Tras la caída de Rosas, el presidente del Consejo del Reino de
Cerdeña, Massimo d' Azeglio, consideró que la ocasión era propicia para reanudar los
vínculos diplomáticos con la Confederación Argentina. Consecuentemente, en abril de
1852 el gobierno sardo designó como encargado de negocios a Marcelo Cerrutti,
diplomático de carrera, que se desempeñaba como cónsul general en Río de Janeiro desde
junio de 1851. Su agente en territorio confederado, Antonio Dunoyer, mantuvo bien
informado a Cerruti respecto de la buena disposición de Urquiza hacia las legaciones
extranjeras. Cuando el entonces director provisorio de la Confederación decidió disolver
la rebelde Legislatura porteña, fue aplaudido por Dunoyer, quien en uno de los tantos
despachos enviados al encargado de negocios sardo sugirió a éste comenzar su tarea
diplomática en estos términos: "de este modo se pacificó totalmente Buenos Aires,
y según todas las apariencias gozaremos de algunos meses de tranquilidad. Según mi modo
de ver, opino ser ésta la época más favorable para tomar la iniciativa de un
tratado" (1).
El 25 de agosto de 1852 el encargado de negocios Cerruti era recibido
por el ministro de relaciones exteriores del director provisorio de la Confederación,
Luis José de la Peña, a quien insinuó la conveniencia de celebrar un tratado de
comercio y navegación. De la Peña aseguró que Urquiza estaba dispuesto a concluir dicho
acuerdo, pero debía esperarse una ocasión más propicia. El ministro señaló que:
Nada sería más satisfactorio para la República Argentina que garantir por medio de un tratado solemne las relaciones de amistad y comercio con los Estados de Su Majestad el Rey de Cerdeña; y el señor Encargado de Negocios debe estar convencido que el Gobierno Argentino hará cuando está en la esfera de sus atribuciones por que sean eternos y permanentes los vínculos que ligan a ambos Gobiernos. Pero para que esos tarbajos tengan la solidez debida, es indispensable esperar a que la obra de la organización de la República se termine. El Congreso sabe Su Señoría que va a reunirse, y ello, por lo tanto, no debe sufrir demora de consideración (2).
No obstante, la favorable disposición de las autoridades de la
Confederación por afirmar la vinculación entre ambos países se vio reflejada en el
decreto del 28 de julio, que nombraba cónsul general de la Confederación Argentina en
los Estados de S.M. el Rey de Cerdeña a don Vicente Gianello, residente en Génova.
Los favorables contactos iniciales se interrumpieron con motivo del
levantamiento armado de grupos urbanos el 11 de septiembre de 1852 en Buenos Aires. A la
espera de una definición, el agente sardo decidió a viajar al Paraguay, previo paso por
la ciudad de Corrientes, donde existía una importante colonia saboyana. Cerruti volvió a
Buenos Aires a principios de 1853, pero aquí la situación se había complicado por el
alzamiento de la campaña bonaerense a las órdenes del coronel Hilario Lagos en contra de
la ciudad porteña rebelde. Este contexto crítico sirvió de punto de partida para la
confección de los primeros puntos de la agenda de Cerruti, que se derivaban de incidentes
propios de la lucha, tales como los perjuicios a las propiedades de súbditos sardos.
Un obstáculo adicional a la ya de por sí complicada situación de
guerra civil lo constituyó la creación de una legión italiana de 300 efectivos,
que bajo el comando del coronel Silvino Olivieri y del mayor Eduardo Clerici formó en las
filas de la defensa de la ciudad de Buenos Aires, luchando en numerosas oportunidades,
pese a la advertencia del consulado de que los extranjeros debían abstenerse de mezclarse
en la lucha civil. Incluso se produjo una tentativa de asalto a la legación de Cerdeña
por un grupo de sardos, que fue impedida por la intervención de marinos franceses.
