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La reunión en Buenos Aires de Mitre, Urquiza y Derqui, celebrando juntos la fiesta patria del 9 de julio de 1860, no alcanzó a ocultar los problemas existentes entre los gobiernos de Buenos Aires y de la Confederación Argentina. Como ya se dijo, el acuerdo entre Derqui y Mitre llevó al primero a tomar una serie de medidas en favor del gobierno de Buenos Aires, que contribuyeron a crear un abismo entre el presidente y el gobernador entrerriano. Dos de las mencionadas medidas estaban referidas a la política exterior. El decreto del 30 de octubre facultaba al gobernador Mitre para conocer en los asuntos de orden local que pudieran suscitarse entre las autoridades provinciales y los agentes consulares extranjeros establecidos en Buenos Aires. Esta disposición violaba lo establecido en el Pacto de Unión o Pacto de San José de Flores, en el sentido de que éste señalaba expresamente que Buenos Aires no mantendría relaciones diplomáticas de ninguna clase.
    La segunda decisión fue el intento de nombrar nada menos que a Mariano Balcarce como reemplazante de Alberdi en su carácter de ministro plenipotenciario de la Confederación. Cabe recordar que Balcarce era el mismo agente porteño que había intentado arruinar las primeras gestiones de Alberdi en Madrid.
    Mientras tanto, los informes de los agentes españoles pronosticaban acertadamente la repetición del conflicto. Vale citar al respecto la opinión vertida por Carlos Creus en su despacho del 1º de marzo de 1861:

(...) se puede asegurar que de hecho la Provincia de Buenos Aires está en completa disidencia con el Gobierno Central y las demás Provincias, pues declara oficialmente que la revolución de San Juan fue justa y legítima, e ilegales los castigos; al paso que el Gobierno y las demás Provincias han repudiado la revolución y declarado legal la represión de los culpables. Es cierto que la Provincia de Buenos Aires, conociéndose débil y aislada mantiene aún un simulacro de obediencia, siguiendo sus relaciones con la autoridad superior y afectando que no hay disidencia sino una manera distinta de interpretar los artículos constitucionales que señalan los deberes y derechos respectivos del Gobierno Central y las Provincias; y es posible también que para ganar tiempo envíe sus Diputados al Congreso Federal, que ha de abrirse en 1º de abril, pero como allí será vencida por una gran mayoría, no es probable que consienta a someterse a un orden de cosas que la asimila en todo a las demás Provincias (1).

En medio de este renovado clima de tensión, el presidente Derqui quiso fortalecer el estado de las relaciones con España, y envió como ministro plenipotenciario al doctor Mateo J. Luque, con el objeto de "negociar y obtener un acto declaratario por el cual se modifique, determine y aclare el inciso 1º del artículo 7º del tratado entre la República Argentina y España en 9 de julio de 1859". El gobierno de Derqui proponía modificar la ley de nacionalidad y ciudadanía, de conformidad con la reforma introducida a la Constitución, suprimiendo de ella la facultad de optar por la del origen de sus padres, a los hijos de extranjeros nacidos en la Confederación. Las instrucciones a Luque precisaban: "debe considerarse argentino todo individuo que haya nacido en la República". Esta iniciativa recibió el beneplácito de los críticos porteños de Alberdi (2).
    Ante la próxima llegada del enviado de la Confederación y teniendo en cuenta los últimos informes provenientes del Río de la Plata, el 24 de febrero de 1861, la Primera Secretaría de Estado de Madrid elaboró un extenso memorándum en donde fijaba su posición y establecía la no participación del gobierno español en los conflictos entre Buenos Aires y la Confederación. El director de Política del Reino de España justificaba el bajo perfil adoptado por el gobierno español respecto de la guerra entre porteños y confederados en los siguientes términos:

El Gobierno de S.M. debe permanecer completamente ajeno a las cuestiones que puedan suscitarse entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires sobre si la Confederación estaba o no autorizada para comprender al referido Estado en los tratados que negoció con las potencias extranjeras. España concluyó el suyo con la Confederación Argentina. El Estado de Buenos Aires forma hoy parte de la Confederación. Nuestro tratado debe ser válido allí y causar los mismos efectos que en el resto del país. De acuerdo, pues, el Director de Política con el parecer del Negociado, juzga que debe aguardarse la llegada del agente que se anuncia de la República Argentina, para resolver este asunto como corresponde a los intereses de España (3).

Como consecuencia de lo antedicho, ninguno de los dos Estados contaría con el respaldo del Reino de España para decidir su lucha. Además, y confirmando los pronósticos del cónsul español Creus, la situación conflictiva volvía a recrudecer debido al rechazo de los diputados de Buenos Aires por el Congreso, lo que provocó la rebeldía de los senadores porteños y el peligro de una ruptura. Derqui decidió entonces postergar el viaje de Luque y le ordenó regresar desde Montevideo. El 24 de junio de 1861 comunicaba la decisión al gobernador Mitre en estos términos: "En el próximo vapor espero a Luque, quien a más de ser un voto, es un buen auxiliar. Suspenderá su viaje a España por el tiempo que sea necesario para salir de esta crisis, en que se está quizá jugando la unión, que tantos desvelos y tantos sinsabores nos cuesta ya" (4).
    Las hostilidades entre los ejércitos de Buenos Aires y los de la Confederación ciertamente trajeron molestias a los residentes españoles, tal como lo atestiguaba el 21 de agosto el vicecónsul Carlos Casares respecto de Buenos Aires:

En el estado de agitación militar en que se halla este país, el Gobierno ordena continuas levas de gente en la campaña a fin de presentar un Ejército lo más numeroso posible, y las autoridades subalternas, deseosas de acreditar su celo, remiten a disposición de la Inspección de Armas todas aquellas personas que pueden ser habidas bajo cualquier pretexto, por insignificante que sea, sin tener en cuenta si son nacionales o extranjeros.
Muchos súbditos de S.M., ya por carecer de su carta de nacionalidad, por delitos muy leves o por meras calumnias, han sido destinados por los Jueces de Paz, sin previa formación de causa, a servir en el Ejército.
Presentadas por este Consualdo de mi cargo interino las reclamaciones convenientes, tengo la satisfacción de manifestar a V.E. que todas ellas hasta ahora han sido debidamente atendidas y dado resultado apetecido, obteniendo que unos fuesen puestos en libertad y que otros pasasen a disposición de los tribunales para ser juzgados con arreglo a la ley (5).

Finalmente, chocaron los ejércitos porteño y confederado el 17 de septiembre de 1861 en los campos de Pavón. El resultado final, la victoria de Mitre sobre Urquiza, abriría un nuevo capítulo en la historia argentina y de las relaciones hispanoargentinas.

  1. AMAE, legajo 1791, citado en I. J. Ruiz Moreno, op. cit., p. 283.

  2. Ibid., p. 280.

  3. AMAE, legajo 196, citado en ibid., p. 282.

  4. Archivo del General Mitre, op. cit., tomo VII, p. 93, citado en ibid., p. 285.

  5. AMAE, legajo 1348, citado en ibid., p. 290.

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