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En 1860 llegó a la presidencia del Uruguay Bernardo Berro, militante del partido blanco y partidario de terminar con las luchas que desde hacía décadas se sostenían en la región rioplatense y particularmente en el territorio oriental. En función de este objetivo de pacificación, Berro dictó una amnistía y reincorporó a los colorados excluidos del ejército uruguayo. Pero estos últimos -entre ellos Flores, Sandes, Paunero, Arredondo, Aguilar- tendrían roles protagónicos en el ejército porteño comandado por Mitre, contra la voluntad abstencionista de Berro, quien, fiel a su actitud de moderación, no tomó partido en la guerra de 1861 entre Buenos Aires y la Confederación. También colorados como Juan Carlos Gómez se jugaron a favor del liberalismo mitrista desde la prensa.
   
Una carta escrita después de Pavón por Venancio Flores, jefe de la vanguardia del ejército de Mitre, a éste, el 20 de octubre de 1861, reflejaba claramente los vínculos existentes entre el liberalismo mitrista y los colorados orientales:

Convencido de que el triunfo de Pavón va a asegurar la paz futura de Buenos Aires y su engrandecimiento, como el de toda la República, me tomo la libertad de hacerle un recuerdo, cual es el que no olvide a los orientales que, proscriptos de su patria, desean volver a ella, dándonos participación en los destinos políticos. Pertenezco a un gran círculo de mis amigos políticos para los que tengo que llenar deberes muy sagrados (...)

Mitre contestó a Flores cuatro días después con las siguientes palabras: 

Nada más que usted, en representación de los orientales que nos han ayudado a alcanzar el triunfo, me recuerde en esta ocasión que no olvide a los proscriptos... Usted sabe, general, que mi corazón pertenece a usted y a sus compañeros como amigo, como antiguo compañero de armas y como correligionario político. (1) 

En esta correspondencia mantenida en octubre de 1861 ven Ernesto Quesada y José María Rosa el origen de la invasión de Flores a la Banda Oriental en abril de 1863. No comparte la opinión de ambos autores el historiador paraguayo Efraím Cardozo, quien sostiene que Flores "sólo solicitaba (...) por entonces la intercesión de Mitre ante el gobierno de Montevideo para el retorno de los proscriptos con amplias garantías”. (2) Rosa no está de acuerdo con la postura de Cardozo argumentando que ya existía una amnistía de Berro que cubría las garantías que menciona este último y además Flores pedía "participación en los destinos públicos" que en ese momento sólo podía darse a través de una revolución respaldada desde el exterior, opción que Mitre aceptaba como "correligionario político" de Flores. 
   
El plan de Flores fue claramente expuesto a Mitre en una carta del 11 de diciembre de 1861: la ocupación de Entre Ríos y la eliminación de Urquiza serían pasos previos a la invasión de la República Oriental. Flores ignoraba el acuerdo de Urquiza con Mitre que había dado precisamente como resultado la victoria del último en Pavón. No habiendo hallado prueba documental de la respuesta de Mitre a la "operación Entre Ríos" gestada por Flores, Rosa supone que dicha respuesta fue negativa, pues el oriental fue a Buenos Aires a preparar la invasión a su país. Los preparativos de Flores alarmaron al presidente paraguayo Carlos Antonio López, quien alertó a su colega oriental Berro al respecto. El mandatario uruguayo envió entonces a Octavio Lapido en misión especial a Buenos Aires, donde los preparativos de Flores habían tomado estado público, a tal punto que la prensa mitrista hablaba de la "Cruzada Libertadora" en referencia a los mismos. Lapido entrevistó al presidente Mitre en octubre de 1862, quien le contestó que los preparativos de Flores eran por la guerra contra las montoneras del "Chacho" Peñaloza, y que no era intención de las autoridades argentinas perturbar la paz de la República Oriental.(3)

  1. E. Quesada, La política argentina-paraguaya, cit. en José María Rosa, La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, p. 87.

  2. Efraím Cardozo, Vísperas de la guerra del Paraguay, cit. en ibid., p. 87.

  3. Ibid., p. 89.

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