Como ya se explicó en un apartado
anterior, Luis de la Peña partió como enviado de la Confederación a Montevideo y Río
de Janeiro en busca de una alianza con Uruguay y el Imperio en contra del Estado de Buenos
Aires. De la Peña llegó a Montevideo en compañíá de Paranhos y éste mantuvo las
expectativas del enviado argentino con sus afirmaciones de que intentaría influir
favorablemente en las altas esferas del gobierno de Río. A su vez, de la Peña intentó
mejorar las relaciones entre Uruguay y Brasil, tensas por el rechazo del Senado uruguayo
al tratado de límites. Sugirió además el envío de una misión oriental a Paraná para
obtener alguna excepción en los aranceles diferenciales (1).
Como se sabe, la misión de la Peña ante el gobierno imperial cuyo
objetivo era lograr una alianza en contra de Buenos Aires no prosperó. Como el regreso
del enviado del gobierno de Paraná con las manos vacías habría sido muy impolítico,
los representantes brasileños aceptaron discutir el tratado sobre el Uruguay. Luego de
varias reuniones, los plenipotenciarios de los tres países firmaron el tratado del 2 de
enero de 1849. Este confirmaba las disposiciones de los pactos anteriores en cuanto al
reconocimiento de la República Oriental como una nación libre e independiente y
garantizaba su integridad y neutralidad bajo la custodia del Imperio y de la
Confederación.
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