Visite nuestra página principal

El giro de la diplomacia británica hacia el Estado de Buenos Aires

La falta de receptividad a los pedidos del enviado británico en Paraná contrastaban con la nueva disposición adoptada por el gobierno porteño. En junio de 1857 llegaba a Buenos Aires un tercer agente de la casa Baring, George White, dispuesto a volver a Londres con el pago de la deuda. Norberto de la Riestra, que había conservado la cartera de hacienda porteña con el arribo al gobierno de Valentín Alsina, aceptaba ahora pagar intereses por los servicios atrasados, cuestión que había sido la manzana de la discordia entre de la Riestra y Giro y causa del fracaso de la misión de éste. Por cierto, el cuadro de situación era complicado para el gobierno porteño: la llegada de Alsina al gobierno de Buenos Aires fue repudiada por el gobierno de Paraná, que confiado en una alianza con Brasil, estaba decidido recurrir a las armas contra la disidencia porteña. Este cuadro obligaba a las autoridades porteñas a adquirir a cualquier precio el apoyo inglés. De la Riestra aceptó el plan de White: los intereses vencidos se canjearían por bonos pagaderos anualmente a un interés del 1, 2 y 3% según los plazos. Bonos diferidos por 15.000.000 de libras, garantizados por la entrada de la aduana, cubrirían la deuda. Para el 27 de septiembre de 1857, White informó a Christie que "el negocio está virtualmente concluido" (1).
    No obstante los problemas con el gobierno de Paraná, Christie se decidió a tomar la iniciativa de invitar a Urquiza y a Alsina a negociaciones conjuntas. Pero los sondeos al efecto realizados en Buenos Aires no fueron bien recibidos. Alsina hizo saber a Christie que se acusaba a Urquiza de connivencia con las invasiones de indios al sur de la provincia de Buenos Aires. Ante la falta de respuesta de Buenos Aires, Urquiza decidió entonces proponer negociaciones directas. El 9 de diciembre de 1857, el ministro del interior Derqui dirigió una nota oficial de carácter conciliador. Se ofrecía la cooperación en la defensa contra los indios y se invitaba a la provincia a analizar la Constitución de 1853. La respuesta de Buenos Aires fue escueta: no se consideraba apropiado por el momento revisar la constitución y en todo caso se aceptaría el envío de un representante de la Confederación para discutir los problemas. Urquiza hizo saber a Christie que estaba muy disconforme con la respuesta de Buenos Aires. Christie propuso entonces una entrevista entre Urquiza y Alsina a bordo de un buque de guerra británico, pero Urquiza dejó la respuesta en manos del vicepresidente del Carril, en quien en ese momento delegaba el mando (2).
    A su vez, un hecho todavía más disfuncional que la actitud del gobierno de Buenos Aires ante los intentos mediadores de Christie fue el anuncio de que Francia recibiría a un agente diplomático de Buenos Aires, reconociendo de ese modo la soberanía internacional porteña. Francia había desempeñado un papel pasivo durante el apoyo activo proporcionado por Gran Bretaña a la Confederación durante los años de 1856 y 1857. Pero a comienzos de 1858, el canciller francés había expresado a Mariano Balcarce, representante no oficial del gobierno porteño en París, que si su gobierno deseaba acreditarlo como agente diplomático, sería recibido por Napoleón III. La documentación le fue enviada a Balcarce inmediatamente de conocida en Buenos Aires la disposición del gobierno francés (3).
    La ruptura entre el gobierno de la Confederación y el de Buenos Aires parecía inminente. El vicepresidente del Carril, partidario de una solución pacífica con Buenos Aires, consideró que el nombramiento diplomático de Balcarce ponía fin a las negociaciones. Además Urquiza había declarado repetidamente que "en la eventualidad de que Buenos Aires se declarase independiente o ejecutara cualquier acto equivalente a una declaración de independencia, emplearía inmediatamente la fuerza" (4). Incluso, el contexto de las desavenencias entre ambas partes se complicó todavía más con la rivalidad entre del Carril y Derqui por alcanzar el apoyo de Urquiza para la candidatura a la presidencia de la Confederación.
    De acuerdo con José María Rosa, la influencia inglesa buscaba el acercamiento con Salvador María del Carril, cuyo grupo era partidario de la unión con Buenos Aires. Del Carril, amigo de Alsina en el exilio y amigo de Rivadavia, era un hombre bien visto en Buenos Aires. En cambio, el grupo vinculado a Derqui explotaba el despecho de Urquiza con los porteños y fomentaba la disidencia entre ambos Estados. Pero según Gorostegui de Torres y Ruiz Moreno, la existencia de negociaciones entre Derqui y Mitre a espaldas de Urquiza demostraría que las posiciones "derquistas" y "carrilistas" que señala Rosa no eran tan lineales desde el punto de vista ideológico. Mas bien configuraban posturas bastante confusas, dispuestas a cambios estratégicos, más de acuerdo con las cambiantes necesidades de la coyuntura política que de las convicciones ideológicas.
    De acuerdo con el análisis de Rosa, la influencia inglesa favorecía a del Carril pues aquélla buscaba desde noviembre de 1857 el acercamiento a Buenos Aires. La diplomacia británica habría decidido dar la espalda a Urquiza por varias razones: la posibilidad de una alianza entre éste y Brasil, que amenazaba la política de equilibrio británico; la presión de los tenedores de bonos, agradecidos a Buenos Aires; y el rechazo del Congreso de la Confederación a los reclamos de Christie por los daños sufridos por los residentes ingleses en las guerras civiles, que se habían aunado a los de italianos y franceses (5). La inclinación británica en favor de Buenos Aires se hizo explícita en agosto de 1859 cuando lord Russell reconoció a dicho Estado como beligerante con todas las leyes de la guerra y dio instrucciones de protestar enérgicamente contra el cierre de los puertos por parte del gobierno de Paraná a los buques que hubiesen hecho escala en Buenos Aires (6).

  1. White a Christie, F.O. 6/201, citado en J.M. Rosa, op. cit., p. 217.

  2. J.R. Scobie, op. cit., pp. 174-176.

  3. Christie a Clarendon, 24 de noviembre de 1857, FO 6, vo. 201, Nº 131; Alberdi a Urquiza, 7 de enero de 1858, AGN-AU, cit. en ibid., p. 176.

  4. Christie a Clarendon, 28 de octubre de 1857, FO 6, vol. 201, Nº 114, cit. en ibid., p. 177.

  5. Christie a Clarendon, 31 de marzo de 1858, F.O. 6, 206/21, citado en J.M. Rosa, op. cit., p. 253.

  6. Russell a Fagan, 8 de agosto de 1859, F.O. 6, 217/11 y 14, citado en J.R. Scobie, op. cit., p. 240, y en J.M. Rosa, op. cit., p. 270.

Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "squeda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.

Ir a página anterior Home Ir a página siguiente

© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.