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La misión de la Peña

Hacia abril de 1859 ya comenzaba a hacerse evidente que el problema de la Confederación con Buenos Aires desembocaría en un enfrentamiento armado. Debido al fracaso de las gestiones de de la Peña ante la Corte brasileña, Urquiza necesitaba concretar las promesas de respaldo militar efectuadas por el gobierno paraguayo. De la Peña, que había sido designado ministro de relaciones exteriores a su regreso de Brasil, fue enviado en misión a Paraguay para continuar las gestiones de Guido. El 18 de abril de 1859 inició sus negociaciones. En un comienzo su gestión pareció tener éxito, al punto que el ministro decía lo siguiente en su comunicación:

Aunque con miedo de engañarme le diré qe el Paraguai desea concurrir al triunfo sobre Buenos-aires; pero quiera aparecer con algo mas qe con sus vapores de transporte. Lo mismo queda comprometido el Paraguai, -dice el Presidente- facilitando sus vapores, qe concurriendo con otros elementos qe tiene, y puede emplear. A estará(n) las conversaciones, es casi ya decidida la concurrencia de los vapores, sin condición (1).

De la Peña pidió seis vapores para el transporte de tropas y armamentos y López ofreció cuatro. El 5 de mayo se firmó el protocolo estableciendo las condiciones para el préstamo de éstos (2). El ministro de la Peña sostuvo incluso que López había recibido bien la solicitud de ayuda adicional, consistente en una división del ejército paraguayo y veinte piezas de artillería. Pero inmediatamente apareció el ya conocido obstáculo.
    López pretendía la firma de un acuerdo de límites, navegación y comercio y una alianza permanente como precio de cualquier cooperación. De la Peña regresó a Paraná el 20 de mayo en busca de nuevas instrucciones (3).
    Cuando de la Peña llegó nuevamente a Asunción el 20 de junio, ya se estaba produciendo la movilización con vistas a la guerra con Buenos Aires. Urquiza deseaba la cooperación paraguaya, y en carta personal a López afirmaba que estaba dispuesto a otorgar concesiones sobre alguno de los límites, ya que ésta había sido una de las causas que provocara la suspensión de las negociaciones. El río Bermejo desemboca en el Paraguay varios kilómetros al norte de la confluencia del último con el Paraná. Paraguay pretendía una completa jurisdicción sobre el río Paraguay y ambas márgenes del Bermejo, por ello López insistía en la posesión por el Paraguay de una franja de territorio de unos cinco kilómetros de ancho al sur del Bermejo (4). No obstante, la situación pronto se volvió adversa a la Confederación debido a las proposiciones porteñas que recibiera López. Este comunicó a Urquiza que no le era posible enviarle los cuatro barcos acordados -muy necesarios en ese momento para transportar tropas a Rosario- mientras no se concluyeran los tratados con de la Peña.
    El plenipotenciario de la Confederación había presentado cuatro proyectos: una copia ligeramente modificada del tratado de comercio y navegación concluido por Guido en 1856; uno de alianza que establecía que la situación de Buenos Aires se consideraba casus foederis, estableciendo el deber de una acción conjunta para reincorporar a Buenos Aires; una alianza ofensiva-defensiva perpetua que protegía la integridad de los respectivos territorios; y un tratado de límites que reproducía el firmado por Derqui y que había sido objeto de rechazo general (5).
    A estos proyectos López contrapuso nuevas exigencias que significaban el fracaso de las negociaciones. Así, el gobierno paraguayo consideraba que la alianza ofensiva y defensiva -clave para el deseo de Urquiza de aplastar la disidencia porteña y una eventual amenaza del Imperio- era una actitud extrema, y la reemplazaba por un compromiso mutuo de bajo perfil, que se limitaba a no permitir el tránsito fluvial y terrestre del enemigo eventual. A la entrega de los barcos de guerra solicitados por la Confederación, el gobierno paraguayo propuso la mediación para resolver pacíficamente el conflicto con Buenos Aires. El mismo presidente López resumió su postura, que decepcionó a de la Peña: a) aplazamiento del tratado de límites hasta discutirlo y resolverlo conjuntamente con Bolivia; b) alianza de acción negativa, para impedir en el propio territorio el tránsito y auxilio de tropas enemigas de la nación aliada; c) aceptación del tratado de comercio y navegación, con exclusión de navegar los ríos a los buques de guerra de la Confederación Argentina; c) negativa absoluta de toda alianza contra Buenos Aires. De la Peña comentó así la posición de López:

No quiere resolver la cuestión de límites; sólo quiere mantener el statu quo;
Domina de hecho todo el Paraguay, y aun el río Paraná, y pretende dominarlos de derecho para asegurar el propio aislamiento;
Desea disponer no sólo de la navegación del Paraguay y Paraná, sino también del Bermejo y Pilcomayo, y la cuestión de límites, por esta causa, será insoluble por negociaciones (6).

Las negociaciones se arrastraron hasta mediados de agosto y finalmente la Confederación debió aceptar el hecho de que no contaría con ningún tipo de ayuda de parte de Paraguay. En realidad López estaba convencido en esos días de que la Confederación estaba derrotada, dado que Buenos Aires dominaba el río Paraná y parecía tener a Urquiza acorralado en Entre Ríos. Sólo quedó pues en pie un ofrecimiento de Paraguay de mediar entre Paraná y Buenos Aires, que luego sería aceptado y llevaría al pacto de Unión. Obviamente Urquiza quedó muy disgustado con los paraguayos por el resultado de las negociaciones.

  1. De la Peña a Del Carril, 19 de abril de 1859, AGN-Archivo de Salvador María del Carril, citado en J.R. Scobie, op. cit., p. 219.

  2. Nota del ministro Vázquez al ministro de la Peña, Asunción, 20 de julio de 1859, manuscrito inédito, citado en R.J. Cárcano, op. cit., p. 418.

  3. De la Peña a Urquiza, 10 de mayo de 1859, AGN-AU, citado en J.R. Scobie, op. cit., p. 219.

  4. Urquiza a C.A. López, 24 de mayo de 1859, AGN-AU, citado en ibid., p. 220.

  5. De la Peña a Urquiza, 4 de julio de 1859, AGN-AU; Fagan a Malmesbury, 22 de julio de 1859, FO 6, vol. 219, Nº 52, confidencial, citados en ibid., p. 220; R.J. Cárcano, op. cit., p. 419; V.D. Sierra, op. cit., tomo X, p. 357.

  6. Nota citada del ministro Vázquez al ministro de la Peña, Asunción, 30 de julio de 1859; informe del ministro de la Peña al ministro García, Paraná, 3 de noviembre de 1859, manuscrito inédito, citados en R.J. Cárcano, op. cit., pp. 420-421.

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