El Imperio necesitaba un tratado que
mantuviese el statu quo en el equilibrio de poder rioplatense y a la vez fijara la
posición internacional del Estado uruguayo como una nación independiente, dado que desde
la convención de 1828 los acuerdos firmados respecto de la cuestión oriental hacían
aparecer a Uruguay como un actor pasivo, dependiente de la voluntad de sus vecinos en el
Plata.
Por su parte, las autoridades de la Confederación querían ir más
allá del mantenimiento del statu quo. Buscaban la alianza de Uruguay y Brasil para
doblegar a la díscola Buenos Aires, y el hecho de haber propuesto estos países
conversaciones conjuntas en Río de Janeiro aparecía como una puerta abierta a los
representantes argentinos. A comienzos de mayo, Luis José de la Peña, vinculado con los
renovados intentos de lograr la asistencia del Uruguay, fue nombrado plenipotenciario en
Montevideo y Río de Janeiro. En ese momento Paranhos regresaba de su larga y fructuosa
misión en el Río de la Plata y de la Peña lo acompañó hasta Montevideo. Las largas
entrevistas mantenidas por los políticos de Paraná con el representante brasileño
permitían suponer que éste podía recomendar a su gobierno un cambio de política,
otorgando el apoyo que la Confederación necesitaba (1).
La finalidad manifiesta que la Confederación perseguía pues con la
misión de la Peña era arreglar con Brasil la cuestión de las relaciones con Uruguay,
pero el objetivo principal era lograr una alianza con aquél contra Buenos Aires, y esto
paradójicamente no era secreto ya que fue comentado a los agentes extranjeros acreditados
en Paraná (2). El hecho de que las autoridades de la Confederación tuvieran bastante
confianza en el resultado positivo de la misión quedó demostrado por la falta de apoyo
manifestado al representante británico Christie, quien hizo un postrer esfuerzo de
mediación entre las partes en los últimos meses de 1858, antes de retirarse del país.
La situación favorable a la Confederación se vería aún más incrementada cuando a
principios de 1859 apareciera Paraguay como potencial aliado (3).
En el lapso de seis meses, en la segunda mitad de 1858, la misión de
la Peña trató denodadamente de lograr la ayuda brasileña contra Buenos Aires pero sin
poder ofrecer al Imperio nada a cambio. Este impedimento se vio reforzado al haber
recibido los representantes británico y francés en Río de Janeiro, a comienzos de mayo,
la orden de presionar al gobierno brasileño de abstenerse de intervenir en los asuntos
internos de la Argentina (4).
Durante el tiempo que de la Peña permaneció en Montevideo, el enviado
de la Confederación recibió seguridades del ministro Paranhos de que éste movería su
influencia en la Corte para obtener la ayuda para las autoridades de Paraná. Pero una vez
en Río de Janeiro, de la Peña debió esperar que el ministro de relaciones exteriores
hiciera el nombramiento del representante brasileño que debía negociar con el enviado
argentino y con Andrés Lamas, ministro uruguayo ante la Corte de Brasil. De la Peña fue
recibido oficialmente el 7 de agosto y los representantes brasileños recién fueron
elegidos el 19 de octubre. En el ínterin, el enviado del gobierno de Paraná fue
entretenido con el planteo de diversas cuestiones, tales como la noticia de la expedición
naval norteamericana contra Paraguay; declaraciones en favor de una alianza mutua contra
Buenos Aires; factibilidad de una cuádruple alianza, incluido Paraguay; y el nuevo
conflicto entre Brasil y Uruguay por los tratados de comercio (5).
A la vez, un nuevo obstáculo se presentó a la misión de la Peña
cuando la cámara de Diputados del Congreso de Paraná decidió postergar para el año
siguiente la consideración de los tratados sobre límites y extradición, firmados el
año anterior con el ministro Paranhos. El representante brasileño en Paraná Amaral hizo
entonces uso de toda la presión diplomática para lograr que se revirtiera la decisión.
El representante británico Christie dejó un significativo testimonio de lo sucedido en
su informe:
M. Amaral (ministro brasileño ante la Confederación) había informado anteriormente a su gobierno que temía que no se promulgase la Convención o por lo menos que se la demorase, y recibió con el tiempo instrucciones de declarar en la forma más enérgica al General Urquiza y a su gobierno que el Gobierno del Brasil no entablaría negociaciones con el Señor Peña mientras las Convenciones no fuesen aprobadas. Cartas personales al mismo efecto fueron escritas al General Urquiza desde Río por estadistas que tienen relaciones amistosas con él.