Como ya se ha explicado, la preocupación fundamental de las
autoridades de la Confederación Argentina fue tratar de impedir que las potencias
extranjeras reconociesen la existencia de Buenos Aires como Estado desmembrado y de
obtener la radicación de los agentes diplomáticos extranjeros en Paraná. Países como
Gran Bretaña, Estados Unidos y Brasil se apresuraron a acreditar sus legaciones en la
capital de la Confederación durante 1854. Pero la casa de Saboya, estrechamente vinculada
al Segundo Imperio Francés de Napoleón III, seguía la postura reticente de éste a
reconocer a las autoridades de la Confederación. Francia tenía un mismo diplomático, Le
Moyne, acreditado a la vez en Paraná y Buenos Aires, con claras instrucciones de no
inmiscuirse en la guerra civil entre los Estados de la Confederación y de Buenos Aires, y
de limitar su cometido a proteger los intereses franceses en el Río de la Plata. El
agente sardo Cerruti siguió el perfil de la política exterior francesa, y no abandonó
su residencia en Buenos Aires. Esta actitud fue la que prevaleció a pesar de la
existencia de núcleos de comunidades sardas dentro de la Confederación -casos de
Rosario, Gualeguaychú y Corrientes- y la importante presencia de marinos sardos en los
buques de cabotaje (3).
No obstante el escaso interés del Reino de Cerdeña en establecer una
legación diplomática en la ciudad de Paraná, el canciller del gobierno de la
Confederación Juan María Gutiérrez declaró el 4 de diciembre de 1854 a Cerruti los
objetivos del gobierno de Urquiza respecto de las relaciones con dicho Reino, que ahora
incluían el tratado:
Por parte de mi Gobierno hay un vivo interés en estrechar las buenas
relaciones que mantiene con el de Cerdeña, cuyo comercio es tan principal en el Río de
la Plata y en el litoral del Uruguay y del Paraná. La población sarda es muy numerosa en
esos lugares, y comprendo el deseo que debe tener el Gobierno de S.S. de prestarle la
protección consular; pero ya que confidencialmente me consulta S.S. a este respecto, me
tomo la franqueza de decirle que, puesto que el Gobierno de Cerdeña se dispone a
acreditar un agente especial cerca del de la Confederación, será entonces más oportuno
el establecimiento de los consulados, para que éstos dependan de un agente público
residente en el territorio de la Confederación, cosa tan necesaria para la regularidad
del servicio y para el mejor éxito de las gestiones entabladas por los señores
cónsules.(...)
Sería de desear que el agente diplomático de S.M. el Rey de Cerdeña trajese
instrucciones para celebrar un tratado con el Gobierno de la Confederación, para arreglar
con él definitivamente nuestras mutuas relaciones de paz y de comercio, acto que a mi
Gobierno le está recomendado por la Constitución Nacional (4).
Hasta el momento en que el tratado logró concretarse, el agente sardo
mantuvo con el ministro Gutiérrez una nutrida correspondencia oficial en términos
amistosos. Esta incluyó la felicitación del rey Vittorio Emanuele por la elección del
presidente Urquiza, que Cerruti remitió el 22 de noviembre de 1854 a Paraná.
Una de las acciones más importantes de Cerruti como agente consular
fue la construcción del Hospital Italiano de Buenos Aires, obra demandada por la
importante comunidad sarda que residía en esta ciudad. A la obra, además de su valor por
la función propia de atender las necesidades de una colectividad, le fue asignado el
objetivo político de constituir el símbolo de la soñada unidad italiana. Así lo puso
de manifiesto el propio Cerruti en un informe redactado en octubre de 1854, y lo reflejaba
la participación de piamonteses, lombardos, ligures, sicilianos, napolitanos, etc., en el
acto inaugural de dicho hospital, que tuvo lugar el 12 de marzo de ese año (5).
Isidoro J. Ruiz Moreno, Orígenes de la diplomacia ítalo-argentina, Buenos Aires, Instituto Histórico de la Organización Nacional-Fundación Rocca, 1983, p. 14.
Ibid., p. 15.
Beatriz Bosch, "Notas sobre navegación fluvial 1843-1853", en Investigaciones y Ensayos, Nº 19 de la Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 1975, citado en ibid., p. 22.
Arch. Min. Aff. Est. (Roma), Legajo 118, Istruzioni per missioni all'estero. Argentina-Inghilterra, citado en ibid., p. 22.
Ibid., pp. 27-28.
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