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La misión Huergo ante el gobierno de Cerdeña

Como se dijo, en julio de 1855 fue designado Delfín B. Huergo como encargado de negocios del gobierno de la Confederación Argentina ante los Estados de Cerdeña, Prusia y Portugal. Debido a la insuficiencia de medios financieros del tesoro de la Confederación, el enviado se comprometió a financiar de su propio bolsillo los gastos de su misión (1).
    Llevaba Huergo precisas instrucciones del canciller Gutiérrez: hacer conocer a la Argentina, servir "los intereses morales y materiales de esta naciente República", defender la integridad nacional contra la tendencia separatista de Buenos Aires, procurar el arribo de educadores y hombres de ciencia, informar sobre el comercio europeo, promover la inmigración. Respecto del tratado de comercio entre la Confederación y Cerdeña, Huergo era instruido en los siguientes términos:

El Gobierno de Cerdeña ha dado algunos pasos para echar las bases de un tratado de comercio con el de la Confederación. V.S. ratificará en el ánimo de aquel Gobierno la ventaja de la realización de aquel pensamiento tan útil para ambos países, y particularmente para los súbditos sardos, que en tan considerable número afluyen a los mercados del Litoral (2).

Asimismo, las autoridades confederadas aprovecharon la particular situación política del Reino de Cerdeña, donde la casa de Saboya luchaba por la unificación italiana, para asociarla con la de la Confederación Argentina, que buscaba la reincorporación de la provincia disidente de Buenos Aires. El argumento de que ambos gobiernos trabajaban por la unificación de sus estados fue utilizado por el diplomático de la Confederación en sus gestiones ante el gobierno sardo.
    Delfín B. Huergo llegó a principios de 1856 a la ciudad de París, para combinar sus esfuerzos con los efectuados por Juan Bautista Alberdi. El primero realizaría gestiones diplomáticas ante países de "segunda importancia" para el gobierno de la Confederación, en tanto Alberdi tenía a su cargo las mismas ante las "potencias de primera magnitud" -Francia, Inglaterra y España-. En ese momento tenía lugar en París el Congreso reunido para liquidar la guerra de Crimea. Huergo decidió aprovechar la presencia del presidente del Consejo gubernamental de Cerdeña, conde Camillo Benso di Cavour, para tratar de lograr una entrevista. Cavour le concedió una audiencia para mediados de marzo. En ella, el presidente del gobierno sardo se mostró dispuesto a apoyar la consolidación de un gobierno "liberal e ilustrado" como el establecido en Paraná, señaló que unificaría criterios con lord Palmerston y el conde Waleski, y prometió a Huergo un nuevo encuentro en Turín (3).
    El 9 de abril, Huergo fue recibido en la capital piamontesa con mucha cordialidad por el rey Vittorio Emanuele II. El mismo día, Huergo elevó al ministro de negocios exteriores del Reino de Cerdeña, Luigi Cibrario, un extenso memorándum, donde explicaba el estado político de la Confederación -que en opinión del enviado argentino era muy poco conocido en Cerdeña-, y trataba de destruir "las impresiones desfavorables que la tiranía de Rosas y sus excesos habían hecho sobre los que no conocen sino ese episodio desgraciadamente ruidoso de nuestra existencia política". En dicho memorándum, Huergo sostenía que Rosas había sido "el continuador de la política española en el Río de la Plata y el representante de los intereses monopolistas de Buenos Aires". Señalaba también que luego de la caída de Rosas en Caseros se había querido revertir el estado de cosas mediante derechos igualitarios sancionados en una Constitución liberal, pero Buenos Aires se había opuesto, pues veía en el fin del monopolio comercial el de su propia hegemonía política. Por esta causa dicha Provincia se había alzado contra las autoridades establecidas en Paraná.
    La segunda parte del memorándum estaba destinada a mostrar los beneficios que el gobierno de la Confederación acordaba al tráfico extranjero, con ventajas mutuas; beneficios que corrían serio peligro si Buenos Aires llegaba a ser reconocido como Estado independiente. También señalaba el documento que el gobierno de la Confederación prefería no someter por la fuerza a la provincia disidente, esperando que la reflexión condujera al gobierno bonaerense a incorporarse de manera espontánea al resto de la Confederación. En su parte final, el memorándum señalaba al canciller sardo que los gobiernos de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos habían destacado sus agentes diplomáticos solamente ante el gobierno de Paraná, para apoyar sus planes de progreso, y exhortaba a las autoridades del Reino de Cerdeña a imitar aquella actitud, puesto que las autoridades de la Confederación estaban dispuestas a evitar el desmembramiento territorial: una minoría de 250.000 pobladores -tal la población de Buenos Aires- no podía imponer su voluntad a la de trece provincias con 1.500.000 habitantes (4).
    No obstante la buena disposición de las autoridades sardas -evidenciada en una segunda entrevista entre Huergo y Cavour el 9 de mayo de 1856-, no se registraron avances sustantivos respecto de la instalación de un agente sardo en Paraná. Huergo comunicó el resultado de sus gestiones a Alberdi para que éste hiciera lo posible desde París y Londres. Por su parte, Alberdi había instado al gobierno de la Confederación a adoptar una actitud enérgica frente a los gobiernos que mantenían simultáneamente una doble representación en la Confederación y Buenos Aires, sugiriendo el retiro de tales enviados de la ciudad porteña. Ya en marzo de dicho año, Alberdi había expresado al canciller Gutiérrez:

