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Capítulo 29: La guerra de la Triple Alianza contra Paraguay. Los diferentes enfoques historiográficos acerca de sus causas

Como se ha visto en el capítulo anterior, una década de guerra entre los Estados de Buenos Aires y la Confederación Argentina sucedió a la caída del régimen rosista. Finalmente, la paz pareció establecerse cuando tras su peculiar victoria en la batalla de Pavón sobre las fuerzas de la Confederación al mando de Justo José de Urquiza, el jefe de las fuerzas bonaerenses, Bartolomé Mitre, llegó a ser presidente de la Nación con la capital provisoria en Buenos Aires en octubre de 1862. 
   
Si bien la batalla de Pavón abrió una nueva etapa en la historia argentina, que podríamos llamar de la "Argentina organizada", ya que se trató del período a partir del cual se puede comenzar a hablar de un Estado nacional argentino, dicha batalla constituye todavía un hecho histórico polémico. El historiador revisionista José María Rosa teje una serie de hipótesis al respecto, preguntándose: 

"(...) ¿Qué pasó en Pavón? ... Es un misterio no aclarado. Solamente pueden hacerse conjeturas: que intervino la masonería fallando el pleito a favor de los liberales y sin que Urquiza pagara las costas (....) que Urquiza desconfiaba de Derqui y prefirió arreglarse con Mitre dejando a salvo su persona, su fortuna y su gobierno en Entre Ríos. (1)

"Pavón no es sólo una victoria militar; es un triunfo de la civilización sobre los elementos de guerra de la barbarie", escribió Mitre a su ministro de guerra, Juan Andrés Gelly y Obes, el 22 de diciembre de 1861, poco tiempo después de su inesperado triunfo sobre las fuerzas de la Confederación comandadas por Urquiza. 
   
Por su parte, el británico Pelham Horton Box plantea que Pavón demuestra la imposibilidad de separar las luchas entre las facciones de uno y otro lado del Río de la Plata, idea que se ha planteado en varios capítulos de este libro. Box sostiene que Pavón fue “el triunfo de Buenos Aires bajo la dirección de los sucesores liberales de los viejos unitarios”, y, hasta cierto punto desde el punto de vista internacional “la victoria de los colorados proscriptos sobre sus enemigos de Montevideo, porque mediante dicha batalla los amigos de los Colorados se hicieron dueños de la República Argentina (...)”. Box da ejemplos de esta colaboración entre colorados orientales y liberales porteños, al mencionar que Venancio Flores, jefe colorado, desempeñó un gran papel en la batalla de Cepeda  para evitar el desastre de las fuerzas de Mitre y aseguró el triunfo de éste en Pavón. Por su parte los blancos, inmediatamente después de Pavón, comenzaron a buscar aliados contra el gobierno de Mitre, al que percibieron como enemigo. (2)
   
Resulta asimismo interesante reproducir algunos párrafos de Box que afirman la idea de un  pacto implícito gestado en Pavón entre Urquiza y Mitre, que se concretó luego en el apoyo mutuo en la guerra contra Francisco Solano López, el dueño de los destinos de Paraguay. Para Box, ambos personajes rompieron con la actitud caudillista y facciosa que había caracterizado dramáticamente a la historia argentina y que caracterizó a sus propios colegas políticos. Al reemplazarla por una política de negociación, permitieron la gestación de un orden de alcance "nacional" que se consolidó a partir de 1880. De acuerdo con Box, 

El Urquiza de India Muerta y Vences, el secuaz de Rosas, se había convertido en un estadista nacional en Caseros, y no había cesado de progresar. El gran servicio subsiguiente que prestó a su país, fue implantar la constitución nacional, asestando así, caudillo él mismo, un golpe mortal al caudillaje. Su servicio culminante fue perder la batalla de Pavón y, mediante una derrota que todavía es un misterio, entregar la dirección de la Confederación Argentina a Buenos Aires. No había otra manera de asegurar la unidad nacional ni el desenvolvimiento económico de la Argentina, en que él estaba interesado tanto personal como idealmente. Pero le era imposible escapar a su pasado por completo; los políticos reaccionarios de las provincias esperaban siempre que él fuese el conductor contra sus viejos enemigos, los Unitarios de última hora de Mitre, y él no podía dejarlos a un lado. De ahí la ambigüedad de su situación, ambigüedad que le enajenó la confianza de caudillos como López Jordán y de sus amigos de Asunción y Montevideo, mientras cundían las viejas sospechas con relación a Buenos Aires. La grandeza de Mitre quedó patentizada en su buena voluntad para reconciliarse con Urquiza, en vez de acentuar su antagonismo con él, y Urquiza estaba enteramente dispuesto a convertirse y a avanzar una vez más, de su base provincial en Entre Ríos, hacia la plataforma de una política nacional. (3)

