La decisión de Mitre de enviar a Dalmacio Vélez Sársfield a Paraná no es
interpretada de la misma manera por los historiadores. Para Gorostegui de Torres, Mitre
demostraba con ello que encarnaba una política favorable a la unión entre los dos
Estados. En cambio Julio Victorica señala que, no obstante la mala voluntad del
gobernador Mitre en términos de negociación con el gobierno de Paraná, el ministro de
gobierno de Buenos Aires, Domingo Faustino Sarmiento, al recibir la nota citada del
ministro del interior del gobierno de la Confederación Pujol, decidió enviar un
comisionado para negociar con el gobierno de Paraná, designando con ese objetivo a Vélez
Sársfield.
Por su parte, el gobierno de Derqui designó para entenderse con el
comisionado porteño al ministro de guerra, Benjamín Victorica, a los secretarios Daniel
Aráoz, Vicente G. Quesada y José María Cantilo. Dichos comisionados celebraron
finalmente un convenio el 6 de junio de 1860. Algunos de sus artículos reflejaban los
conflictivos intereses en juego:
Art. 12º. El gobierno de Buenos Aires continuará en el régimen y
administración de todos los objetos comprendidos en el presupuesto de 1859 aunque ellos
correspondan por su naturaleza a las autoridades nacionales, hasta que incorporados los
diputados de Buenos Aires al Congreso disponga éste sobre la materia y sobre el modo de
hacer efectiva la garantía dada a Buenos Aires por el artículo 8º del convenio de 11 de
noviembre.
Art. 13º. Se exceptúa del artículo anterior, la parte relativa a las relaciones
exteriores que Buenos Aires ha suspendido por el artículo 6º del pacto.
Art. 14º. Entretanto el gobierno de Buenos Aires, para concurrir por su parte a los
gastos nacionales, entregará al gobierno nacional mensualmente la suma de uno y medio
millón de pesos moneda corriente, a contar desde la fecha de la ratificación del
presente convenio.
Art. 15º. El gobierno nacional considerando a la provincia de Buenos Aires, como lo es,
una parte integrante de la nación, se compromete a ayudarle en la defensa de sus
fronteras de las invasiones de los bárbaros, y al efecto ordenará la aproximación de
dos regimientos de caballería a la línea divisoria de Buenos Aires a las órdenes del
comandante general de la frontera norte de aquella provincia, para que lo auxilie toda vez
que lo requiera, en caso de invasión de indios o de persecución de ellos.
Art. 16º. El Congreso legislativo integrado con los diputados de Buenos Aires dictará a
la brevedad posible las disposiciones necesarias a uniformar la legislación aduanera y a
mejorar en lo posible la protección al comercio general; mientras tanto continuarán
rigiendo respectivamente las leyes y prácticas aduaneras hoy vigentes.
Art. 17º. Los productos naturales o manufacturados de Buenos Aires son libres de derechos
de introducción en las aduanas de las demás provincias, como lo serán en la de aquélla
los productos y manufacturas de éstas.
Art. 18º. El gobierno nacional en el deseo de que exista un vínculo más de unión,
ofrece dictar en la forma que él crea oportuna los reglamentos y disposiciones que estime
favorables al comercio recíproco para admitir el papel moneda de Buenos Aires con las
aduanas de la Confederación en la cantidad que juzgue conveniente. (...) (1)
Del contenido de los artículos citados de este convenio de junio de
1860 se desprende, según Victorica, la intención conciliadora del gobierno de Derqui,
quien si bien refutó la intención del gobierno de Buenos Aires de definirse como Estado
y no como provincia integrante del territorio de la Confederación (artículo 15º) y de
manejar sus relaciones exteriores en forma independiente del gobierno confederado
(artículo 13º), a la vez evitó socavar las atribuciones del gobierno de Buenos Aires en
temas sensibles para este último -aduana, moneda, gastos de la provincia-, con el fin de
favorecer el acercamiento con la provincia escindida y allanar el camino para su
incorporación al resto de las provincias argentinas. En este sentido, el convenio fue
útil pues logró tranquilizar momentáneamente los ánimos. En cambio, para Gorostegui de
Torres, Buenos Aires sacó partido en el convenio de junio de 1860 de la desconfianza que
crearon entre Derqui y Urquiza las hábiles intrigas porteñas, consolidando en las
negociaciones la autonomía que pareció haber perdido luego de Cepeda (2).