Si Inglaterra, Francia y los Estados Unidos ven que la Confederación tolera al Brasil, a Cerdeña, a Portugal, sigan en relaciones diplomáticas con Buenos Aires, los agentes de los grandes poderes, el día que se sientan aburridos en Paraná dirán a sus Gobiernos que es tontería no hacer como hacen los poderes secundarios. Para con éstos, o todo o nada.

En mayo de 1856, reiteraba Alberdi al ministro Gutiérrez:

El Gobierno sardo, como todos los de segundo orden, cambiará cuando se manifieste la actitud acordada por las grandes Naciones. Si no lo hace, nuestro Gobierno Argentino debe compelerlo a obrar así o cerrar todo trato con ellos. Si autoriza en los débiles lo que no autoriza en los fuertes, éstos invocarán el precedente seguido para los otros el día que les interese cambiar de conducta(5).

Desde París, Huergo reclamó a Cavour a través de una nota del 29 de mayo el retiro del encargado de negocios Cerruti de Buenos Aires, en beneficio del comercio mutuo y "para evitar las perturbaciones que podrían resultar de una política contraria a las relaciones oficiales con mi Gobierno (...)(6)" El canciller Gutiérrez, haciéndose eco de la tesitura alberdiana, urgía desde Paraná a Huergo por una definición del gobierno sardo respecto de retirar su representación diplomática de Buenos Aires. Asimismo, le transmitía su preocupación por la eventual firma de un tratado entre Buenos Aires y Cerdeña, y el 28 de junio le encargó protestar por el armamento de súbditos sardos en territorio bonaerense -la legión agrícola-militar que bajo el mando de Silvino Olivieri se movilizó en 1856 para fundar Nueva Roma en las cercanías de Bahía Blanca- (7).
    De acuerdo con las instrucciones de la cancillería del gobierno de Paraná, Huergo explicitó ante las autoridades sardas su molestia por la aparente intención del gobierno de Turín de celebrar un convenio con el Estado de Buenos Aires, pues el mismo significaba "el reconocimiento implícito de una independencia que Buenos Aires no ha reclamado ni puede reclamar". La firma de dicho tratado, sugería Huergo, implicaría "complicaciones funestas a los intereses del comercio sardo, y sería además una ofensa gratuita al Gobierno General Argentino". El enviado de la Confederación también denunció el armamento de una legión de italianos en la ciudad porteña, la dilatada espera de una resolución respecto de la residencia definitiva de la legación de Cerdeña en la Confederación Argentina y la permanencia del encargado de negocios Cerruti en Buenos Aires.
    Huergo no dejó de señalar que tanto el Imperio del Brasil como la República de Chile se habían opuesto a todo acto que implicase el desmembramiento de Buenos Aires respecto de la Confederación, y que Buenos Aires, si bien estaba transitoriamente separada del resto de la Confederación, no era un país distinto de la última. Finalizaba Huergo exhortando a las autoridades sardas a otorgar un testimonio concreto de amistad hacia la Confederación, acreditando únicamente a su encargado de negocios en Paraná, como el resto de las potencias lo hiciera (8).
    Al no obtener una respuesta satisfactoria de la corte de Turín, Huergo abandonó París el 4 de septiembre para trasladarse a Berlín y continuar allí sus gestiones en pro del reconocimiento del gobierno de Paraná. Hallándose en la capital prusiana, el enviado del gobierno de la Confederación recibió la respuesta de Cavour, fechada el 31 de agosto de 1856, dando plena satisfacción a sus requerimientos, pues el jefe del gobierno saboyano comunicaba a Huergo el cese de los contactos diplomáticos con la provincia de Buenos Aires y el traslado de la residencia del encargado de negocios del Reino de Cerdeña a Paraná. El propio Cavour aclaraba que dicha medida había sido muy meditada y se había tomado previendo que la misma no afectara a los súbditos sardos establecidos en Buenos Aires y al "comercio floreciente que existe entre los Estados Sardos y aquella Provincia". Por consiguiente, si bien las autoridades saboyanas ordenaron el cese de las funciones de Marcello Cerruti como encargado de negocios en Buenos Aires, mantuvieron el consulado en dicha ciudad porteña y la permanencia de un agente consular bonaerense en Génova. El conde de Cavour esperaba que las autoridades de la Confederación comprendiesen que la casa de Saboya no podía dejar de proteger a millares de súbditos y renunciar al activísimo comercio de la marina mercante sarda en Buenos Aires. La existencia en este último Estado de "una autoridad que gobierna de hecho independientemente del poder soberano de la Confederación", le daba, según Cavour, la capacidad de adoptar represalias en perjuicio de los súbditos sardos.
    Cavour también señalaba que hasta el momento se había observado una posición de estricta neutralidad acorde con la mantenida por las grandes potencias, pues el Rey no había considerado prudente innovar respecto de la política de éstas. Por lo tanto, la decisión de producir un vuelco en la actitud hacia el gobierno de la Confederación se llevaba a cabo luego de que Francia e Inglaterra lo hubieran realizado primero. Decía el ministro:

