El
peculiar orden gestado en Pavón a través de la alianza entre Urquiza y Mitre
contaba con el respaldo otorgado por varios gobiernos liberales en las
provincias. No obstante, el cuadro de las provincias después de Pavón distaba
de ser homogéneo. Ciertos caudillos y gobernadores provinciales resistían la
autoridad del vencedor de Pavón e incluso esperaban un nuevo
"pronunciamiento" de Urquiza, esta vez contra Mitre. Entre estos
caudillos provinciales que desafiaban el orden mitrista estaba el riojano Angel
Vicente Peñaloza, apodado el "Chacho", quien inició desde La Rioja a
principios de 1862 un movimiento contra los liberales que deponían gobernadores
urquicistas.
Dada
la dificultad de vencer a la montonera, que no presentaba batalla abierta, Mitre
decidió negociar -como en los días de Pavón- a despecho de los elementos
intransigentes que desde el liberalismo porteño y provincial deseaban el
exterminio del caudillo, como un jalón en la lucha de la "civilización"
contra la "barbarie", que, entre otros, predicase Domingo Faustino
Sarmiento desde su obra Facundo. Para alivio de Mitre, la paz se firmó
el 30 de mayo en La Banderita, acordándose que el "Chacho" se
encargaría de pacificar La Rioja con la ayuda de su lugarteniente, el teniente
coronel Felipe Varela. Se mantuvo así la calma, aunque sólo por un tiempo. Un año
más tarde, Peñaloza resurgió ante la difícil situación económica de la
provincia que llevaba a sus paisanos a optar por la vida montonera. Las
injusticias sufridas por los habitantes de las provincias a causa de la guerra
civil eran otro aspecto de la situación, expuesto por Peñaloza al presidente
Mitre el 10 de abril de 1863, en los siguientes términos:
Después de la guerra exterminadora no se han cumplido las promesas hechas tantas veces a los hijos de esta desgraciada patria. Los gobernantes se han convertido en verdugos de las provincias, atropellan las propiedades de los vecinos y destierran y mandan matar sin forma de juicio a ciudadanos respetables por haber pertenecido al Partido Federal. (1)
A
diferencia de la actitud negociadora adoptada durante la primera guerra del
"Chacho", Mitre encomendó al más encarnizado enemigo del caudillo
riojano, Domingo Faustino Sarmiento, la "guerra de policía" contra Peñaloza
y sus fuerzas. Sarmiento, gobernador de San Juan y director de la guerra por
nombramiento de Mitre, junto con otros generales mitristas, hostigaron al
Chacho, quien terminó siendo derrotado y asesinado por el coronel mitrista
Irrazábal.
En
síntesis, la tarea a desarrollar por Mitre sería harto compleja: organizar el
Estado Nacional, garantizar la modernización económica, crear los mecanismos
adecuados para el funcionamiento de un país unificado pero no uniformado. Las
luchas facciosas afectaban tanto al liberalismo como al federalismo, amenazando
a sus respectivos jefes, Urquiza y Mitre, quienes buscaron mantener el orden a
cualquier precio. En el particular caso de Mitre, el precio fue el compromiso en
una guerra internacional contra el régimen paraguayo de Francisco Solano López.
En el de Urquiza, se trató de adoptar un rol pasivo respecto de auxiliar a las
montoneras provinciales -que conspiraban contra el orden mitrista- y al
presidente paraguayo. Este rol pasivo de Urquiza implicaba la reafirmación de
la alianza implícita convenida con Mitre en Pavón. Para el presidente
argentino, empujado por los liberales tanto nacionalistas como autonomistas, la
Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay constituyó uno de los instrumentos
adoptados -el más extremo y evidente quizás- en la búsqueda de la consolidación
de un Estado nacional que necesitaba superar la lucha facciosa para concluir
exitosamente este nuevo intento de organización.
NOTA
Carta del "Chacho" Peñaloza al presidente Bartolomé Mitre, 10 de abril de 1863, citada en Haydée Gorostegui de Torres, La organización nacional, Colección Historia Argentina, vol. 4, Buenos Aires, Paidós, 1972, pp. 75-76.
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