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El enfoque revisionista, sobre todo el de José María Rosa, percibe en los esfuerzos armamentistas del régimen paraguayo de Solano López una actitud defensiva ante el expansionismo brasileño. Interés de expansión que en realidad se expresó desde los tiempos de la colonia. Para los revisionistas, el conflicto se debió esencialmente a los manejos combinados de las diplomacias imperial y británica. Esta última, irritada contra un régimen que tenía una economía cerrada que no otorgaba oportunidad a las inversiones ni a la libre navegación, procuró destruir la autosuficiencia paraguaya contando con el brazo armado de la Argentina y Brasil aliados.
   
José María Rosa afirma que los brasileños inicialmente percibieron la Guerra del Paraguay como un conflicto gestado por ellos mismos para coronar su política de hegemonía iniciada en Caseros y aun años antes. Tardíamente reconocieron que la alianza con el gobierno de Mitre gestada en el campamento de Flores en las Puntas del Rosario, el 18 de junio de 1864, fue el factor que movió a las autoridades imperiales a invadir la República Oriental y acarreó la reacción del Paraguay y por consiguiente la desastrosa Guerra de la Triple Alianza. A diferencia del caso brasileño, Rosa opina que las provincias argentinas nunca supieron por qué fueron a la guerra contra López. Los mitristas sí lo sabían. La Guerra de la Triple Alianza constituía un costo aceptable a cambio de destruir las montoneras provinciales y el régimen de Solano López, "el Atila de América", fuerzas que constituían serias amenazas al precario orden mitrista. 
   
Otro investigador, Miguel Angel Scenna, cercano a la línea interpretativa de José María Rosa respecto de las causas de la Guerra de la Triple Alianza, sostiene que Mitre se alió a Brasil de acuerdo con el principio de las "fronteras ideológicas". De la mano de su canciller "probrasileño" Rufino de Elizalde, el gobierno argentino pasaba a ser aliado de un régimen imperial supuestamente liberal aunque esclavista, en contra de un Paraguay "que era nuestro antemural, es cierto, pero que se regía por un régimen autoritario, refractario al liberalismo. (1)
   
Si se enfoca la atención hacia el papel jugado por el Imperio del Brasil desde la óptica revisionista de Rosa, los objetivos de la diplomacia imperial desde los tiempos de la colonia fueron la anexión de la Banda Oriental a su territorio y desde 1811 la desmembración del antiguo Virreinato del Río de la Plata. Según Rosa, al "separatismo" fomentado por Brasil desde 1811, Rosas había respondido con un "separatismo" dentro del Imperio, exteriorizado en sus contactos con la insurrección de los farrapos de Río Grande entre 1835 y 1845 y luego con las agitaciones localistas de diversas partes del Imperio.(2)  
   
Rosa sostiene que hacia 1848 los socialistas brasileños tomaban al gobierno de Rosas como ejemplo de una "república popular sin clases y sin esclavos". La insurrección de los socialistas  praieros de Pernambuco demostró la conexión de sus hombres con Rosas. El choque entre la "estrategia disgregadora interna" de Rosas -que buscó aliados entre los republicanos de Río Grande- y la "estrategia disgregadora externa" del Imperio -que procuró alianzas con elementos antirrosistas o caudillos federales disidentes- se produjo a partir de fines de 1850, cuando las negociaciones encabezadas por el ministro argentino en Río de Janeiro, Tomás Guido, habían fracasado.
   
