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El Gobierno de Paraná resolvió dar un paso adicional para que la Corona española percibiera su buena voluntad. El 8 de junio de 1854, el vicepresidente Salvador María del Carril, con la firma del canciller Juan María Gutiérrez, suscribió un decreto por el cual el encargado de negocios de la Confederación Argentina cerca de los gobiernos de Gran Bretaña y Francia, Juan Bautista Alberdi, quedaba nombrado en igual carácter ante el gobierno español (1). El 15 de abril de 1855 Alberdi zarpó de Valparaíso, comenzando su extenso itinerario diplomático, que incluía Madrid.
    Conocido el nombramiento de Alberdi, el gobierno de Buenos Aires designó a su vez un representante en España para que "cruzara" los trabajos de la Confederación, es decir, con el objetivo de impedir que la misión de Alberdi lograra el reconocimiento español al gobierno de la Confederación Argentina. Quienes protagonizarían estos manejos del gobierno porteño eran Mariano Balcarce y Juan Thompson.
    El objetivo diplomático del Estado disidente quedaba claramente explicitado en el contenido de la comunicación dirigida por su ministro de gobierno y relaciones exteriores Ireneo Portela al "agente confidencial" en Francia Mariano Balcarce y al cónsul general en Inglaterra Jorge F. Dickson, con fecha 31 de octubre de 1854:

El infraescripto tiene encargo del Gobierno para comunicar a S.S. que el ciudadano don Juan Thompson acaba de ser nombrado Agente Confidencial cerca del Gobierno de Su Majestad Católica, para los mismos objetos tendientes a cruzar los manejos de la misión Alberdi con que fue últimamente encargado S.S. en ese país; y además para inutilizar los pasos que dé a efectos de conseguir el reconocimiento de la independencia de las trece Provincias Confederadas, mientras no llegue un estado normal en que la nacionalidad argentina no se halle desplazada como hoy por el caudillo Urquiza y la fuerza de los sucesos que él ha provocado.
El Gobierno desea que S.S. se ponga al efecto de acuerdo con él en lo que fuese necesario, y que mutuamente se instruyan de su marcha, a fin de alcanzar aquellos objetos, estando ya prevenido de esto el referido Thompson (2).

Vale asimismo citar algunos párrafos de las instrucciones del ministro Portela para Thompson, a fin de examinar la percepción del gobierno porteño respecto de la misión Alberdi. Dichas instrucciones decían:

Acaso esté Ud. instruido de que el Gobierno del general Urquiza ha expedido al doctor Juan Bautista Alberdi credenciales de Encargado de Negocios de las trece provincias Confederadas cerca de los Gobiernos de Inglaterra, Francia y España, quien ya debe haber partido para su destino. Si bien en el decreto de su nombramiento se da la razón especial de que es para negociar cerca de la Madre Patria el reconocimiento de la independencia de la Confederación Argentina, cree el Gobierno que aunque éste sea uno de los objetos de la misión, llevará sin embargo aquel diplomático el encargo de suscitar complicaciones al Estado de Buenos Aires, que lo ha humillado venciéndolo valientemente al sostener contra él la causa de sus instituciones y de su independencia.

Continuaban las instrucciones de Portela a Thompson con una evidente referencia al sentimiento localista porteño, al señalar que:

es probable que al trabajar por dañar los derechos de soberanía y propiedad (testado: "independencia") del Estado cerca de los Gobiernos de Inglaterra y Francia, con quienes el general Urquiza ha celebrado los leoninos tratados del 10 de julio de 1853, quiera también inducir al Gabinete Español a apoyar la injusticia sancionada en aquellos tratados; o proceda quizá a negociar con algunas empresas la explotación de las valiosas riquezas que encierra abundantemente nuestra costa patagónica, así en la pesca de anfibios como la extracción de guano y otros productos terrestres, cuando no sea acaso el pretender la usurpación de nuestros derechos sobre esa parte del Estado, poniendo en conflicto nuestros títulos de propiedad y posesión sobre terrenos y costas adyacentes. De la explotación de estos medios, por intrigas hábilmente manejadas, es probable pretenda Urquiza proveer de recursos las exhaustas arcas del erario de las trece Provincias, y está en el interés y en el derecho de Buenos Aires cruzar las maquinaciones de su constante aunque solapado enemigo, en guarda también de los derechos que asisten a este país.

