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El 19 de abril de 1863 Venancio Flores desembarcó con mucho dinero y tres acompañantes en el Rincón de las Gallinas, en la República Oriental, con el aporte de fuerzas llegadas de Corrientes, Rio Grande do Sul y algunos departamentos orientales. Comenzaba así una guerra civil entre blancos y colorados que tendría serias complicaciones, al convertirse en un conflicto donde probaron sus fuerzas la Argentina y Brasil, en apoyo de Flores, y Paraguay, en auxilio del gobierno de Berro. 
    José María Rosa cita tres hipótesis para explicar la invasión de Flores en 1863. La primera, usual en la historiografía liberal argentina tradicional y dada en la época por el diario mitrista La Nación Argentina, dice que Mitre y su grupo no tuvieron parte en la invasión de Flores. Dicho medio de prensa publicó el 12 de abril de 1865 una carta de Flores a Mitre del 16 de marzo de 1863, escrita en Buenos Aires en el momento que Flores se disponía a embarcar rumbo a su patria, carta que según esta postura probaría la oposición de Mitre a la invasión del jefe colorado:

Hoy me entrego a mi destino lanzándome al suelo de la patria para combatir a los déspotas, autores y factores del bárbaro asesinato de Quinteros.
Desde que se negó usted a hacer por la emigración oriental lo menos que a su nombre podía yo exigir -obtener del gobierno de Montevideo la ampliación de la ley de amnistía, y que prestase usted su garantía moral respecto de su cumplimiento-, no quedaba otro remedio que el de recurrir a las armas para conquistar nuestros derechos arrebatados por actos arbitrarios (...). (1)

La segunda hipótesis respecto de la invasión de Flores sostiene que éste obró de acuerdo con Mitre. Para sustentar este aserto, se toman en cuenta los siguientes puntos:
   
a) Flores era general del ejército argentino, como sus acompañantes los coroneles Aguilar y Caravallo y el mayor Arroyo. La solicitud de la baja por los tres primeros a principios de 1862 debió hacer sospechar de sus objetivos.
   
b) Flores y sus compañeros partieron de Buenos Aires a pleno día y no en forma oculta, embarcándose en el buque de guerra Caaguazú de la armada argentina, puesto a su disposición por el ministro de guerra y marina Gelly y Obes, quien además acompañó a los revolucionarios colorados.
   
c) La presencia de una sugestiva carta del cura Ereño, corresponsal de Urquiza, quien escribió a éste el día 24 de abril de 1863 lo siguiente:

El intermedio para arreglar la invasión ha sido el señor Lezama (Juan Gregorio, un fuerte comerciante). El día 15 tuvieron Mitre y Flores su última conferencia en la casa de dicho Lezama para que el 16 partiera Flores, como así tuvo lugar, habiendo recibido de manos de Lezama 6000 onzas de oro por pronta providencia y con ley abierta para librar contra la casa Lezama las cantidades que precisase. (2)

Por último, la tercera hipótesis indicaría que Flores y las autoridades del Imperio del Brasil estaban de acuerdo con los ministros de Mitre, a espaldas de éste. Esta versión fue vertida por un hombre del gobierno argentino, José Mármol, quien, polemizando con Mitre y con Juan Carlos Gómez sobre las causas de la guerra del Paraguay, el 14 de diciembre de 1869 y bajo las iniciales XX decía lo siguiente:

Al presidente Mitre no repugnaba menos la invasión de Flores que a don Pedro II. Pero el presidente Mitre no tuvo cerca de sí sino un solo hombre que alentase su honrado pensamiento de neutralidad (el propio José Mármol), pero este hombre nada podía contra las maniobras de los secretarios de Estado.
La disyuntiva para Mitre era ésta: o pedir a sus cinco ministros la renuncia, destituir a todos los empleados de la Capitanía del Puerto y hacer saber a sus empleados militares que él era el general en jefe de su ejército, y al pueblo de Buenos Aires que el presidente de la República es el encargado de las relaciones exteriores de su país... o cerrar los ojos y dejar que fuese de aquí todo lo necesario para hacer más divertido el metralleo brasileño.
En protección de ese Partido Colorado vinieron los brasileros. Fue ese Partido Colorado quien arrastró a los Elizalde y a los Gelly en el gobierno y a los Lezama, Obligado, Martínez y qué sé yo cuántos otros en el pueblo, a llevar a los elementos oficiales a formar en las filas de la ya establecida alianza entre colorados e imperiales. (3)  

