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El 20 de octubre de 1863 tuvo lugar otro jalón en la complicada historia diplomática que precedió a la Guerra del Paraguay. En esa fecha y en Buenos Aires, se reunieron Andrés Lamas, -entonces encargado de negocios del Uruguay en la Argentina y gestor de los tratados de 1851 que habían convertido al Estado Oriental en un cuasiprotectorado brasileño- (1) y Rufino de Elizalde -ministro de relaciones exteriores del gobierno de Mitre-. Ambos decidieron poner un freno momentáneo a los incidentes generados entre ambos países por la ayuda del mitrismo a la expedición de Venancio Flores y el apresamiento del General Artigas por parte de la escuadra del gobierno argentino. Asimismo, se acordó que un árbitro limaría las futuras diferencias entre ambos países. La influencia de Lamas quedó evidenciada, pues dicho árbitro sería Pedro II del Brasil, partidario del triunfo de Flores en el Uruguay y del retiro del gobierno blanco. Ante estos manejos de su encargado de negocios, el presidente Berro comentó "¿Está acaso loco el señor Lamas?" El canciller Juan José de Herrera intentó modificar la jugada de Lamas, proponiendo en el protocolo la inclusión de Paraguay como árbitro junto al Imperio. Pero Lamas hizo saber que una simple modificación del protocolo firmado sería tomada como una afrenta por parte de las autoridades imperiales. (2)

  1. De acuerdo con el historiador oriental Pivel Devoto, los tratados de 1851 "cercenaban territorialmente a la República (oriental), legalizaban la intervención brasileña, la privaban de aguas limítrofes, la obligaban a enriquecer la industria saladeril riograndense y le imponían la cooperación en el mantenimiento de la esclavitud, contraria a su moral y a sus instituciones (...)". Por su parte, el historiador paraguayo Efraím Cardozo aclara que el gobierno constitucional uruguayo que surgió luego de Caseros (Juan Francisco Giró, candidato del partido blanco, elegido por la asamblea legislativa el 1º de marzo de 1852) "procuró la revisión de los tratados, pero el Imperio amenazó con la guerra y tuvo el apoyo de Urquiza, interesado en ganar la ayuda brasilera para enfrentar a Buenos Aires que se le había insurreccionado. Sólo se consiguió una leve modificación del trazado de fronteras. Lamas consintió cuanto le impuso el Brasil porque creyó que todo precio era pequeño por el gran servicio de salvar a su patria de las garras de Rosas (...).". Ver J. E. Pivel Devoto, Uruguay Independiente, tomo XXI de Historia de América, Barcelona, Salvat, 1949, p. 517, y Efraím Cardozo, El Imperio del Brasil y el Río de la Plata..., op. cit., p. 24.

  2. E. Cardozo, Vísperas..., op. cit., p. 197, cit. en J. M. Rosa, op. cit., p. 120.

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