Los problemas del presidente Carlos Antonio López con Estados Unidos
comenzaron a raíz de la iniciativa de Edward Hopkins, agente especial norteamericano, de
fundar con apoyo del propio presidente López y capitales norteamericanos una importante
compañía industrial y de navegación. Hopkins fue nombrado más tarde cónsul y logró
que su gobierno enviara en 1852 una misión científica para realizar estudios de
exploración en el Paraguay. Pero la prosperidad de estos emprendimientos provocó la
desconfianza del presidente López, quien empezó a hostilizar a la compañía y a
perseguir a ciudadanos norteamericanos. A Hopkins le fue retirada su autorización
consular y el barco de la misión científica fue baleado y detenido con pérdidas
importantes. Hopkins y otros norteamericanos amenazados lograron escapar de Asunción y
presentaron a su gobierno los reclamos. En diciembre de 1857, el Congreso dio
autorización al presidente Buchanan para que exigiera por las armas las reparaciones que
habían sido denegadas por vía diplomática (1).
En los primeros días de enero de 1859 apareció en el puerto de
Rosario una poderosa flota de guerra norteamericana, con 2400 soldados de desembarco para
operar contra el Paraguay. Ante la magnitud de la expedición, el gobierno de Urquiza
ofreció su mediación. Esta apuntaba a dos objetivos simultáneos: adquirir una positiva
imagen externa como gobierno sostenedor de la paz en el Plata, particularmente entre los
países de Europa y Estados Unidos, y obligar a la gratitud del gobierno paraguayo. Ambos
objetivos en realidad formaban parte de una misma política: ganar aliados en la lucha
contra Buenos Aires (2).
El 10 de enero los norteamericanos James B.Bowlin, representante del
presidente Buchanan que venía a bordo de la escuadra destinada a Paraguay, y Benjamin C.
Yancey, el nuevo ministro ante la Confederación, se reunieron en Paraná con Urquiza, del
Carril y Juan Francisco Seguí, ministro interino de relaciones exteriores. La mediación
ofrecida por Urquiza no fue aceptada pero sí sus buenos oficios. Urquiza propuso entonces
adelantarse al comisionado de Estados Unidos y preparar el clima para un arreglo amistoso.
De esta manera, Urquiza, acompañado de numerosa comitiva, partió el 12 de enero hacia
Asunción. Luego de que Bowlin se hiciera presente también en la capital paraguaya, y al
cabo de algunas negociaciones, el problema entre Paraguay y los Estados Unidos quedó
solucionado y arreglado en un convenio. Urquiza esperaba entonces que el agradecimiento de
López se materializara en ayuda para la lucha contra Buenos Aires (3).
El ministro Tomás Guido, que había integrado la comitiva de Urquiza,
recibió credenciales de ministro plenipotenciario y permaneció en Asunción. Esta
decisión fue consecuencia de la expectativa creada por las conversaciones sobre la
cuestión de límites sostenidas por Urquiza y López. Sin embargo, el 21 de febrero Guido
se despidió del presidente López sin haber conseguido ningún arreglo en el tema de los
límites ni en la concreción de la ayuda paraguaya a la Confederación. López pretendía
vincular las dos cuestiones, poniendo como precio de la asistencia naval a la
Confederación un tratado de límites favorable al Paraguay, lo que Urquiza no estaba
decidido a aceptar (4).
R.J. Cárcano, op. cit., p.415.
Ibid., p. 416.
J.R. Scobie, op. cit., pp. 217-218.
Urquiza a C.A. López, 20 de marzo de 1859, AGN-AU, citado en ibid., p. 218. El ministro Guido tenía instrucciones de sostener el río Paraná como límite de las Misiones, y en la zona chaqueña el río Paraguay, hasta diez leguas más al norte de la desembocadura del Bermejo. El gobierno de Asunción debía comprometerse a favorecer y asegurar la navegación del río Paraguay. R.J. Cárcano, op. cit., p. 416.
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