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Como corolario al análisis del período 1852-1861, se deben destacar dos factores:

a) El período comprendido entre la caída de Rosas en Caseros (1852) y la derrota de Urquiza en Pavón (1861) demuestra la inexistencia de un Estado nacional argentino. Más bien, es un período de transición caracterizado por la puja de dos Estados: Buenos Aires y la Confederación, que no pueden ser calificados como Estados nacionales en los términos que utiliza Oszlak (1). Buenos Aires no tenía reconocimiento del resto de las provincias; la Confederación sufría la oposición porteña y no integraba un bloque homogéneo ni en términos económicos -por las notorias diferencias regionales y de recursos económicos entre las provincias del Litoral y las del Interior- ni en términos políticos -Urquiza resultaba ser el director provisorio y luego el presidente de un territorio extenso que incluía situaciones provinciales muy heterogéneas, que nunca otorgaron un respaldo suficientemente sólido al vencedor de Caseros-.
    Debido a la complejidad del panorama interprovincial, Urquiza prefirió mantener en los gobiernos provinciales al elenco rosista previo a Caseros antes que incentivar la llegada de elementos liberales. Aunque los últimos resultasen en apariencia más afines ideológicamente al proyecto modernizador de Urquiza, el caudillo entrerriano temía que la introducción de estos cambios generase inestabilidad en las situaciones provinciales. La razón de la decisión urquicista residía en que dicha inestabilidad podía ser eventualmente explotada por la disidencia porteña, dueña de dos armas poderosas con las que el gobierno de Paraná no podía contar en la misma medida: la aduana y una sólida situación financiera. De acuerdo con este planteo, Urquiza decidió intevenir en la política interna de las provincias lo menos posible. Por otra parte, la emergencia de proyectos tales como la República de la Mesopotamia por parte de Urquiza, la República del Plata por parte de Mitre o los Estados Unidos del Plata en el caso del oriental Juan Carlos Gómez demostraban la falta de consenso respecto del problema de la organización político-territorial.

b) La lucha entre Buenos Aires y la Confederación comprendió dos frentes: el interno, en territorio bonaerense o de la Confederación, y el externo. En el primero pesaron como factores condicionantes el poder financiero de Buenos Aires, asentado en su sólida recaudación aduanera, que contrastaba con la debilidad financiera de la Confederación, que la hacía prácticamente inviable aunque ésta poseyese la poderosa caballería entrerriana.
    En el plano de las relaciones externas, se desató una febril actividad diplomática por parte de los dos Estados en pugna, los cuales establecieron como sus respectivos intereses prioritarios el reconocimiento externo y la anulación del Estado rival. Respecto del primer objetivo, son un claro ejemplo las gestiones de Alberdi en Londres, París o Madrid, procurando arrancar el reconocimiento inglés, francés o español, y ganarle por la mano a las gestiones porteñas encabezadas por Thompson, quien procuraba un objetivo similar. Inglaterra, Francia y España, como hemos visto, si bien deseaban la integridad territorial argentina, adoptaron una política de bajo perfil en el enfrentamiento entre los gobiernos de Paraná y Buenos Aires.
Tanto el gobierno de Paraná como el de Buenos Aires procuraron encontrar aliados externos en sus vecinos: el Imperio del Brasil, el Estado Oriental y Paraguay, pero, como señala Cárcano,

Cuando el general Urquiza buscó concursos extraños para reincorporar a Buenos Aires, el gobierno de San Cristóbal se recogió en una neutralidad aparente y cómoda. El Uruguay y Paraguay lo imitaron, obedeciendo a su influjo. Prestaron el auxilio clandestino sin obligarse a condiciones determinadas (2).

  1. Oscar Oszlak, Formación del Estado argentino, Buenos Aires, Ed. de Belgrano, 1982.

  2. Ramón J. Cárcano, "La política internacional en el Plata durante el gobierno de la Confederación.  Tratados y alianzas (1855-1859)", Academia Nacional de la Historia, Ricardo Levene (comp.), Historia de la Nación Argentina (desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862), vol. VIII, Buenos Aires, El Ateneo, 1962, cap. XI, p. 422.

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