Pero siendo ahora plenamente establecido que por parte de las Cortes de Francia e Inglaterra, aunque no de los Estados Unidos, se ha llevado a efecto la determinación de romper las relaciones diplomáticas con la Provincia separada de Buenos Aires, y de establecer en Paraná la residencia de sus representantes, no hesita el Gobierno del Rey en valerse de esta variada condición de cosas para adherirse a las vistas de la Confederación Argentina. Me complazco en consecuencia en anunciar a S.S. que el Encargado de Negocios de Su Majestad cerca de los Gobiernos del Plata, recibirá la orden de cesar sus relaciones diplomáticas con el Gobierno de Buenos Aires y de establecer su residencia oficial en la ciudad de Paraná, tan pronto como pueda tomar a este fin las disposiciones necesarias para proveer a la gestión de sus funciones consulares, cuyo desempeño depende de él en su calidad de Cónsul General (9).

Respecto de las relaciones comerciales entre Cerdeña y Buenos Aires, Cavour explicaba a las autoridades de Paraná que eran simplemente recíprocas en los hechos -como la legislación de la Confederación lo garantizaba- y no iban a regularse por medio de un tratado. En lo referente a la existencia de la legión italiana, Cavour sostuvo que sería formada por súbditos de varios Estados de la península y comandada por un italiano que no era sardo -Olivieri era natural de Abruzzi-, por lo que cualquier intento por desarmar dicha legión habría fracasado. Finalmente, el que sería uno de los artífices de la unificación italiana afirmaba al enviado Huergo tener confianza en que las resoluciones de su gobierno y sus explicaciones satisficieran al gobierno de Paraná y obraran "para destruir plenamente aquellos temores que, según S.S. me escribe, habríanse concebido sobre nuestras intenciones (...) (10)".
    Huergo acusó recibo del despacho de Cavour desde Berlín el 15 de septiembre de 1856, mencionando los beneficios que se derivarían para el Reino de Cerdeña de apoyar la política del gobierno de Paraná, y las consecuencias positivas tanto para la Confederación como para la provincia de Buenos Aires del hecho de que las grandes potencias no persistieran en su anterior política.
    Las gestiones del enviado Huergo también fueron exitosas en Berlín, donde obtuvo del gobierno de Prusia el nombramiento del primer agente diplomático alemán ante el gobierno de Paraná, Hermann von Gülich.
    Finalmente, dificultades financieras insalvables para el gobierno de la Confederación forzaron a principios de 1857 a dar por concluida la misión de Huergo. No obstante, lo conseguido por Huergo constituía todo un éxito del gobierno confederado en su puja con el de Buenos Aires por obtener el reconocimiento del gobierno de Cerdeña. El 22 de octubre de 1857, Gian Battista Cerruti, hermano de Marcello, fue ascendido como applicato consolare de 1ª clase y asumió la titularidad del Consulado General en Buenos Aires, mientras Marcello Cerruti, quien había renunciado como encargado de negocios sardo en la capital porteña, se trasladó a asumir dicho cargo en Paraná.

  1. Gabriela Lapido y Beatriz Spota de Lapieza Elli, "La misión Huergo ante Portugal, Cerdeña y Prusia", Boletín Nº 16-17 del Instituto de Historia Argentina de la Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires, 1968, p. 3, citado en ibid., p. 45.

  2. Francisco Centeno, Virutas históricas, Buenos Aires, 1929, tomo I, p. 85, citado en ibid., p. 46.

  3. Gabriela Lapido y Beatriz Spota de Lapieza Elli, op. cit., p. 13, citado en ibid., p. 48.

  4. Idem, pp. 15-18, citado en ibid., p. 49.

  5. Jorge Mayer y Ernesto A. Martínez, Cartas inéditas de Juan Bautista Alberdi, Buenos Aires, 1953, pp. 60 y 93, citado en ibid., p. 54.

  6. Arch. Min. Relac. Ext. (Buenos Aires), Confederación, caja 32, copia, citado en ibid., p. 54.

  7. Estanislao Zeballos, Callvucurá y la dinastía de los Piedra, parágrafo XX-XXIV, Buenos Aires, 1884, citado en ibid., p. 54.

  8. Arch. Min. Relac. Ext. (Buenos Aires), Confederación, caja 32, copia del oficio datado en París el 17 de agosto de 1856, citado en ibid., p. 62.

  9. Ibid., pp. 62-63.

  10. Ibid., p.63.

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