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La debilidad financiera del gobierno de la Confederación vis-à-vis el de Buenos Aires

Un aspecto negativo de la economía de la Confederación, que conspiró contra las tentativas de modernización económica ensayadas por el gobierno de Urquiza, era sin lugar a dudas su escasa renta aduanera, que contrastaba notoriamente con la poderosa recaudación de la aduana porteña. Como señala José María Rosa:

La renta que daban las pequeñas aduanas del litoral, los Andes o la quebrada de Humahuaca era mínima. Fuera de los impuestos nacionalizados de Entre Ríos, bastante parcos, la Confederación no contaba más recursos que los préstamos usurarios. (...) No había banco ni oficina de rentas en la Confederación; los sueldos se pagaban con libramientos contra las parvas aduaneras de Rosario y Corrientes a cobrarse cuando se pudiera. Debió recurrirse al crédito y, necesariamente, usurario (...) (1)

Por su parte y como ya se mencionara la Confederación fundó su propio banco en 1853 pero éste debió cerrar a los pocos meses. Los comerciantes británicos se quejaban constantemente respecto de la situación monetaria de la Confederación, lamentando los valores cambiantes y el escaso monto circulante. Vera Blinn Reber menciona el comentario de George White en 1852 respecto de las pérdidas que la situación monetaria de la Confederación causaba al comercio en una carta dirigida a Baring Brothers, que decía lo siguiente:

Esta pobre moneda corriente es en todo sentido una injuria a la comunidad, ya que está basada no sobre una seguridad tangible y tiene sólo un valor ficticio y convencional; las fluctuaciones son enormes y en consecuencia el comercio es reducido al nivel de mera especulación. Este es particularmente el caso de la venta de bienes importados, que son vendidos comúnmente en créditos de largo plazo, de 6 meses y algunas veces más. Una venta puede ser realizada en términos aparentemente favorables, y cuando llega el momento del pago, la variación monetaria es tal que otorga un resultado enteramente diferente al esperado (...) Un remedio es ahora obtenido mediante negociaciones en especie, o equivalente, fijando el cambio en el cual el pago se hará. Este, sin embargo, es sólo un remedio parcial, y en el contexto de cualquier gran fluctuación, los distribuidores y comerciantes no serían capaces de conseguir el dinero suficiente para afrontar los precios estipulados, y requerirían una extensión en el plazo de pago, o mayores descuentos (2).