A continuación, Portela señalaba a Thompson los fines específicos de su misión ante la Corte española:

En tal virtud, pues, el Gobierno quisiera confiar a Ud., en cuyo patriotismo tiene fe, la tarea de vigilar y seguir constantemente los pasos de la misión Alberdi, tanto aquellos que dé pública como secretamente, así en ese país como en Inglaterra y Francia; a cuyo fin podrá Ud. ponerse de concierto con el Cónsul General del Estado en Inglaterra, don Jorge F. Dickson, y con el agente confidencial del Gobierno en Francia, don Mariano Balcarce, que tienen instrucciones respecto de aquel asunto, para cruzar e inutilizar Ud. así hábilmente los pasos de aquel diplomático, dando cuenta también al Gobierno de lo que ocurra y Ud. se proponga hacer o haya hecho, y quien le dará instrucciones según la naturaleza de los sucesos. Esto por lo que respecta a los fines que podremos llamar secretos de la misión Alberdi.
Mas por lo que hace al objeto ostensible de su nombramiento -el reconocimiento de la independencia por parte de la metrópoli- también desea el Gobierno que Ud. ponga en juego todos los recursos de que pueda disponer tanto en las relaciones de su carácter privado, cuanto con los medios de que pueda armarlo la posición pública que se le confiere hoy cerca del Gabinete de S.M. Católica, a efecto de obtener que Alberdi no sea feliz en el éxito de su empresa.
Para esto no se le ocultará a Ud. la inconveniencia de que el Gobierno Español reconozca la independencia de una parte de lo que antes fue República Argentina y que hoy es sólo un remedo de nacionalidad despedazada por los caudillos; y segregada temporariamente de ella como se halla al presente, la parte más importante, más conocida en el mundo, más rica y más poblada de su territorio. Trabajará Ud., pues, por que Buenos Aires no sufra el desaire diplomático de que sea reconocida la independencia de trece Provincias bajo la representación del más acérrimo enemigo de su libertad, y que por no hacer al país el sacrificio de sus ambiciones personales, ha sancionado con los hechos y la posición a que ha precipitado a los hombres y las cosas, la decapitación de la República Argentina.
Puede Ud. echar mano de cuantos argumentos le dicte su capacidad y su patriotismo para probar al Gobierno Español la necesidad de aplazar ese reconocimiento hasta una época normal y tranquila, en que unidos los dispersos elementos de la nacionalidad argentina, ese acto que Buenos Aires también desea de parte del Gobierno de Su Majestad, no recaiga sobre la deplorable actualidad en que se hallan hoy los desgraciados pueblos de la República (...) (3).

Además de mostrar claramente a qué instrumentos el gobierno de Buenos Aires era capaz de echar mano para preservar su preeminencia y el valor insignificante que asignaba al resto del país, el documento ilustra sobre la debilidad que la competencia provocaba a ambos Estados. No solamente las consecuencias aparecían en el aspecto de las relaciones exteriores, donde en el caso porteño se dilapidaban recursos para conseguir una acción negativa como postergar un reconocimiento diplomático, sino también en cuanto a la ocupación y explotación de un territorio que se dificultaba por un problema de jurisdicción.
    El enviado porteño, Juan Thompson, inició su labor mucho antes que el representante de la Confederación, Juan Bautista Alberdi. El 5 de mayo de 1855 puso su credencial en manos del ministro español Claudio Anón Luzuriaga.

  1. El decreto del vicepresidente del Carril expresaba:
        El Vicepresidente de la Confederación Argentina, considerando:
    Que ha desaparecido la situación producida por la guerra de la Independencia contra la metrópoli, y deseoso de manifestar a la Madre Patria las profundas simpatías del Gobierno de la Confederación por su Majestad Católica y por la Nación Española, a la que nos ligan vínculos de sangre, de religión y de idioma, y de mostrar al mundo que es un principio inalterable de la política argentina el de la paz y unión con las Naciones del orbe;
    Que ha llegado el momento de entablar relaciones diplomáticas con el Reino de España, cuyo comercio es tan importante en la Confederación, y su acrecentamiento por el cual hace fervientes votos el Gobierno Nacional;
    Y por último, que es necesario y conveniente manifestar a España que el Gobierno Argentino desea entrar en relaciones amistosas con su antigua metrópoli,
        Ha acordado y decreta:
    Art. 1) El Encargado de Negocios de la Confederación Argentina cerca de los Gobiernos de S.M. la Reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, y de S.M. el Emperador de los Franceses, doctor don Juan Bautista Alberdi, queda nombrado en igual carácter cerca del Gobierno de Su Majestad Católica.
    Registro Nacional de la República Argentina, tomo I, Buenos Aires, 1863, p. 376, citado en cit. en I. J. Ruiz Moreno, op. cit., p. 80.

  2. Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Buenos Aires, Estado de Buenos Aires, caja 16, cit. en ibid., p. 86.

  3. Idem, cit. en ibid., pp. 88-89.

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