La expansión ganadera abarcó prácticamente todo el territorio de la
Confederación aunque con distinto ritmo en las tres regiones que constituían la
estructura económica de la época -Buenos Aires, el Litoral y las provincias interiores-.
Buenos Aires mantuvo su hegemonía como productora pecuaria pese a las serias dificultades
que la guerra con la Confederación provocó en la campaña bonaerense. Estas últimas
incluían las invasiones de emigrados, levantamientos de jefes de campaña, correrías
indígenas favorecidas por el debilitamiento de la vigilancia en las fronteras, y
repetidas levas para el ejército, factores que afectaban las labores rurales y
obstaculizaban la producción (1).
Un tema espinoso de este período fue la supuesta complicidad
urquicista en las depredaciones en la campaña bonaerense llevadas a cabo por indios y
fuerzas invasoras provenientes de las provincias confederadas. Dicho problema debió haber
tenido un alcance relevante pues Buenos Aires lo puso sobre el tapete en cada una de las
frustradas negociaciones que llevó a cabo con las autoridades del gobierno de Paraná.
Incluso dicha provincia estuvo poderosamente interesada en lograr acuerdos de defensa
mutua con el gobierno de la Confederación, más allá de las diferencias políticas que
la separaban de este último.
No obstante el problema de la disminución de los volúmenes de ganado
a raíz de las depredaciones, la prosperidad de este sector de la economía bonaerense era
evidente. El mercado internacional ofrecía buenos precios para los cueros y sebos,
mientras que las lanas sufrían fuertes oscilaciones con cierta tendencia al descenso,
pese a lo cual el ovino constituyó el elemento dinámico del período debido a
características peculiares del sector dedicado a su cría.
Entre las mencionadas características merece destacarse la
nacionalidad de los productores, casi siempre extranjeros y por lo tanto eximidos de las
molestas levas y otras prestaciones debido a la protección de los consulados; la
ubicación de las zonas de cría en áreas menos expuestas a las incursiones de malones
indígenas y cercanas a los puertos de embarque, factor este último que abarataba los
costos de transporte; la alta calidad del producto debido a un acelerado proceso de
mestización que ofrecía mejores oportunidades de comercialización, y un razonable nivel
de organización. La expansión de la producción ovina a pesar de la fluctuación de los
precios internacionales se compensaba así con los excelentes precios del vacuno que
soportaba el problema de depredaciones y levas. Como balance y a pesar de la crisis
política del período, el sector ganadero obtuvo sensibles beneficios, que llevaron
prosperidad a toda la provincia. Los precios en el mercado internacional pueden observarse
en la siguiente tabla:
Tabla 1 (2) |
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Cueros |
Sebo |
Lana sucia |
|
| 1851 | 61/4 | 451/2 | 1841/1852.......1,95 |
| 1852 | 47/8 | 351/2 | |
| 1853 | 71/8 | 461/2 | 1,85 |
| 1854 | 81/4 | 44 | 1,75 |
| 1855 | 83/4 | 501/2 | 1,75 |
| 1856 | 101/2 | 45 | 1,56 |
| 1857 | 141/2 | 591/4 | 1,50 |
| 1858 | 101/2 | 521/2 | 2,12 |
| 1859 | 111/4 | 571/2 | 2,12 |
| 1860 | 121/2 | 521/2 | 2,25 |
Nota aclaratoria: los cueros son secos y tanto estos precios como los del sebo corresponden al mercado de Londres; los de la lana a Amberes. Todos ellos han sido recogidos por Tulio Halperín Donghi, en el primer caso de la publicación London Mercantil e Prize Courant y en el caso de la lana calculados por él mismo a partir de fuentes diversas. |
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Asimismo, el movimiento registrado en el puerto de Buenos Aires entre 1851 y 1861 revela un notable incremento de las exportaciones en los productos ganaderos tradicionales. Dado el cisma entre Buenos Aires y el gobierno de Paraná, la mayor parte de estos productos provenían de la provincia de Buenos Aires. En 1851 los principales artículos exportados por el puerto de Buenos Aires alcanzaban un valor de 10.633.525 pesos fuertes, cifra que aumentó levemente en 1852 y disminuyó en 1853, debido al crecimiento de los embarques por otros puntos de salida provinciales como Ensenada, San Fernando o el Salado. Entre el 1º de noviembre de 1854 y el 31 de octubre de 1862 las cantidades exportadas de los productos tradicionales bonaerenses tuvieron la evolución que se observa en la tabla 2.