 Cierra Box su análisis de la relación Mitre-Urquiza luego de Pavón diciendo que ambos decidieron unirse ante el enemigo común: Francisco Solano López. Así, la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay constituyó un tema ligado íntimamente al proyecto de organización y consolidación nacional de Mitre. El apoyo de Urquiza a Mitre, abandonando su inicial plan de evitar una guerra contra Solano López, fue un factor que según Box hizo ocupar al ex vencedor de Caseros una posición nacional. (4)
Tanto los historiadores argentinos José María Rosa -desde la vertiente revisionista- como Miguel Angel Scenna y Tulio Halperín Donghi -este último un liberal crítico tanto del liberalismo de la Academia Nacional de la Historia como del revisionismo- plantean como Box la sugestiva idea de un orden post-Pavón, fundado en una alianza implícita entre Urquiza y Mitre. Dicha alianza estuvo caracterizada por una actitud de no beligerancia mutua entre ambos personajes, actitud que provocó airadas protestas en Buenos Aires y en las provincias. De esta manera Mitre alcanzó la presidencia nacional. A su vez, Urquiza quedó a cargo de la gobernación de Entre Ríos y con un rol crucial de garante del orden y de las instituciones mitristas en el Litoral y el resto de las provincias del Interior, como contrapartida de su voluntario retiro del protagonismo político en la escena nacional a favor de Mitre. (5)
No obstante, el período abierto con la presidencia de Mitre fue de paz relativa. La existencia de varios factores no resueltos demostró que a partir de la batalla de Pavón, si bien se iniciaba el período de la organización del Estado nacional argentino, faltaba aún mucho para que éste alcanzara su consolidación. A pesar del impuesto recambio de gobernadores de signo liberal en varias provincias del Litoral y del Interior, la permanencia de caudillos provinciales rebeldes a la autoridad central al frente de montoneras, y la  prolongación del conflicto entre liberales y federales tanto en territorio argentino como en el escenario oriental -donde se involucraron en la pugna entre blancos y colorados- hicieron tambalear el orden gestado en Pavón. 

   
Asimismo, la llamada "cuestión capital", que escindía al liberalismo porteño en nacionalistas -seguidores de Mitre- y autonomistas -liderados por Alsina- fue otro de los elementos de disturbio residual. Dicha cuestión sería recién resuelta con la separación de la ciudad de la provincia al crearse la capital federal en 1880. Por el momento, apenas reunido el Congreso Nacional, Mitre presentó un proyecto para federalizar todo el territorio de la provincia. El proyecto mitrista fue aprobado por el Congreso, pero fue rechazado por la Legislatura provincial, como también la opción de federalizar la ciudad. Finalmente, tras arduas tratativas, se llegó a un arreglo conocido con el nombre de "solución de compromiso" que legalizó la coexistencia de las autoridades nacionales junto a las provinciales. El 1º de octubre de 1862 el Congreso aceptó esta solución y días más tarde Mitre asumió la presidencia.

  1. José María Rosa, La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, p. 67.

  2. Pelham Horton Box, Los orígenes de la Guerra de la Triple Alianza, Buenos Aires-Asunción, Nizza, 1958, p. 86.

  3. Ibid., pp. 248-249.

  4. Ibid., p. 249.

  5. J.M. Rosa, op. cit., pp. 106-107 y 109; Miguel Angel Scenna, Argentina-Brasil: Cuatro siglos de rivalidad, Buenos Aires, La Bastilla, 1975, p. 190; Tulio Halperín Donghi, Una nación para el desierto argentino, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1982, p. 73.

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