Mármol salió a defender la figura de Mitre ante el cúmulo de acusaciones acerca de la participación del mitrismo que se publicaron en 1869. A partir de esta fecha, José María Rosa sostiene que no quedaban dudas del protagonismo, sino de Mitre, al menos del mitrismo en la invasión de Flores, aun aceptando la hipótesis de Mármol. Con o sin participación directa de su jefe, o dicho en otros términos, ya siendo Mitre cómplice de sus colaboradores en la alianza con los colorados y las autoridades brasileñas en contra del gobierno oriental de Berro, ya siendo Mitre una víctima de los manejos de sus colaboradores, la complicidad del mitrismo en la invasión de Flores era una realidad irrefutable. 
   
Dicha complicidad era incluso sospechada antes de producirse la invasión. En marzo de 1862, el presidente paraguayo Carlos Antonio López advertía al encargado de negocios de la República Oriental, Juan José de Herrera,  y al presidente Berro acerca de la escasa sinceridad de las expresiones de neutralidad del presidente Mitre respecto de la pugna entre blancos y colorados en el Estado Oriental. Vale citar las expresiones del presidente paraguayo -que habría de fallecer en septiembre de dicho año 1862-, vertidas en el informe del representante uruguayo Herrera, citado por el hijo de éste, el historiador Luis Alberto de Herrera: 

Díjome haber oído que había el señor Berro presentado su mensaje (...) aquel documento contenía un párrafo en que el señor Berro declaraba que, creyendo en las protestas de amistad y de respeto del general Mitre, tenía plena confianza y depositaba fe en que ese general no atentaría contra el Estado Oriental ... que a él (a López) le había parecido increíble que el señor Berro tuviera fe en los hombres anarquistas de Buenos Aires, y que esa fe la basara en protestas dadas precisamente por el principal de esos anarquistas (en referencia a Mitre). Que no le creyera nada el señor Berro; que él (López) estaba en situación de poderle dar este consejo de amigo; que los anarquistas dicen una cosa y hacen otra, que ya fue así la vez pasada cuando el desgraciado general Díaz invadió el Estado Oriental ayudado e impulsado por Buenos Aires en medio y simultáneamente de las protestas de Alsina ... que lo mismo habría de volver a suceder cualquier día en que a Mitre le pareciera oportuno; que, naturalmente, Mitre aparecería en desacuerdo con Flores aparentando precisamente que ese desacuerdo es causado por la resistencia de Mitre a coadyuvar pretensiones de invasión del caudillo oriental, pero que todo eso no es más que una estratagema. Que mientras interese a Mitre y a sus aliados entretener con esas promesas falaces a los orientales, así lo harán, pero que era pueril depositar fe en ellos. Que Flores ha de ir al Estado Oriental día más o día menos, y que lo iba a hacer sin decir "allá voy" (estas palabras las dijo S.E. en portugués).

Acota Luis Alberto de Herrera: "Asombra la exactitud del vaticinio (...) La mirada del primer López  penetra hasta el fondo de la tragedia que se prepara (...)" (4) 
   
Justamente estas advertencias de Carlos Antonio López habían estimulado a un presidente Berro inicialmente crédulo en las intenciones neutrales de Mitre a enviar la misión de Octavio Lapido, ante la cual, como sabemos, el presidente argentino argumentó su inocencia en la expedición de Flores.
   
Sin embargo,  la realidad contradecía las palabras de Mitre. En Buenos Aires se había formado un comité de ayuda a la "cruzada libertadora oriental", y el diario porteño Tribuna  apoyaba en su número correspondiente al 25 de abril la causa colorada en los siguientes términos:

Los partidos orientales y los partidos argentinos son idénticos en sus propósitos, los mismos en sus principios, iguales en sus luchas. El Partido Colorado es el partido de la libertad de la República Argentina, como el Partido Blanco es el partido de la tiranía de aquí.

