El gobierno de la Confederación no tenía
recursos para ofrecer algún plan de pago a Londres como lo hacía el Estado de Buenos
Aires. Pero estaba dispuesto a ganarle de mano al último obteniendo el reconocimiento
británico. Juan Bautista Alberdi había sido nombrado, como sabemos, ministro
plenipotenciario de la Confederación ante los gobiernos de Inglaterra y Francia, con la
misión de aclarar la confusión existente respecto de las pretensiones de autonomía de
Buenos Aires. Pasó primero por los Estados Unidos, donde pudo conversar con el secretario
de Estado Caleb Cushing y el presidente Franklin Pierce, y obtuvo seguridades de que ese
país nunca reconocería la independencia de la provincia de Buenos Aires (1). Con cartas
de recomendación norteamericanas para la corte de St. James, Alberdi partió para Londres
donde arribó en julio de 1855. No pudo entrevistar al canciller Clarendon inmediatamente
porque éste se encontraba en Francia, resolviendo los problemas relacionados con el fin
de la guerra de Crimea.
Cuando Alberdi pudo reunirse con el canciller británico en septiembre
de 1855, el primero contaba con un nuevo suceso perjudicial para Buenos Aires y que no
dejó de utilizar como carta de negociación: la polémica entre el gobernador Alsina y el
ministro brasileño Amaral, efectuada el 28 de junio de dicho año, por el cruce de buques
de guerra brasileños a través del Paraná, ante el cual el jefe del gobierno porteño
protestó. El enviado de la Confederación aprovechó entonces para demostrar que su
gobierno, a diferencia del porteño, no hacía cuestión respecto de si los buques de
guerra que surcaban el Paraná tenían cañones o no. Como consecuencia de la polémica
Alsina-Amaral o del poder de convicción de Alberdi, Clarendon dio al enviado de la
Confederación la seguridad de "que la política del gabinete británico en el Río
de la Plata, será la misma que hasta aquí en orden de no reconocer más gobierno
nacional argentino, que el ejercido hoy por V.E. en nombre de la Confederación" (2).
Además Clarendon prometió tratar de unificar la política británica con la francesa en
el Río de la Plata. En consecuencia aconsejó al gobierno británico retirar a su
encargado de negocios de Buenos Aires y sugerir al gobierno francés la misma actitud.
El gobierno francés no fue tan receptivo a los argumentos de Alberdi
como lo había sido el gobierno británico. Mariano Balcarce, yerno de San Martín, se
había ocupado de los asuntos de Buenos Aires en Europa desde la época de Rosas y era en
ese momento agente no oficial del gobierno porteño. Las considerables inversiones
francesas en la provincia de Buenos Aires y los numerosos franceses residentes en ella
hacían que el gobierno francés deseara mantener relaciones diplomáticas con el gobierno
porteño. No obstante la presión de Londres y los compromisos de Francia con Inglaterra
derivados de su alianza en la guerra de Crimea hicieron que Francia decidiera un cambio en
su política en el Río de la Plata. En febrero de 1856 se dieron órdenes de llamar a
Auguste Le Moyne de Buenos Aires y de acreditar un nuevo ministro, Charles Lefebvre de
Bécour, ante el gobierno de la Confederación (3).
Alberdi había ganado una importante batalla contra el Estado de Buenos
Aires, aunque no la guerra. Había obtenido la retirada de los diplomáticos acreditados
ante el gobierno de Buenos Aires y había logrado el consentimiento de los Estados Unidos,
Gran Bretaña y Francia para reconocer a la Confederación como el único gobierno
soberano de la Argentina. Alberdi permanecería en Europa como ministro de la
Confederación ante Inglaterra y Francia hasta 1860, y se ocuparía además de negociar
los tratados con España -como se vio en el capítulo anterior- y con el Vaticano.
Alberdi había llegado a los Estados Unidos con una carta personal de recomendación de su amigo William Wheelwright para el secretario de Estado Caleb Cushing. Alberdi había entablado amistad con Wheelwright en Chile y había defendido a la compañía de navegación de éste en varios asuntos legales. Ver J.R. Scobie, op. cit., p. 166, n. 104.
Alberdi a Urquiza, 7 de septiembre de 1855, AGN-AU, citado en J.R. Scobie, op. cit., p. 167.
Ibid., p. 167.
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