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Las provincias del Interior

Las provincias del Interior habían conocido épocas de esplendor económico durante la etapa colonial, gracias al monopolio comercial español y especialmente a su vinculación con el mercado altoperuano. A partir de la declinación de las minas de Potosí y del Alto Perú en el siglo XVII, la promulgación del libre comercio por los Borbones en el siglo XVIII, la creciente penetración de la inversión británica y el crecimiento de las áreas atlánticas -ya a partir del Virreinato, pero con rasgos más acentuados a partir de 1810-, las economías de las provincias del Interior sufrieron un sensible deterioro. Su producción no podía competir en el mercado interno con los productos importados -particularmente los británicos- No obstante, el Interior se repondría de esta situación de estancamiento a medidados del siglo XIX como consecuencia de la expansión del área del Pacífico.
    La zona andina fue la más directamente favorecida, aunque los beneficios de esta coyuntura llegaron a todas las provincias del Interior (1).
    Chile se convirtió entonces en un buen mercado para los productos del Interior. Sus centros mineros demandaban un número creciente de vacunos para consumo y mulares para transporte, estimulando la producción del Interior, tan alicaída en las décadas anteriores. A la vez, esta expansión ganadera influyó en el sector agrícola, provocando la habilitación de nuevos potreros para descanso de la hacienda antes del cruce de la cordillera de los Andes y la incentivación de la producción de frutas secas y orejones que encontraban mercado en Chile e incluso en California.
    La importancia creciente de la tierra en las provincias del Interior, destinada tanto a la producción ganadera como agrícola, generó, como sucedió en Buenos Aires y el Litoral, un movimiento hacia la concentración de la propiedad. Pero mientras en el Litoral y Buenos Aires este proceso de concentración se dio de manera pacífica, debido a las grandes extensiones disponibles y a la baja densidad de población, en el caso del Interior esta concentración de la tierra provocó fuertes conflictos sociales, pues la tierra era siempre muy escasa en relación con la población. Consecuentemente, no fueron poco frecuentes la venta de fracciones comunales y la expulsión de pueblos indígenas. Asimismo, como corolario de esta problemática social, el Interior sería testigo de la emergencia de caudillos reivindicadores que aglutinaron un número creciente de hombres despojados de sus tierras. Amparado por las autoridades políticas, este proceso de concentración de la tierra sería causa de fuertes resentimientos sociales, los cuales contrastaron con el notable ascenso económico de los sectores altos y medios urbanos vinculados al comercio.

  1. Ver H. Gorostegui de Torres, op. cit., p. 50-53.    

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