La creciente inseguridad monetaria y la declinación en los márgenes de beneficio, vinculada a la guerra entre Buenos Aires y la Confederación, y particularmente crónica en el caso de esta última, fue un factor que gravitó indudablemente en la declinación del número de casas mercantiles británicas en el Río de la Plata entre 1852 y 1863, en plena fase de expansión de la economía mundial (3).
    En general, todas las provincias de la Confederación atravesaron una difícil situación financiera (4). La precaria organización del sistema aduanero, los menores volúmenes introducidos y la debilidad de los sectores medios de la Confederación en relación con los de la provincia de Buenos Aires en términos de capacidad de compra -aunque los primeros estuviesen en alza por el desarrollo de actividades agrícolas diversificadas y la cría del ovino en el ámbito rural y por la expansión comercial en las ciudades- fueron factores que marcaron diferencias entre la situación financiera de uno y otro Estado. Vale advertir que la capacidad de compra de productos importados por parte de los sectores medios de la Confederación era mucho menor que la de los de Buenos Aires, capaces de absorber un número creciente de artículos importados -elemento clave de la recaudación aduanera porteña-. Diferencias que el estado bonaerense utilizó más de una vez para decidir a su favor la guerra que emprendía contra las fuerzas de la Confederación.
    El gobierno de Paraná trató de paliar su vulnerabilidad financiera mediante la creación de otros impuestos, tales como la contribución territorial y el impuesto sobre las patentes, pero en los dos casos se procuró no afectar a los sectores rurales más acomodados y sí a los urbanos y comerciales medios y pequeños. Lógicamente, el sistema de recaudación funcionó defectuosamente y este inconveniente llevó a buscar nuevos mecanismos financieros entre los que se destacaron la emisión de moneda y la contratación de empréstitos. En cambio, el recurso de aumentar los impuestos a la exportación no fue utilizado en ningún momento como posible salida, quizás por problemas de competencia en el mercado externo.
    Las autoridades de la Confederación intentaron emular a las porteñas ensayando su propia emisión de billetes sin respaldo metálico, pero, ya a fines de 1854 el intento había fracasado. Sin un movimiento comercial que favoreciera la circulación, sin la tradición que al respecto existía en Buenos Aires y sin el respaldo de rentas que como en la provincia bonaerense sustituían la falta de respaldo metálico, la moneda impresa no fue aceptada y debió ser retirada de circulación.
    Respecto de los empréstitos, como ya se mencionara el gobierno de Paraná autorizó a José de Buschenthal en abril de 1855 y a los banqueros Trouvé-Chauvel y Dubois en septiembre del mismo año para buscar capitales europeos con el fin de financiar proyectos, establecer un banco y cubrir los gastos de la administración. Pero este plan tampoco tuvo éxito. Debido a este nuevo traspié, en mayo de 1856, el gobierno vendió bonos de aduana por valor de 300.000 pesos fuertes al empresario español Esteban Rams y Rubert y recibió el equivalente de 250.000 pesos en moneda boliviana, y en 1857 obtuvo del gobierno brasileño otros 300.000 pesos fuertes, consiguiendo instalar un banco en Rosario, filial del de Mauá, con un capital inicial de 800.000 pesos fuertes. No obstante, la adquisición de estos empréstitos constituían sólo alivios temporarios, pues a largo plazo agravaban los compromisos de una administración que evidenciaba fuertes síntomas de insolvencia financiera.
    Agobiado por un pesado aparato burocrático mantenido para justificar la imagen de un Estado constituido, el gobierno de la Confederación intentó una salida a través de la sanción de la ley de derechos diferenciales, que entró en vigencia a principios de 1857. Esta medida, que intentó atraer el comercio extranjero hacia los puertos de la Confederación para aumentar la recaudación aduanera del gobierno de Paraná, tuvo una serie de resultados contraproducentes durante sus primeros meses de aplicación: la disminución en el número de artículos que ingresaban, la consecuente merma de los ingresos del Estado confederado, los recaudos tomados por las casas importadoras porteñas y la suspensión de derechos a los productos importados establecida en represalia por el gobierno porteño fueron factores que invalidaron de facto la ley de derechos diferenciales.
    Pronto el gobierno de Paraná se vio en la necesidad de complementar esta ley con otra relativa a los derechos de exportación que se rebajaron en un tercio siempre que no se utilizara la intermediación de Buenos Aires y Montevideo. Suspendido este intento en 1859 debido a los acuerdos celebrados con Buenos Aires, en el escaso lapso de su vigencia sus resultados fueron pobres en lo que respecta al saneamiento de las finanzas del Estado confederado. En cambio, la ley de derechos diferenciales cumplió hasta cierto punto con uno de sus objetivos al lograr desviar parte del tráfico internacional hacia Rosario. Si bien esta medida fue pensada para perjudicar a Buenos Aires, o sea, planteada en términos divisionistas, terminó curiosamente favoreciendo la unificación económica con la creación de un segundo centro portuario -Rosario- nexo obligado entre el Interior y el Litoral.
    Una comparación entre los gastos del gobierno de la Confederación y los recursos disponibles basta para mostrar el estado de déficit permanente del gobierno de Paraná:

Tabla 3
Gastos e ingresos del gobierno de la Confederación Argentina

Gastos

Recursos

1855 2.880.445 1.758.463
1856 2.880445 1.758.443
1857 2.877.559 2.222.069
1858 2.877.057 -
1859 2.941.538 2.525.000

En los años 1855 y 1856 alrededor de 1.800.000 pesos se destinaron a gastos de guerra y deuda exigible. Por lo tanto, los saldos para atender las necesidades presupuestarias eran muy reducidos (5).

  1. José María Rosa, Historia Argentina, t. VI, Buenos Aires, Oriente, 1974, p. 138.

  2. B.A./H.C. 4.1.24.4, B.A. 1852, George White to Barings, citado en Vera Blinn Reber, British mercantile houses in Buenos Aires, 1810-1880, Ph.D. dissertation, University of Wisconsin, 1972, pp. 54-55.

  3. Ibid., p. 69.

  4. Ver H. Gorostegui de Torres, op. cit., pp. 53-55.

  5. Datos en ibid., p. 55.

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