La inminencia de una guerra entre Paraguay y el Imperio parecía
amenazar la paz de la región en 1857. La reglamentación fluvial establecida por el
presidente paraguayo Carlos Antonio López prácticamente invalidaba lo estipulado en el
tratado de abril de 1856. Sin embargo, el Imperio estaba dispuesto a cerrar este episodio
en forma pacífica, y envió a José María da Silva Paranhos, que acababa de dejar el
ministerio de relaciones exteriores, en misión ante la Confederación y Paraguay.
Previamente, y consciente de los temores abrigados por el gobierno
porteño respecto de una eventual alianza entre la corte de Río de Janeiro y Paraná
contra el Estado disidente, el 10 de octubre de 1857 Paranhos pasó por Buenos Aires y en
contacto con sus autoridades aseguró la neutralidad del Imperio en las disidencias entre
el gobierno porteño y el confederado, señalando el carácter pacífico de su misión al
Paraguay.
El 14 de octubre el plenipotenciario imperial pasó a Concepción del
Uruguay y luego a San José, donde permaneció una semana con Urquiza a solas como había
sucedido el año anterior con Abaeté. Paranhos estaba interesado en concluir una
convención fluvial para la navegación en común de los ríos Paraná, Paraguay y
Uruguay, un tratado de extradición de criminales y esclavos, y otro de límites.
Concluidas sus conferencias con Urquiza, el enviado brasileño se dirigió a Paraná, pero
aquí la firma de los tratados se demoró hasta la llegada del buque que conducía al
barón de Mauá.
La convención sobre navegación y comercio de los ríos fue firmada el
20 de noviembre de 1857 y ratificaba la de Abaeté del año anterior: la libre navegación
fluvial de los estados ribereños del Plata se hacía extensiva a los buques de guerra.
Pero la propuesta brasileña de la firma de los tratados había sido admitida por Santiago
Derqui, ministro del interior, y Bernabé López, ministro de relaciones exteriores del
gobierno de la Confederación, como precio aceptable a cambio de 300.000 patacones que
ofrecía el Imperio. Consecuentemente, el 27 de noviembre de 1857, en el despacho del
ministro de relaciones exteriores, Paranhos firmaba el protocolo del empréstito
solicitado por el gobierno de Paraná, convenido y prometido en San José a nombre del
emperador, para auxiliar a su "antiguo aliado y amigo", evocando los tiempos de
Caseros, dadas las "circunstancias actuales de su administración y hacienda"
-en explícita referencia a la angustiosa situación financiera del gobierno de la
Confederación-. Las autoridades del Imperio liberaban a las de Paraná el monto de
300.000 patacones en seis mensualidades a contar desde el 1º de diciembre de 1857. La
primera cuota subiría a 100.000 patacones y las restantes se reducirían a 40.000 cada
una. Este protocolo fue confirmado por un tratado firmado al día siguiente 28 de
noviembre (1).
El empréstito se complementó con la fundación de un banco de
emisión y descuento, a cargo del financista brasileño barón de Mauá. El banco abrió
sus puertas en la ciudad de Rosario el 2 de enero de 1858 y el gobierno de Urquiza creyó
que con esta operación habían concluido las penurias financieras de la Confederación.
Sin embargo, pronto llegó la decepción, pues el oro extraído del banco era transferido
a Buenos Aires donde la tasa de interés era mayor. En consecuencia, los descuentos
debieron ser suspendidos para evitar favorecer a los porteños.
A su vez, el tratado de extradición fue firmado el 14 de diciembre de
1857 y, en contradicción con la Constitución de 1853, el gobierno de Paraná aceptaba
que los esclavos brasileños no perdieran su condición de tales por el solo hecho de
pisar suelo argentino. Finalmente, por el tratado de límites, la Argentina renunciaba a
cualquier pretensión sobre Misiones al oeste de los ríos Pepirí Guazú y San Antonio.
La prensa confederada mantuvo en un comienzo un discreto silencio sobre la negociación.
Los convenios fueron ratificados rápidamente por Urquiza y el emperador. Sin embargo, el
Congreso de Paraná tardó en aprobarlos pues lo hizo recién en julio y septiembre de
1858 en sesiones reservadas. No obstante, debe aclararse que los tratados de extradición
y límites finalmente no se canjearon. Al enfriarse las relaciones de Urquiza con el
Imperio, debido al incumplimiento de la promesa de éste de ayudar en una guerra contra
Buenos Aires, el presidente argentino decidió no hacer el intercambio. El único convenio
que entró en vigencia fue el navegación, cuyo canje de ratificaciones fue realizado el
20 de julio de 1858 (2).
Como ya se mencionara, la prensa confederada había mantenido silencio
mientras se llevaban adelante las negociaciones con vistas a los tratados de Paraná. Pero
una vez conocido su contenido, el tratado de límites -que invocaba el principio del uti
possidetis netamente favorable a las apetencias brasileñas- fue atacado por el
Congreso y la prensa de la Confederación. El periodista Carlos Bouquet, desde El
Imparcial de Córdoba, criticó el tratado de límites con especial virulencia,
afirmando que "nos despoja de una gran porción de territorio, 4500 leguas", y
señalando a Derqui como el responsable de este despojo (3). Esta repercusión, sumada a
la presión parlamentaria en ascenso, hizo a Derqui ceder posiciones y finalmente, como ya
se dijo, los tratados de límites y de extradición de esclavos, claves para los intereses
brasileños, no fueron canjeados. Paranhos y la diplomacia del patacón en cierta forma
habían fracasado.
R.J. Cárcano, op. cit., pp. 403-404, y J. M. Rosa, op. cit., pp. 235-236.
J.M. Rosa, op. cit., pp. 233-235.
El Imparcial, Córdoba, 22 y 30 de octubre de 1858, citado en R.J. Cárcano, op. cit., p. 409.
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