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La situación de impasse entre la Confederación Argentina y Chile. El tratado de amistad, comercio y navegación (1855-1856)

La revolución chilena de 1851 y la anarquía que siguió en la Argentina a la derrota de Rosas en Caseros impusieron a la disputa de límites una obligada suspensión. Pero apenas se consolidó el orden al oriente de los Andes, Antonio Varas, quien había quedado impresionado por los documentos descubiertos por Amunátegui, se propuso utilizar las gestiones pendientes sobre la celebración de un tratado de comercio para reparar los traspiés que los gobiernos chilenos venían dando desde 1822 -éstos hacían referencia al sucesivo desinterés por los territorios patagónicos y magallánicos- y retrotraer los límites de ambos pueblos al uti possidetis de 1810 (1).
    A principios de 1855 la Confederación Argentina designó como encargado de negocios en Chile a Carlos Lamarca, con plenos poderes para negociar y suscribir un tratado de paz, amistad, comercio y navegación. El 30 de agosto de dicho año el representante de Chile, Diego José Benavente, y el enviado argentino firmaron un convenio que fue ratificado por ambos gobiernos el 30 de abril de 1856 (2). La cuestión de límites se incluyó como complemento del artículo XXXIX, que decía lo siguiente:

Ambas partes contratantes reconocen como límites de sus respectivos territorios los que poseían como tales al tiempo de separarse de la dominación española el año 1810 y convienen en aplazar las cuestiones que han podido o pueden suscitarse sobre esta materia, para discutirlas después pacífica y amigablemente sin recurrir jamás a medidas violentas, y en caso de no arribar a un acuerdo, someter la decisión al arbitraje de una nación amiga (3).

Según Encina, la Argentina había obtenido el aplazamiento que deseaba, y Chile había logrado retrotraer sus derechos al estado que tenían en 1810. Quedaba, para el historiador chileno, invalidada legalmente la larga serie de errores e imprevisiones cometidos por su país entre 1822 y 1849 pero no borrado el efecto moral de ellos. En opinión de Vicente Sierra, mantener los límites en la posición que estaban en 1810 significaba señalar que la solución del problema debía hallarse en la legislación española sobre el tema, que era la tesis que defendieran de Angelis, Vélez Sársfield y Rosas, pero justamente esto significaba derivar la cuestión a un terreno sumamente contradictorio. El tratado fue además uno de los primeros en establecer el recurso de arbitraje en Sudamérica.

  1. Francisco A. Encina, La cuestión de límites entre Chile y la Argentina desde la independencia hasta el tratado de 1881, Santiago de Chile, Nascimento, 1959, p. 20. Ver además ibid., pp. 19-22.

  2. Se lo conoce también como "Tratado Lamarca" o "Tratado de 1856", en este caso por la fecha de canje de las ratificaciones legislativas.

  3. V.D. Sierra, op. cit., p. 319. También ver Alfredo H. Rizzo Romano, La cuestión de límites con Chile en el Canal de Beagle, Buenos Aires, Pleamar, 1968, pp. 47-50.

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