastado parte de la provincia de Buenos Aires.
Yo manifesté la seguridad que tenía en la exactitud de mi aserto y que no obstante eso me remitía a su co-negociador el señor Mármol, quien dio su fallo en mi favor. Más: la historia establecía el hecho de que la primera violación de los tratados, 1854 y 1855, fue de parte de Buenos Aires; pues la causa que impelió a la Confederación a anular esos tratados, era la violación de la integridad territorial de la Confederación por parte del coronel (hoy general) Mitre, pasando con fuerza armada a la provincia de Santa Fe, en persecución de algunos ladrones de ganado. El aprisionamiento de esos hombres en el territorio de Buenos Aires hubiera sido legítimo. Pero emplear la fuerza no para evitar el delito sino para castigarlo, dentro del territorio de la Confederación, en vez de demandar civilmente el castigo de los delincuentes y reclamar sus perjuicios, es una violación manifiesta de los tratados.(...)
Sólo me quedaba decir que no estaba de acuerdo con la opinión de los negociadores y que el juicio del mundo no apoyaría a su gobierno, en esta base.
Las naciones más ilustradas de la tierra, la Inglaterra, la Francia, la Prusia, la Cerdeña, la España, el Brasil y los Estados Unidos de América habían acreditado sus ministros cerca del gobierno de la Confederación, presidido por V.E. y no cerca de Buenos Aires; y esas mismas naciones habían considerado a V.E. para tratar.
Estos hechos, y el conocimiento de que V.E. respetando la Confederación había mandado ofrecer a aquel gobierno condiciones aún más liberales que las que exigieron en varias ocasiones, darán por resultado que el juicio ilustrado del mundo no sostendrá a Buenos Aires en precipitar al país en una guerra fratricida, por una mera antipatía personal retardando la civilización, destruyendo el bienestar de los colonos extranjeros, y ruinosa para el comercio.
Terminada así la negociación, me despedí de los negociadores de Buenos Aires (...) (2).

Asimismo, el informe enviado por Yancey al presidente de los Estados Unidos adjudicaba gran parte de la culpa por el fracaso de las negociaciones al gobierno de Buenos Aires. Los documentos relativos a las mismas fueron publicados en Paraná y Montevideo como propaganda en favor de la causa de la Confederación. Sin embargo, Urquiza y el gobierno de Paraná tampoco habían demostrado su inclinación por alcanzar un compromiso. Ejemplo de ello fue que la flota de la Confederación había recibido órdenes el 8 de agosto, cuando las negociaciones todavían estaban en curso, de capturar barcos porteños anclados en la rada exterior del puerto de Buenos Aires. Asimismo, a principios de agosto patrullas confederadas habían cruzado la frontera y matado algunos hombres a pesar de la promesa de Urquiza de suspender las hostilidades. A causa del último incidente Urquiza envió a Buenos Aires a Juan Francisco Seguí para dar explicaciones a Yancey y a las autoridades porteñas. Este llegó después del 10 de agosto, es decir después de finalizada la mediación, y a pesar de que trató de reanudar las negociaciones, el gobierno de Buenos Aires se mostró completamente renuente (3).
    Fracasada la mediación de Yancey hubo otros dos ofrecimientos importantes. Las grandes casas comerciales con intereses en el Río de la Plata, incluidas Baring y Rothschild de Londres y Brath de París, solicitaron a sus gobiernos la intercesión en la guerra civil que se vislumbraba en el Río de la Plata. Consecuentemente, el ministro británico en Montevideo, Edward Thornton, y el ministro francés en Paraná, Lefèbvre de Bécour, recibieron instrucciones de ofrecer sus buenos oficios a los beligerantes. A la vez, el ministro británico en Río de Janeiro recibió órdenes de invitar a participar de la mediación al gobierno brasileño. Pero antes de que los preparativos para ésta estuvieran finiquitados, Urquiza aceptó a fines de agosto el ofrecimiento de mediación realizado por Paraguay. Lamentablemente cuando Francisco Solano López llegó al escenario de los sucesos para iniciar las negociaciones, la lucha ya estaba en vías de desencadenarse (4).

  1. J. Victorica, op. cit., p. 136.

  2. Informe del mediador norteamericano Benjamin Yancey al presidente Urquiza, Paraná, 30 de agosto de 1859, citado en ibid., pp. 136-147.

  3. Yancey al presidente Buchanan, 22 de agosto de 1849, M 69-14; Manning, I, 727, citado en J.R. Scobie, op. cit., p. 250; ibid., pp. 250-251.

  4. Ibid., pp. 252-253.

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