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Capítulo 27: Las relaciones exteriores con los países europeos y con los países vecinos

Como ya se dijo en el capítulo anterior, la cuestión de las relaciones exteriores con las potencias extranjeras fue relevante para el gobierno de la Confederación. De alguna manera éste debía encontrar la fórmula para contrarrestar el poder de Buenos Aires, basado en la solidez de su economía por el control del puerto y de la aduana.
    Cuando las noticias de la secesión de la provincia de Buenos Aires respecto de la Confederación y la consiguiente formación de dos "Estados" llegaron a conocimiento de los gobiernos de los principales países de Europa y de Estados Unidos, éstos decidieron otorgar credenciales dobles a los nuevos agentes destinados a la zona y se dejó a criterio de los diplomáticos la decisión de ante quién o de qué modo harían la presentación correspondiente.
    Los intereses comerciales en juego que los representantes extranjeros tenían obligación de proteger además de las condiciones de la ciudad de Buenos Aires, en comparación con la provinciana Paraná, fueron, como ya se señalara, factores que inclinaron a los diplomáticos y cónsules a preferir fijar su residencia en la capital porteña. Prueba de ello fue el caso del nuevo ministro francés Auguste Le Moyne, quien llegó al Río de la Plata a fines de 1853 acreditado ante los gobiernos de Buenos Aires y Paraná. Inmediatamente fijó su residencia en la ciudad porteña y cuando fue invitado por las autoridades de Paraná a trasladarse a ésta respondió "que no podía dejar la Ciudad a menos que se lo ordenase su propio gobierno" (1). En realidad el desaire de Le Moyne fue deliberado porque en lugar de acudir personalmente para la ratificación de los tratados de comercio y navegación envió a Paraná a su secretario. El gobierno de Paraná se negó a recibir a éste (2).
    A fines de 1854, se produjo el arribo de un nuevo ministro norteamericano también con la doble representación. Luego de una corta visita a Paraná para hacer la presentación de sus credenciales e intercambiar la ratificación de los tratados de navegación y comercio, estableció su residencia en Buenos Aires. El caso del representante brasileño acreditado ante el gobierno de Justo José de Urquiza fue semejante. Luego de la revolución de septiembre permaneció en Buenos Aires, y, si bien no tenía carácter oficial, mantenía con el gobierno porteño y especialmente con el ministro de relaciones exteriores una relación amistosa, ocupando un lugar de privilegio en los actos oficiales. La situación se oficializó a principios de 1855, cuando Brasil nombró un encargado de negocios ante el gobierno de Buenos Aires. Por último, el encargado de negocios británico, Robert Gore, quien fue expulsado de Buenos Aires a principios de 1853, se estableció en Montevideo y sólo muy de vez en cuando se trasladaba a Paraná (3). Consciente de la situación planteada y con el agravante de sus escasos recursos, el gobierno de la Confederación tuvo que trabajar en todos los frentes posibles para consolidar su posición.

  1. Graham a Marcy, 15 de mayo de 1854, M 69-10, Nº 1, citado en James R. Scobie, La lucha por la consolidación de la nacionalidad, 1852-1862, Buenos Aires, Hachette, 1964, p. 114.

  2. Gore a Clarendon, 15 de abril de 1854, FO 6, vol. 185, Nº 34, confidencial, citado en ibid., p. 114.

  3. Ibid., pp. 113-114.

 

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