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El intento porteño de celebrar un tratado con el Reino de Cerdeña

El diario de Paraná, El Nacional Argentino, divulgó el texto del tratado con Cerdeña, señalando que "era un triunfo de la diplomacia del Gobierno Central sobre los esfuerzos por consolidarse ante el exterior del disidente «Estado» de Buenos Aires" (...) (1). No obstante las optimistas declaraciones de este periódico, pronto se tuvo conocimiento en el territorio de la Confederación del intento del gobierno porteño por firmar a su vez un tratado con Cerdeña. Como en el caso del tratado con España, se trataba de neutralizar el reconocimiento externo a la Confederación. Este factor, el retraso en el canje de las ratificaciones del tratado ya firmado con la Confederación y la permanencia del encargado de negocios sardo Cerruti en Buenos Aires fueron elementos que pusieron en guardia al gobierno de Paraná y llevaron incluso al canciller Gutiérrez a sospechar de la conducta observada por Marcello Cerruti.
    El detonante del celo del gobierno confederado fue el conocimiento por parte de éste de un fragmento del mensaje del Ejecutivo bonaerense a las Cámaras en mayo de 1856, que decía lo siguiente:

En 1855 la aduana de Génova impuso al buque argentino 29 de Septiembre derechos diferenciales de puerto. Nuestro Cónsul allí formalizó el competente reclamo ante el Ministerio de Relaciones Exteriores, haciendo valer la ley de Buenos Aires que exoneró de derechos de puerto a los buques que traen cierto número de emigrados, y que son sardos en su mayor parte. El Ministro se negó a las exigencias del Cónsul, fundándose siempre en que Buenos Aires no tiene tratados de comercio y navegación con Cerdeña. Medió una larga correspondencia oficial y algunas conferencias. Instruido el Gobierno de todo esto, aunque aprobó el proceder de su Cónsul, le previno que por lo que debía hacer valer era la otra ley, tan liberal, de Buenos Aires que igualó con los buques argentinos, en cuanto a derechos de puerto, a los de todas las Naciones amigas de más de 120 toneladas. Efectivamente, la alta rectitud del Gobierno de S.M. Sarda no pudo entonces desconocer la justicia que asistía al Gobierno del Estado de Buenos Aires: declaró equiparados en derechos de puerto a los buques de éste con los buques sardos, y además mandó devolver la diferencia de los que se habían cobrado al 29 de Septiembre. Con este motivo, significó el Ministro el deseo de que ínterin se celebraba un tratado, se canjease al menos una declaración que asegurase igual beneficio a los buques de ambos Estados; y el Cónsul fue autorizado por aquel Gobierno para proceder en aquel sentido (...)(2)

En cuanto las autoridades de Paraná se enteraron de las intenciones del gobierno de Buenos Aires, el canciller de la Confederación Juan María Gutiérrez protestó firmemente al sorprendido encargado de negocios de Cerdeña Cerruti, llamando su atención a través de un oficio del 27 de mayo de 1856:

El abajo firmado no puede menos que hacer notar a V.E. que la situación excepcional en que se halla hoy la Provincia de Buenos Aires relativamente a la Confederación Argentina, debe aconsejar a los Gobiernos extranjeros el no celebrar tratados de ningún género con esa Provincia, a fin de no propender a prolongar una situación que no puede ser favorable a los intereses de las Naciones extranjeras y amigas; y esto con tanta más razón que los Gobiernos de Francia e Inglaterra, aliados del Gobierno de V.E., acaban de adoptar en la cuestión pendiente entre la Confederación y Buenos Aires una política cuyos resultados deben ayudar a la reincorporación de Buenos Aires al seno de la familia argentina. El abajo firmado se permitirá también recordar a V.E. que el Encargado de Negocios de S.M. Fidelísima solicitó del Gobierno de Buenos Aires su aquiescencia al tratado celebrado entre la Confederación y Portugal, y que aquel Gobierno se negó a ello porque no consideraba que fuese prudente contraer compromisos que pudieran más tarde traer dificultades para la unión de las dos partes de la Nación Argentina. El abajo firmado desea, pues, que V.E. se sirva instruir a su Gobierno de los inconvenientes que podrían ofrecer la celebración de tratados con Buenos Aires, e indicarle que un acto de esta naturaleza consagraría una política enteramente contraria a la que acaban de adoptar las más grandes potencias europeas en favor de sus intereses mismos. El abajo firmado no cree necesario entrar en ninguna otra consideración, pues está persuadido que el Gobierno de V.E., informado hoy como debe estarlo, de la política que han adoptado los de Francia e Inglaterra, no querrá por un acto que consagre una política opuesta, hacer más difícil la unión de los pueblos argentinos, y quizá atribuir a la desmembración del territorio de la Confederación, cuya integridad debe por una política bien entendida de las Naciones extranjeras, servir a los intereses europeos (3).

Cerruti se sorprendió ante la protesta del canciller del gobierno de la Confederación. El encargado de negocios sardo le contestó al ministro de relaciones exteriores Gutiérrez que no había recibido de la Corte de Turín ninguna modificación para abolir los derechos diferenciales de puerto en favor de navíos porteños, y agregó que pondría en conocimiento del ministro del Reino de Cerdeña las observaciones efectuadas por el canciller del gobierno de Paraná, añadiendo que la correspondencia entre el cónsul de Buenos Aires y el gobierno sardo no podía alterar la prosperidad futura de la Argentina, igualmente deseada por Paraná y por Buenos Aires (4).

  1. Texto del tratado entre el gobierno de la Confederación Argentina y el Reino de Cerdeña, citado en Isidoro J. Ruiz Moreno, Orígenes de la diplomacia ítalo-argentina, Buenos Aires, Instituto Histórico de la Organización Nacional-Fundación Rocca, 1983, p. 36.

  2. Ibid., p. 42.

  3. Arch. Min. Aff. Est. (Roma), legajo 118, citado en ibid., pp. 43-44.

  4. Arch. Min. Aff. Est. (Roma), leg. 118, borrador en francés, citado en ibid., p. 44.

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