Tabla 2 (3) |
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Cerdas |
Cueros secos |
|||
| fardos | bolsas | vaca | potro | |
| 1854-55 | 2.792 1/2 | 1.407 | 905.525 | 21.176 |
| 1855-56 | 2.759 | 1.519 | 800.775 | 28.142 |
| 1856-57 | 3.167 | 2.070 | 968.776 | 51.513 |
| 1857-58 | 2.993 | 1.600 | 1.055.374 | 59.585 |
| 1858-59 | 2.190 | 1.176 | 973.063 | 57.538 |
| 1859-60 | 2.681 | 1.301 | 1.189.709 | 96.152 |
| 1860-61 | 3.209 | 1.044 | 1.071.276 | 48.138 |
| 1861-62 | 2.454 | 1.256 | 1.200.791 | 54.033 |
| Cueros salados | Lana | |||
| vaca | potro | fardos | bolsas | |
| 1854-55 | 394.556 | 146.593 | 28.616 1/2 | 756 |
| 1855-56 | 413.997 | 143.913 | 32.142 | 225 |
| 1856-57 | 440.525 | 227.037 | 37.405 1/2 | 832 |
| 1857-58 | 317.251 | 113.021 | 35.869 3/4 | 765 1/2 |
| 1858-59 | 535.839 | 131.231 | 45.341 1/2 | 974 |
| 1859-60 | 423.421 | 213.888 | 40.064 | 1.659 |
| 1860-61 | 367.074 | 161.411 | 57.969 | 2.586 |
| 1861-62 | 350.500 | 123.095 | 66.795 | 1.829 |
Cueros carnero |
Sebo, grasa de potro |
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| fardos | docenas | pipas | cajones | |
| 1854-55 | 6.382 | 69 3/4 | 15.050 | 7.978 |
| 1855-56 | 6.466 | 52 | 12.866 1/8 | 8.137 |
| 1856-57 | 7.836 | 92 | 12.968 | 9.968 |
| 1857-58 | 8.247 | 3 | 7.297 1/4 | 3.404 |
| 1858-59 | 8.107 | - | 13.002 1/2 | 8.544 |
| 1859-60 | 11.673 | 10 | 10.073 1/8 | 7.931 |
| 1860-61 | 9.419 | 11 1/2 | 16.676 1/2 | 16.267 |
| 1861-62 | 10.579 | - | 13.741 1/2 | 15.233 |
La prosperidad del sector ganadero en la provincia de Buenos Aires
generó efectos multiplicadores en el conjunto de su sociedad. El gobierno porteño
aumentó sus ingresos por medio de las rentas aduaneras, que crecían a la par del
intercambio comercial. También mejoraron su nivel de vida los sectores medios, pues los
que dependían del Estado se beneficiaron con aumentos en su ingreso. Por su parte, los
que estaban fuera de la administración pública resultaban asimismo favorecidos por el
incremento en las oportunidades de trabajo que acompañaba al importante movimiento
comercial. Más allá de la guerra contra la Confederación, la ciudad de Buenos Aires
creció y se europeizó en este período. Se establecieron en la capital porteña una
serie de comodidades, tales como el suministro de gas, las mejoras en el puerto para
servicio de pasajeros, el empedrado de calles, etc., que atraían a los representantes
extranjeros acreditados ante el gobierno de la Confederación y hacían que estos últimos
buscasen excusas para no residir en la incómoda Paraná. El aumento y prosperidad de la
masa consumidora urbana se reflejó en la proliferación de comercios y pequeños talleres
y en la confianza en la situación financiera de la provincia.
El papel moneda emitido por el Estado bonaerense generaba aceptación y
hubo suscripción de empréstitos internos. Por ejemplo, en 1856 el gobierno obtuvo con
sanción de las cámaras, la emisión de 10 millones de los fondos públicos, obtenidos
del banco al 75% y con interés del 6%. Como inequívoco síntoma de la confianza
existente, los capitales privados se ofrecieron para tomar el empréstito a un interés
más favorable que el banco. Otra fuente de recursos eran las tierras públicas (4).
Pero el afianzamiento del sector agropecuario, punto de partida de esta
creciente vitalidad económica de la provincia y su puerto, consolidó a su vez
situaciones socio-económicas que a largo plazo frenarían la posibilidad de mayores
cambios productivos. Por ejemplo, como resultado del enriquecimiento de los sectores altos
dedicados a la explotación ganadera y de la política adoptada por el gobierno
bonaerense, se consolidó la concentración de la propiedad de la tierra, tendencia
reflejada en la poderosa presencia del latifundio. Este régimen de propiedad de la tierra
condicionaría el sistema de explotación agrícolo-ganadero en la provincia y la
estructura de relaciones sociales y económicas que de él se derivaron. No fue nada
casual que frente a la febril actividad colonizadora que el gobierno de la Confederación
llevó a cabo, sólo se produjeran dos ensayos en la provincia de Buenos Aires, Chivilcoy
en 1854 y Baradero en 1856.
El cuadro de situación era el de una provincia ganadera cuya
prosperidad se asentaba en la comodidad financiera del Estado, dueño de los recursos
aduaneros provenientes del puerto, en el ascenso de los sectores medios consumidores y en
el de aquellos rurales vinculados a la cría del ovino; en la expansión del sector
comercial y en el enriquecimiento creciente de los sectores altos vinculados a la
explotación ganadera. El proceso comenzaba a adquirir rasgos definidos: dividido
políticamente, el futuro país marchaba hacia la unificación económica orientada bajo
la batuta de Buenos Aires por imperio de los factores geográficos, históricos y de las
circunstancias internacionales.
Ver Haydée Gorostegui de Torres, La organización nacional, Colección Historia Argentina, vol. 4, Buenos Aires, Paidós, 1987, pp. 42-43.
Tabla 1 citada en ibid., p. 43.
Datos de la Tabla 2 en Haydée Gorostegui de Torres, La República Argentina antes de la inmigración masiva, Buenos Aires, 1963, cit. en ibid., p. 45.
Nota de Parish a Clarendon del 2 de octubre de 1856, en James R. Scobie, La lucha por la consolidación de la nacionalidad argentina, 1852-62, Buenos Aires, 1964, citado en ibid., pp. 45-46.
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