El punto clave de la cuestión lo constituía obviamente la entrega de
la aduana porteña a la jurisdicción de las autoridades de la Confederación. Las
autoridades de Buenos Aires habían demorado dicha entrega -establecida en el pacto de San
José de Flores- pretextando que no podía concretarse hasta tanto no se resolviese la
aprobación y jura de las reformas a la Constitución de 1853. La intención de dar
solución a este punto crucial llevó al gobierno de Derqui a firmar el convenio del 6 de
junio. Al mismo tiempo que Buenos Aires conservaba durante un período impreciso su
aduana, la suma de 1.500.000 pesos moneda corriente (alrededor de 75.000 metálico) que
Buenos Aires se comprometía a entregar mensualmente hasta la jura de la Constitución
reformada, mejoraba algo las alicaídas finanzas de la Confederación, que logró colocar
bonos al 1% en vez del 2% (3).
Como una manera de confirmar que la paz había sido asegurada, Mitre
invitó al presidente Derqui y a Urquiza a las celebraciones del 9 de julio a realizarse
en Buenos Aires. En las ceremonias oficiales y privadas que se sucedieron hubo discursos
emotivos y abrazos entre los tres protagonistas principales de la política nacional, pero
el peligro implícito de la discordia estaba latente. Derqui deseaba en ese momento romper
la tutela que sobre él ejercía Urquiza, y el contacto con Mitre era una oportunidad para
lograr algún acuerdo que contrarrestara la mencionada influencia. La actitud de Derqui
encontró respaldo en Mitre, quien a su vez deseaba despegar al nuevo presidente de la
órbita del federalismo entrerriano para incorporarlo a su partido liberal en formación.
A espaldas de Urquiza se forjó entonces un entendimiento, explicitado en una carta que el
presidente de la Confederación enviara al gobernador de Buenos Aires el 17 de octubre de
1860 recordando el plan urdido en la ciudad porteña:
Estoy de perfecto acuerdo sobre la política que conviene para garantir el orden y dar a la Administración Nacional una marcha desembarazada y útil, que afiance en el presente y para el porvenir el imperio de las instituciones, a que aspiro ardientemente, como he tenido ocasión de decírselo en ésa. Esa marcha no puede seguirse si no es con el Partido que profesa estos mismos principios y camina al mismo objeto. Ya comuniqué a Ud. en ésa mi resolución de gobernar con el Partido Liberal, donde están las inteligencias, y por esto tengo que trabajar en el sentido de darle mayoría parlamentaria, sin lo que no podría hacerlo; y tengo la seguridad de dársela (...) (4)
Este pacto secreto trajo como consecuencia una serie de medidas del presidente de la Confederación que exaltarían los ánimos del partido federal urquicista, al evidenciar la intención del primero de alejarse de Urquiza y acercarse a Mitre, intención que se convertiría en explosiva a partir de los sucesos que tendrían lugar en San Juan.
Convenio entre el gobierno de Buenos Aires y el de la Confederación Argentina, Paraná, 6 de junio de 1860, citado en J. Victorica, op. cit., pp. 184-185.
H. Gorostegui de Torres, op. cit., p. 64.
Juan Alvarez, "Guerra económica entre la Confederación y Buenos Aires", Academia Nacional de la Historia, Ricardo Levene (comp.), Historia de la Nación Argentina (desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862), vol. VIII, Buenos Aires, El Ateneo, 1962, p. 129.
Archivo del general Mitre, Buenos Aires, 1912, tomo VII, p. 27, citado en I.J. Ruiz Moreno, op. cit., p. 263.
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