Según Rosa, la firma de los tratados del 12 de octubre de 1851, que convertían la Banda Oriental prácticamente en un protectorado brasileño, y la batalla de Caseros (febrero de 1852) -que  terminó con el régimen de Rosas percibido como un enemigo mortal para el Imperio por sus contactos con elementos republicanos y por su deseo de "reconstruir el Virreinato del Río de la Plata"- abrieron un período de hegemonía brasileña. El arquitecto de este proyecto hegemónico brasileño había sido Honorio Hermeto Carneiro Leao, jefe del gabinete saquarema o conservador, también llamado marqués de Paraná por su labor decisiva en lograr la alianza con Urquiza para obtener el preciado objetivo de derrocar a Rosas. 
    Carneiro Leao ocupó la jefatura del gabinete en 1853 y murió en 1856. A partir de su muerte se sucedió un período de incertidumbre política (llamada "la sombra del Paraná") que desembocó en la formación del gabinete dos velhos (de los "viejos"), encabezado por el hábil marqués de Olinda -que había estado alejado de la acción política por los manejos de Hermeto-. Olinda tuvo la sagacidad de conseguir el apoyo de los jóvenes luzias o republicanos sin comprometer el respaldo de los conservadores, a través de una sutil combinación de una política de expansión territorial -que entusiasmaba a los primeros- con una que evitase reformas socio-económicas -las cuales implicaban el alejamiento de los conservadores-.
   
La cartera de negocios extranjeros fue ocupada por el marqués de Abrantes, viejo personaje conocido cuyos manejos diplomáticos en Francia e Inglaterra procuraron vanamente, en 1844, la participación brasileña en un posible bloqueo anglofrancés contra el régimen rosista. En la década del 60 Abrantes tendría por bandera la expansión sobre territorio oriental. Primero, reclamó "por la violación de derechos y bienes de los súbditos brasileños residentes en el Estado Oriental". (3)  Después, el 25 de junio de 1861, envió al presidente oriental Bernardo Prudencio Berro -perteneciente al partido blanco- una nota exigiendo inmediatas reparaciones "por los repetidos ultrajes". (4)  Más tarde se movilizaron tropas sobre la línea de frontera. A fines de 1862 imperiales, mitristas y colorados tenían dispuesta la eliminación del partido blanco gobernante en Uruguay. 
   
En abril de 1863, partió la expedición colorada de Venancio Flores, desde Buenos Aires y financiada por Mitre -o al menos, acota Rosa, por los mitristas, si se otorga crédito a sus declaraciones acerca de la "neutralidad" hacia la cuestión oriental efectuados ante el presidente paraguayo Solano López-, y poco después los ejércitos de tierra y mar imperiales cruzaron la frontera. Presionado por los hombres belicosos de Río Grande, el gabinete liberal brasileño iría adoptando paulatinamente posiciones crecientemente intervencionistas, política que llevaría al derrumbe del gobierno blanco. 
   
El enfoque revisionista suma al expansionismo brasileño otro factor causal en la Guerra de la Triple Alianza: el rol jugado por la diplomacia británica. José María Rosa subraya el interés del ministro inglés en Buenos Aires y Asunción, Edward Thornton, respecto de la guerra contra Paraguay en los siguientes términos:

Si Thornton empujó la guerra, no quisieron los ingleses que ésta llegase al extremo de la hecatombe. Una expedición bélica que destruyese las fortificaciones de Humaitá, los altos hornos de Ibicuy, la fundición de Asunción, estableciese un gobierno democrático y abriese Paraguay a las mercaderías de Manchester y al capitalismo británico, bastaba a su propósito. No contaron con el heroísmo de los paraguayos. Cuando las cosas se extremaron en 1867, quisieron los diplomáticos ingleses llegar a una "paz honrosa" con el exilio de Francisco Solano y los correspondientes tratados de amistad, comercio y navegación con Inglaterra. López renunció a salvarse a ese precio.
El Paraguay de López era un escándalo en América. Un país bastándose a sí mismo, que nada traía de Inglaterra y se permitía detener a los hijos de ingleses, como en el caso Canstatt con el pretexto de infringir las leyes del país, debería necesaria y urgentemente ponerse a la altura de la Argentina de Mitre. Como la Home Fleet se veía trabada por los cañones de Humaitá para dar a los paraguayos la consabida lección de urbanidad, quedaba la tarea a cargo de los vecinos. (5)

  1. M.A. Scenna, op. cit., pp. 213-214.

  2. J.M. Rosa, op. cit., p. 24.

  3. Teixeira Soares, Diplomacia do Imperio no Rio da Prata, Río de Janeiro, 1955, p. 226, cit. en ibid., p. 28.

  4. Idem nota anterior, pp. 236-238, cit. en ibid., p. 29.

  5. Ibid., pp. 136-137.

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