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El golpe diplomático que implicó la intervención británica a través del diplomático William Dougall Christie, si bien había demorado los preparativos imperiales, exasperó los ánimos de los sectores belicistas en el Imperio y debilitó el gabinete dos velhos. Este fue reemplazado en enero de 1864 por un ministerio liberal con la jefatura de Zacarias Góes e Vasconcelos, el cual  adoptó una línea abiertamente intervencionista respecto de la cuestión del Estado oriental. No obstante, el jefe del nuevo gabinete liberal tenía una posición intermedia entre la tal vez más entusiasta ala izquierda dirigida por Teófilo Ottoni, de Minas Gerais -quien hablaba de Buenos Aires y Montevideo como "los ducados del Plata" que debían ser incorporados al Imperio como un primer paso hacia la unidad sudamericana que debía lograrse bajo Pedro II-, y la más moderada ala derecha que tenía por jefe a José Antonio Saraiva. Mas allá de estos matices, las dos fracciones del liberalismo gobernante estaban de acuerdo en llevar adelante la política de hegemonía continental iniciada por el gabinete conservador anterior en las guerras de 1851 y el triunfo de Caseros. (1)
   
Incluso, el veterano general riograndense Joao Felipe Netto otorgó al gobierno liberal brasileño argumentos adicionales para sostener su política de intervención en la región del Plata. Netto era aliado de Flores. Integrante del ejército colorado con peones y esclavos de sus estancias, Netto encontraba en la guerra oriental un excelente negocio que consistía principalmente en el arreo de vacas de las estancias uruguayas. El veterano general riograndense hizo una seria advertencia al nuevo gabinete: si las autoridades imperiales no ayudaban a Flores, la "cruzada libertadora" gestada por el último podía resultar destruida por los blancos, y esta alternativa implicaba una herida mortal a los intereses económicos de Río Grande. Netto llegó a decir a las autoridades imperiales que si éstas no ayudaban a la revolución gestada por el bando colorado oriental para desplazar a Berro, los riograndenses lo harían, aun a costa de volver a separarse del Imperio. Esta amenaza resultaba altamente significativa, si se tiene en cuenta que precisamente Netto en su juventud había servido a las órdenes de Bento Gonçalves cuando éste proclamara en 1836 la República Independiente de Río Grande, que se mantuvo hasta 1845.
   
La presión de Netto y de los hacendados riograndenses -importante para el revisionismo y poco relevante en el análisis de McLynn acerca de las causas del divorcio brasileño-paraguayo y de la Guerra de la Triple Alianza- rindió el fruto esperado, ya que constituyó un estímulo adicional para que el gabinete de ministros liberales adoptara una actitud intervencionista en el escenario rioplatense. A este factor se sumaban otros: la necesidad de las autoridades imperiales de superar el golpe que implicó el apresamiento de marinos ingleses por parte de la policía brasileña, hecho que provocara las protestas del ministro británico William Dougall Christie; la posibilidad para el Imperio de contrarrestar la amenaza paraguaya a través de la alianza de Mitre y la de Urquiza, para quienes López representaba un desafío al orden fundado en Pavón; y, finalmente, la percepción imperial de que el gobierno de Paraguay no se enfrentaría abiertamente con Brasil, el mitrismo y el florismo unidos.
   
La conjunción de estos factores llevó al gabinete liberal de Vasconcelos a una política intervencionista en el Plata. Como claro ejemplo del alto perfil adoptado por el gabinete liberal, el 14 de marzo de 1864 el ministro de marina brasileño habló en la Cámara, visiblemente aplaudido, de la "necesidad de tener una fuerte flota brasileña en presencia de las condiciones intranquilas del Río de la Plata". (2) En la misma Cámara se oyeron a partir del 5 de abril voces a favor de una intervención armada del Imperio en tierra oriental, resolviéndose enviar un ultimátum que el gobierno blanco no estaría dispuesto a aceptar. El mismo planteaba una serie de medidas de desagravio por parte de la administración Berro, tales como indemnización a los brasileños perjudicados en Uruguay, destitución de los policías, liberación de prisioneros de guerra, etc. Si estas medidas no eran cumplidas, las autoridades imperiales cruzarían por mar y tierra la frontera e invadirían territorio oriental.

  1. E. Cardozo, Vísperas..., op. cit., p. 197, cit. en J. M. Rosa, op. cit., pp. 120-121.

  2. Pelham Horton Box, Los orígenes de la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza, (edición paraguaya), p. 130, cit. en J.M Rosa, op. cit., p. 122.

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