No obstante la firma del convenio de San José de Flores, quedaban
obstáculos por salvar en el camino de la unificación nacional. Santiago Derqui, un
hombre que desde 1852 había demostrado repetidamente su hostilidad a las pretensiones
porteñas, había sido elegido presidente de la Confederación. Pronto los hombres de
gobierno de Buenos Aires complicaron la gestión del sucesor de Urquiza. Felipe Llavallol,
que como presidente de la Legislatura de Buenos Aires y gobernador provisorio había
demostrado buena disposición a celebrar el pacto de unión del 10 de noviembre de 1859,
comenzó a ser influido por los elementos localistas o autonomistas porteños. Llegó
Llavallol a restablecer el ministerio de relaciones exteriores del gobierno de Buenos
Aires que el pacto de San José de Flores había hecho caducar. Aquella influencia se
había hecho evidente también en la elección de una convención constitucional a fines
de diciembre que debía sugerir las enmiendas a la Constitución nacional. En el mes de
abril de 1860 la tensión había llegado a un punto que parecía presagiar la reanudación
de la guerra civil.
Finalmente, el gobernador provisorio Llavallol fue reemplazado por el
general Bartolomé Mitre, quien asumió como gobernador propietario el 1º de mayo de
1860. Esta elección parecía ensanchar aún más la brecha existente entre Paraná y
Buenos Aires. Desde el primer momento el nuevo gobernador dio muestras de mala voluntad
hacia el presidente Derqui. Empezó por hacerse llamar gobernador del Estado de Buenos
Aires, denominación que el pacto de unión había hecho desaparecer. En respuesta a
la actitud del gobernador porteño, vale citar algunos párrafos de la nota enviada a
éste por el ministro del interior del gobierno de Derqui, Juan Pujol, y fechada en
Paraná el 11 de mayo de 1860:
La elevación al mando de esa provincia del general Mitre, me permite
esperar una modificación en la manera cómo el gobierno provisorio de Buenos Aires
interpretó algunas prescripciones del pacto, tales como la continuación de las
relaciones exteriores, cuando por el artículo 6º ese gobierno se obliga a no
entretenerlas de ninguna clase.
Además, la interpretación dada al artículo 8º y la subsiguiente denegación de
nacionalizar esa aduana, inspira al gobierno nacional deseos de conocer la mente del
gobierno de V.S. sobre puntos tan culminantes. Por lo tanto, me permito solicitarla, en el
interés de la armonía y la lealtad que debe dominar en las relaciones de ambos
gobiernos.
La política nacionalista que el gobierno de V.S. inicia, según su nota fecha 5, es un
antecedente para esperar sobre estos puntos ideas más ajustadas a la verdadera y leal
interpretación de lo pactado.
El gobierno nacional abrigaba siempre esta esperanza en el gobierno que sucediera al
provisorio, y la prudencia lo aconsejó no continar esa discusión. Por esta razón no se
ha contestado todavía a las notas del gobierno provisorio de esa provincia, fecha 20 de
abril, relativa una al derecho que aquel gobierno pretende que tuvo para protestar contra
el tratado con España resucitando para este fin el Departamento de Relaciones Exteriores
que había suprimido en virtud de lo estipulado en el pacto; y la otra referente a la
explicación que el gobierno solicitó a consecuencia de reclamos del gobierno
oriental.(...) (1)
Vale asimismo citar las palabras de Mitre ante la convención constituyente de Buenos Aires, el 23 de enero de 1860, a fin de observar la dimensión que éste le otorgaba al Estado porteño:
Este pueblo tiene su nombre y este nombre es el de Estado de Buenos
Aires, que no se puede sustituir por el de provincia, sin borrar el nombre que tiene, y
que debemos mantener mientras legalmente no sea borrado.
He dicho que mientras el Estado de Buenos Aires no se incorpore a la Confederación,
mientras no sea una de tantas provincias, debe subsistir el statu-quo, y debe
mantenerse el nombre de Estado. Para borrarle el nombre de Estado era preciso que el pacto
de noviembre hubiera destruido el statu-quo, reconocido por las mismas partes
contratantes. Nadie ha olvidado que, en 1853, la Confederación Argentina aceptó el
Estado de Buenos Aires, dándole primero el título de provincia de Buenos Aires.
Entonces el Estado de Buenos Aires rechazó ese título, exigiendo que se le diese el
nombre de Estado, y el gobierno de Paraná le dio el nombre de Estado. Por consecuencia,
mientras permanezca el statu-quo, debe mantenerse el nombre que tiene: el de
Estado de Buenos Aires (2).
Como se dijo, a mediados de abril se produjo un momento de gran
tensión. Previendo la guerra con Buenos Aires, el ministro Pujol realizó un viaje al
fuerte paraguayo de Humaitá para entrevistarse con Francisco Solano López, con vistas a
conseguir un empréstito de 400.000 pesos fuertes para consolidar las finanzas de la
Confederación. Pujol podía ofrecer el reembolso o la supresión de los derechos de
importación de la yerba mate como forma de amortización. Pero Solano López no se
mostró interesado en negociar acuerdo alguno que no incluyera un arreglo territorial y
especialmente el abandono de las reclamaciones argentinas sobre Misiones, por lo cual
Pujol volvió con las manos vacías (3).
No obstante las perspectivas de guerra civil, Mitre produjo un viraje
sorpresivo en la política porteña. Decidió enviar a Dalmacio Vélez Sársfield en
misión a Paraná para discutir el siguiente paso en la unificación, dado que la
convención constituyente porteña había decidido ya algunas de las enmiendas a la
Constitución de 1853. Delfín Huergo, el negociador de la Confederación en Buenos Aires,
percibió inmediatamente el cambio, lo cual quedó registrado en su informe a Urquiza:
Lo creo impuesto a V.E. del cambio favorable de la opinión de este pueblo con respecto a la cuestión nacional y del programa de union con que el General Mitre acaba de subir al poder. Yo creo que tocamos por fin el termino tan anhelado de la incorporacion de Buenos Ayres y que el General Mitre está lealmente decidido a realizarlo cumpliendo con el pacto de San José de Flores (4).
Nota del ministro del interior del gobierno de la Confederación Argentina, Juan Pujol, al gobernador de Buenos Aires, general Bartolomé Mitre, Paraná, 11 de mayo de 1860, citado en ibid., pp. 182-183.
Ibid., pp. 185-186.
Pujol a Urquiza, 29 de abril de 1860, con el memorándum de las negociaciones del 27 de abril de 1860, AGN-AU, citado en J.R. Scobie, op. cit., pp. 275-276.
Huergo a Urquiza, 7 de mayo de 1860, AGN-AU, citado en ibid., p. 277.
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