Por su parte, Pastor Obligado, quien había sido gobernador del ex Estado de Buenos Aires, decía en un acto público celebrado el 1º de julio con el objetivo de juntar fondos para la "causa oriental": 

Esta (la causa de Flores) no es causa extranjera. Es el partido unitario en su lucha eterna contra la mazorca, cuyo espíritu transmigró a Montevideo... Lo que deseamos para esos hermanos es la libertad: un triunfo más completo que, como entre nosotros, no deje en pie ni un Chacho ni un Urquiza (...). (5) 

Por su parte, Francisco Solano López, el nuevo presidente de Paraguay, contra la opinión de su padre Carlos Antonio, creía en la inocencia de Mitre.
   
Más allá de la inocencia o culpabilidad de Mitre respecto de la expedición de Flores, lo cierto era que existían vínculos entre ambos peronajes, los cuales se habían manifestado en las batallas de Cepeda y Pavón. Vínculos que el liberalismo argentino tradicional ocultó y que el revisionismo de José María Rosa puso al descubierto en su análisis. Este cita por ejemplo el incidente del 1º de junio de 1863, cuando el buque de guerra oriental Villa del Salto se dirigió a la localidad de Fray Bentos en respuesta a una denuncia de que en un vapor mercantil argentino, llamado también Salto, llegarían sables, municiones y monturas destinadas al ejército revolucionario colorado, con lo cual quedaba en evidencia la existencia de un contrabando de guerra y de la complicidad de los mitristas con la causa de Flores. 
   
No obstante las evidencias de esta complicidad, el ministro de relaciones exteriores argentino, rasgándose las vestiduras, presentó una nota de protesta ante las autoridades orientales. Rufino de Elizalde protestó por "la violencia contraria a todo derecho ejercida por el vapor de guerra oriental contra un paquete comercial argentino", exigiendo además a las autoridades orientales "inmediatas reparaciones, vindicar el ultraje, castigar el delito, acordar las indemnizaciones". Por toda réplica, Herrera, el entonces ministro de relaciones exteriores uruguayo, se limitó a pasar a su colega Elizalde una copia del sumario donde el capitán del buque argentino Salto confesaba que las armas y municiones habían sido embarcadas en Buenos Aires y pertenecían al gobierno argentino. (6) 
   
Aunque los manejos de los mitristas quedaron al descubierto, Mitre y Elizalde insistieron en las "reparaciones" por parte del gobierno uruguayo. Al no obtener respuesta del último, el 22 de junio de 1863 la escuadra mitrista se apoderó del buque de guerra oriental General Artigas que llevaba tropas para reforzar los ejércitos que respondían en el norte del Estado Oriental al presidente Berro. Además de apoderarse del General Artigas, la escuadra mitrista bloqueó la entrada del río Uruguay con el objetivo de cortar las comunicaciones entre Montevideo y los puertos ubicados sobre esta vía fluvial. Bloqueado el Uruguay, y auxiliado Flores por contingentes y armas salidos de Buenos Aires, los días de Berro estaban contados. Finalmente, las fuerzas coloradas vencieron a las de Berro en la batalla de Las Cañas (25 de julio de 1863). 

  1. Efraím Cardozo, Vísperas de la guerra del Paraguay, cit. en ibid., p. 94.

  2. Carta del cura Ereño a Urquiza, 24 de abril de 1863, cit. en Fermín Chávez, Vida y muerte de López Jordán, p. 99, cit. en ibid., p. 96.

  3. Ibid., p. 96.

  4. Luis Alberto de Herrera, La diplomacia oriental en el Paraguay, tomo I, p. 399, y del mismo autor, El drama del 65 (la culpa mitrista), p. 241, cit. en ibid., p. 89.

  5. Ibid., pp. 97-98.

  6. Ibid., pp. 100-101.

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