El 27 de septiembre (las sesiones iban a cerrar el 30) la Cámara de Diputados aprobó una resolución por la cual se posponía hasta la próxima sesión la consideración de las Convenciones. M. Amaral fue inmediatamente a ver al general Urquiza y le leyó las instrucciones que había recibido. El General Urquiza le dijo de no prestar atención a lo que había sucedido, que los Diputados eran muchachos y que lo que habían hecho podía ser deshecho y que las Convenciones serían aprobadas antes de la clausura de las sesiones. Al día siguiente la Cámara de Diputados rescindió su voto de postergación, y las Convenciones fueron rápidamente aprobadas por ambas Cámaras (6).
A comienzos de octubre de la Peña tuvo algunos indicios de que su
misión comenzaba a progresar, pero unas semanas después su expectativa se debilitó al
enterarse de que los representantes brasileños nombrados para las negociaciones eran
Paranhos y Soares de Souza, vizconde del Uruguay, ambos contrarios a la política de la
Confederación. Paranhos ya se había desdicho de sus promesas realizadas en Paraná y
Montevideo y en ese momento se oponía a una alianza brasileño-confederada contra Buenos
Aires. No obstante en la primera reunión de los plenipotenciarios se encomendó a Lamas
la preparación de un proyecto en el que se establecieran los términos de la
independencia del Uruguay y a de la Peña un borrador de tratado de alianza (7).
En el bosquejo redactado por de la Peña quedaba claramente establecida
la clase de alianza que la Confederación deseaba para su enfrentamiento con Buenos Aires.
Los tres signatarios se comprometían en una alianza ofensiva-defensiva cuyo objetivo era
integrar Buenos Aires a la Confederación. Paraguay sería invitado a participar de la
alianza. La iniciativa en la guerra la tendría el gobierno de la Confederación, pero
Brasil contribuiría con hombres y con su fuerza naval, y Uruguay también con hombres.
Sin embargo, esta tratativa se vio truncada al enterarse de la Peña de que los que se
suponía eran representantes plenipotenciarios, en realidad sólo tenían instrucciones de
recibir propuestas y comunicarlas a su gobierno (8).
De la Peña recibió a fines de noviembre la orden de dar por terminada
su misión y regresar a su país. Pero como a mediados de diciembre se produjera un cambio
de gabinete en la corte de Brasil y Paranhos fuera nombrado ministro de relaciones
exteriores, de la Peña prolongó su retiro para mantener nuevas conversaciones, que
finalmente lo convencieron de que el nuevo gabinete no albergaba intención alguna de
establecer una alianza. Con todo, el 2 de enero de 1859, de la Peña obtuvo un tratado que
reglamentaba las relaciones de la Confederación y Brasil respecto del Uruguay. Luego,
para disimular su derrota diplomática, el enviado argentino alegó un llamado urgente de
su gobierno y dio por terminada su misión (9).
En el tratado sellado el 2 de enero, los ministros plenipotenciarios de
Brasil, el Estado Oriental y la Confederación Argentina repitieron y reforzaron las
estipulaciones de acuerdos anteriores, acerca del reconocimiento de Uruguay como estado
independiente y la garantía de la neutralidad del territorio oriental por parte del
Imperio y la Confederación. El ministro de la Peña volvió decepcionado: había ido a
buscar la alianza con el Imperio y debió conformarse con la neutralidad del territorio
oriental. Brasil había entretenido hábilmente tanto a los miembros del gobierno de la
Confederación como a sus representantes, en espera de la ratificación de sus
convenciones. Una vez logrado esto, no existía ningún incentivo que lo llevara a
participar en la alianza buscada por el gobierno de Paraná.
Del Carril a Urquiza, 22 de abril de 1858, AGN-AU, citado en J.R. Scobie, op. cit., p. 205.
Ibid., p. 206.
Ibid., p. 210.
De la Peña a Urquiza, 28 de mayo de 1858; Mauá a Urquiza, 10 de junio de 1958, AGN-AU, cit. en ibid., pp. 210-211.
De la Peña a Urquiza, 9, 20 y 23 de agosto de 1858, AGN-AU, cit. en ibid., p. 212.
Christie a Malmesbury, 27 de noviembre de 1858, FO 6, vol. 209, Nº 146, confidencial, cit. en ibid., pp. 212-213.
Ibid,, p. 213.
De la Peña a Urquiza, 7 de noviembre de 1858, proyecto de tratado, 14 de noviembre de 1858, AGN-AU, cit. en ibid., p. 214.
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